miércoles, 29 de marzo de 2017

El Décimo Arte: La Experiencia Importa

Por Fernando "Retrocabeza" Gil

Todo lo que tengo en mi salón cabría en un disco duro del tamaño de mi mano. Todos los discos, las películas, los videojuegos. Podemos conseguir el catálogo completo de una consola o la discografía de tal grupo en cuestión de minutos, y sin embargo seguimos atesorando los formatos físicos. Este no va a ser el típico artículo en defensa del vinilo o del cartucho. Entiendo la conveniencia de lo digital y del streaming. Acumular objetos es caro, polvoriento, y además un coñazo en las mudanzas. Lo importante es que una obra te llegue, sea en el formato que sea, físico o digital. La obra será la misma, pero la forma en que la experimentes puede cambiar mucho tu percepción. Y de eso os quiero hablar hoy, de experiencias.

Ya que esta es una web de cine, empecemos por ahí. Los amantes de los clásicos nos tenemos que adaptar a los formatos disponibles. Piensa en tu película favorita. A lo mejor la viste por primera vez en televisión, o la alquilaste en el videoclub. La compraste cuando salió en DVD, y quizás te guste tanto que la tengas en LaserDisc aunque no puedas reproducirlo. La puedes ver en el ordenador o en la tablet, tirada en el sofá, si está en Netflix, y si no ya sabes tú dónde buscar, ya... Pero todas esas experiencias no son sino simulaciones de la experiencia que es ir al cine, que es para lo que están hechas las películas. Con suerte podremos ver nuestra peli favorita en la gran pantalla en algún festival, o en una de esas reposiciones que hacen de vez en cuando algunas salas.  En la mayoría de los casos nos tendremos que conformar con nuestra emulación favorita.


Por suerte, en la música o los videojuegos esa experiencia original está al alcance de todos. Es mucho más asequible tener un tocadiscos o una videoconsola en casa que una sala de cine y, como decía antes, hay formatos para todos los gustos. Casi todos los discos que tengo en vinilo los he escuchado antes en mp3. Los compro en vinilo porque me ofrecen una experiencia diferente, aunque la música sea la misma, porque hay algo mágico en una estantería bien ordenada con su colorido, sus diseños, sus tesoros escondidos. En el ordenador todas las carpetas son iguales, y enseguida nos cansamos y cambiamos de disco. No prestamos atención. Nos saturamos.

He descubierto cientos de videojuegos retro gracias a los emuladores, pero nada es comparable a la experiencia de jugar en el hardware original, en una tele de tubo, una Game Boy de verdad. Si estás leyendo esto sabes que la experiencia importa. Te gusta soplar cartuchos, oler los libros, limpiar el polvo de los discos y sentarte en una sala de cine dispuesto para el asombro. Sabemos que en internet no está todo. Por eso guardamos viejos fanzines y cintas de vídeo, porque todas las obras merecen ser preservadas, porque forman parte de nosotros mismos y apreciamos el amor con el que están hechas.  Y además es divertido.



@RetroCabeza
youtube.com/c/Retrocabeza

domingo, 26 de marzo de 2017

Critiquillas: Redención


Por Álvaro Tejero

El Boxeo y sus variantes forman un género cinematográfico propio, y aunque en la realidad cada vez este más arrinconado en la pantalla vive un resurgimiento. Redención (mucho más acertado su original Southpaw que refiere a un término pugilístico) forma parte de este movimiento.

Southpaw sigue los caminos conocidos: auge y caída del boxeador, posterior resurgimiento, vuelta a los orígenes, entorno contaminado, manager codicioso y entrenador veterano...rodeándolo de un potente drama familiar dominado por las mujeres y la completa entrega de Jake Gyllenhaal, Forest Whitaker, Rachel McAdams y la niña Oona Laurence.

Antoine Fucqua siempre domina la forma pero necesita impulso en el fondo que no parecen darle ni el guionista ni los productores. Aun así, se consigue un intenso final que no cede a los recursos más fáciles mientras el sudor y la sangre salpica la cámara y los fans del ring lanzamos ganchos al aire.

NOTA: 7'5


miércoles, 22 de marzo de 2017

Hablando De Comics: JLI Segunda Parte

Por Isaac Moreira

...viene de la primera parte.


ANTES CONOCIDOS COMO LA LIGA DE LA JUSTICIA


La era de la Liga de la Justicia de Keith Giffen y J. M. DeMatteis había pasado, otros autores se hicieron cargo de la JLA con menor o mayor acierto, y con el tiempo volvió a estar formada por los grandes clásicos de la casa: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Aquaman, Green Lantern, J´onn J´onzz… entre otros. Mientras la gran mayoría de los integrantes de la JLI fueron quedando en el limbo de los héroes. No tenían serie propia y solo aparecían esporádicamente como invitados en algún número de otras colecciones.

Sin embargo, la JLI dejó una huella tan grande en los aficionados al cómic que en el 2003 DC le encargó una miniserie de 6 números a Giffen y DeMateis (totalmente desatados) y a un Maguire que había refinado su técnica hasta alcanzar la perfección.

Y volvió el BWA, HA, HA, HA, HA aún más grande que antes. Con los autores liberados de la presión de ser los responsables de las aventuras de La Liga de Justicia, más el hecho de que los personajes no tuvieran colección propia, les otorgó una libertad creativa que supieron aprovechar para alegría de los aficionados. Así nació: Antes conocidos como la Liga de la Justicia.


El primer número comienza con Maxwell Lord, tremendamente aburrido, que quiere rememorar sus días en el negocio de los superhéroes (y de paso ver qué puede sacar con los derecho del nuevo grupo).

Max servirá como hilo conductor haciendo un desternillante repaso de lo que han sido las vidas de cada uno de sus antiguos camaradas:

L-Ron tras años de servir hamburguesas en un Mcdonalds para ganarse el permiso de residencia en la Tierra se ha convertido en un robot sarcástico e irónico que mantiene su intrínseco peloteo (no lo puede evitar, está en su programación).

Blue Beetle vuelve algo más maduro y con problemas de corazón (parece que todas esas pizzas y demás comida basura que se metió durante sus días en la JLI le han pasado factura). Hace tiempo que se ha retirado del negocio de los superhéroes, pero lo que Max quiere, Max lo consigue. Así que Beetle vuelve a enfundarse las mallas sin ninguna gana. Ya tenemos pesimismo y desidia dentro del grupo.

Elongated Man y Sue Dibny tras una larga temporada de vida tranquila y casera, Ralph y su mujer están tan aburridos que aceptan unirse al grupo incluso antes de que se lo ofrezcan.

Fuego durante este tiempo ha estado viviendo de una pagina web en la que vende imágenes suyas en llamas alimentando las fantasías sexuales de los frikis.

Capitán Atom tiene una carrera superheroica en decadencia, con enemigos decadentes y diálogos aún más decadentes lo que hace que no le cueste volver a trabajar para Max. No puede caer más abajo (o eso es lo que él creía).

Booster Gold se dedica a vivir la vida casado con una adinerada señora sexagenaria. Parece que le va muy bien hasta que ve la oportunidad de librarse de su odiosa mujer si se une al grupo. Ay, Booster

Capitán Marvel es uno de los pocos que mantiene la dignidad y declina la oferta de L-Ron para unirse al grupo, ya que recuerda sus días en la JLI como los peores de su historia. Sin embargo, su dulce e inocente hermana, Mary Marvel, decide unirse al grupo (pobre, no sabe lo que le espera).

Todos ellos forman Los Supercolegas. Los héroes de la calle. Baratos, sin ánimo de lucro (¿estando Maxwell Lord de por medio? Ejem, ejem…) y accesibles al ciudadano medio. Así reza su campaña de marketing.  

Reacción de los Supercolegas tras ver el video promocional de Max Lord

Los diálogos son delirantes, inteligentes y graciosísimos. Sus aventuras cada vez más patéticas. Ni siquiera se enfrentan ya a supervillanos. Ellos mismos crean sus propios problemas (algunos heredados de los tiempos de la JLI). Y cuando crees que la cosa ya no puede ir a más, Giffen y DeMatteis le dan otra vuelta de tuerca más absurda todavía. De hecho, a la poderosa y actual Liga de Justicia, no le queda más remedio que ir a supervisar los actos de Los Supercolegas, para vergüenza de J´onn J´onzz, antes de que terminen desencadenando una guerra intergaláctica.

Esta miniserie tuvo tanto éxito que DC les encargó otra más. Giffen, DeMatteis y Maguire, que saben aprovechar las oportunidades nos regalaron otra obra maestra titulada No me puedo creer que no sea la Liga de la Justicia. Esta vez con apariciones de más energúmenos procedentes de la JLI como Guy Gardner (nuestro Green Lantern menos-favorito), Power Girl o Hielo.

 
Los autores, en plena forma y disfrutando de lo lindo con su trabajo, demostraron que habían vuelto para quedarse, pero algo estaba ocurriendo en los despachos de los jefazos de DC. Se avecinaba una crisis que arruinaría los planes de Giffen y compañía. Tiempos oscuros se cernían sobre el  universo DC que impactarían de lleno en algunos de los protagonistas de Los Supercolegas  y todo cambiaría para siempre.


lunes, 20 de marzo de 2017

Crítica: Paterson

Por Paco Latorre


Hay entre mis amigos y contactos de Facebook -que no son lo mismo en ocasiones- una retranca con el hecho de que todas las mañanas anuncie que estoy en un bar. La razón es que al no tener internet en casa necesito usar su wifi para trabajar y es condición necesaria registrar la visita para ello (aparte de que el sitio me encante y me traten como a un buen gallo). De ahí me voy a seguir trabajando esta vez con contacto humano, vuelvo a casa, como, hago una pequeña siesta, me voy a trabajar de nuevo y luego dejo la parte de improvisación y sorpresa a la rutina estructural -que no emocional- de tomarme con quien pueda unas cervezas. Luego llega la noche y ahí sopla el viento en las copas de los árboles.

No es secreto para mis allegados -o sí, porque pocas veces me preguntan por estas cosas- que Jim Jarmusch es uno de mis héroes. Sólo hay dos películas suyas que no me han gustado -Flores rotas, Coffee and cigarettes- y le perdono los ramalazos hipsters -de nuevo Coffe and cigarettes, Sólo los amantes sobreviven- y hasta que salgan Óscar Jaenada y Gael García Bernal en una de sus películas.

Creo que poca gente tiene un gusto tan grande para elegir actores, escenarios, historias y desintoxicar del retruécano que muchas veces el cine conlleva. No voy a llamar a Jarmusch humanista, porque eso me recuerda a Ken Loach y a yo las pelis de ese señor ni con un palo que para algo soy trabajador social y cuando  voy al cine quiero cine y no realidad. Me he pasado media vida soñando y fantaseando gracias a las películas y a Jarmusch le debo unos cuantos paseos, aunque su cine sea tan material apriorístico poco dado a la ensoñación por su sencillez. Pero jamás concederé que sus películas no son alimento para ello. He querido ser pelis de Jim Jarmusch y vivir en ellas, y va y resulta que con Paterson hace una película para ser yo. Porque me da la gana,  vaya por delante.


Paterson son siete días en la rutina de Paterson, un conductor de autobús que hace más o menos todos los días lo mismo en maravillosos rituales cotidianos. Mientras escribe poemas inspirado en las cosas más mundanas. Paterson son siete días en la ciudad de Paterson que también se llama Paterson. Un dualismo quizás no sutil pero sí encantador que contradice a los que dicen que el cine de Jarmusch no se sueña. Parece que no pase nada, pero sí que pasa, porque Paterson quiere que pase. Lo mismo que quiero yo y tantos otros a los que no les gusta viajar, que reducen el mundo a llevarse bien con su inalterable realidad pero sin renunciar a interpretarlo y embellecerlo. Es una película hecha para los que no necesitamos irnos a la otra parte del mundo para buscar váyase usted a saber qué en nombre de sacarle jugo a la vida porque hay demasiadas cosas que observar en el doble filo del aburrimiento cotidiano. Para fans del dualismo que saben conjurarlo para que sea una sola cosa.  La mejor película de 2016 de lejos.

Nota: 9

jueves, 16 de marzo de 2017

Fuera De Serie: Las Cuatro Estaciones de las Chicas Gilmore

Por Álvaro Tejero

¿Calculado operación comercial de nostalgia o final digno para una serie que nunca tuvo el adecuado? Ambas cosas y ninguna, ya que Netflix parece tener decidido realizar nuevos episodios de Lorelai y Rory Gilmore tras los buenos resultados cosechados.

Las Chicas Gilmore tuvo la buena o mala suerte de nacer demasiado pronto, con la llegada de esta edad de oro televisiva que coincidió con el cambio de milenio. Se convirtió en una serie de culto, sí, pero sin tener la suerte de contar con una de las marcas de calidad detrás. No contaba con HBO ni pudo valerse del tirón de las redes sociales actuales. Por ejemplo, verla en nuestro país en aquellos momentos era una odisea con los cambios de emisión que sufrió por parte de La2. Problemas de la creadora con la productora resultaron en una última temporada sin su presencia. De ahí la expectación que siempre ha existido entre los fans de la serie por un regreso de las Gilmore en el formato que fuese.

Ha sido una muerte, junto a la resucitadora oficial Netflix, la que finalmente a facilitado la vuelta a la vida de Las Chicas Gilmore. El fallecimiento en la vida real del actor que interpretaba al inolvidable abuelo Richard Gilmore (Edward Herrmann) sirve como excusa-homenaje para revivir la vida del ficticio pueblo de Stars Hollow. Aunque siga siendo una presencia constante las mujeres Gilmore ahora están solas, han perdido su ancla. Emily Gilmore, en su viudedad, sufre su ausencia de manera más evidente y deja varios de los mejores momentos de este regreso; pero quien de verdad se encuentra absolutamente perdida en la vida es Rory, que terminará encontrando su camino acercándose a lo que siempre ha querido mantener alejado. Y es Lorelai la que ahora debe tomar definitivamente el liderazgo de la familia, la única que cuenta con un soporte masculino real (el hombre de la gorra, Luke), hacer de madre, hija y abuela en un círculo que se repite.


Este regreso en formato de cuatro capítulos de una hora y media cada uno que se asemejan con cada una de las estaciones del año permiten a su creadora disponer del tiempo necesario para construir su historia, sin prisas, con un mayor nivel de producción. Pero Las Chicas Gilmore sigue siendo una serie de Amy Sherman-Palladino con todo lo que ello conlleva. Con su universo propio, reconocible e inimitable. Lo tomas o lo dejas, no hay término medio. Como las series de Aaron Sorkin o el Bryan Fuller de Pushing Daisies. No se les puede reprochar falta de realismo o quejarse de la desbordante inteligencia cada vez que sus personajes abren la boca. Solo ellos son capaces de tal velocidad e ingenio en cada diálogo. En Las Chicas Gilmore sabemos que cada escena va a culminar en una interminable conversación que te deja sin aliento, que un saludo es el pistoletazo de salida para un continuo juego de replica y contrarréplica a cada cual más brillante, que es capaz de combinar chistes sobre Uber con referencias sobre Dickens, que tendremos números musicales (aparición estelar de Sutton Foster, protagonista de la anterior serie de Sherman-Palladino, la maravillosa Bunheads y para el que escribe su favorita de la creadora) y se bordeará o incluso caerá en el ridículo antes de cada momento deslumbrante. Y sabemos que al final nos ganará con su arrollador encanto arropándonos con sus entrañables personajes.

Las 4 Estaciones de las Chicas Gilmore
funciona tanto para fans acérrimos como para espectadores más casuales. Al principio podemos pensar que se está forzando un poco las apariciones de los personajes que esperamos para al final volvernos locos con la breve llegada de Melissa "Sookie" McCarthy. Y al llegar el final querremos que empiece un nuevo día en la vida de las Gilmore. Como si fuéramos los Bill Murray de Stars Hollow.

Nota: 9

miércoles, 8 de marzo de 2017

Critiquillas: Life Animated


Por Álvaro Tejero

Autismo y películas animadas de Disney. Life, Animated, que cuenta la historia de Owen Suskind y su familia tras ser diagnosticado autista con apenas tres años y la importancia de Aladdin o El Rey León para su mejora, lo tenía todo para triunfar en los pasados premios Oscar. Otra cosa es que lo mereciera (El ganador fue el majestuoso y sobresaliente O.J. Made in America).

El documental de Roger Ross Williams contaba con una importante carrera de premios ganados detrás. Sin embargo, el documental posee dos mitades bien diferenciadas: una primera que golpea al espectador, llena de emoción y que viaja por los primeros años de Owen, mostrando el significado para la familia y lo poco que sabía y sabe del autismo. La segunda cae en la rutina, la falta de interés y la ausencia de recursos del director centrándose en la vida de Owen en la actualidad, ya con 23 años e independizándose. Y lo que es su mayor fallo, dejando una sensación de artificialidad en bastantes escenas.

Nota: 6



miércoles, 1 de marzo de 2017

Crítica: T2 Trainspotting

Por Iván Fanlo


Aaaaaains (léase como un suspiro), el paso del tiempo. Dicen que el paso del tiempo nos pone a todos en nuestro lugar, que el tiempo lo cura todo, el tiempo es relativo, que no es el tiempo lo que pasa, pasamos todos nosotros. Pero sobre todo, el tiempo te deja mirar las cosas con perspectiva. La perspectiva de un adolescente de 16 años (el que por aquí escribe) al que le voló la cabeza, como a muchos de vosotros, el estreno de Trainspotting allá por 1996. Una cinta refrescante, dura, divertida, triste, adictiva, con una bso perfecta, grandes actuaciones, sucia, en muchos aspectos transgresora, con un montaje alucinado... todo un oasis dentro del muchas veces denostado cine de los noventa. Trainspotting era un film que se quedaba ahí para mirarte a los ojos y hablarte de tú a tú. Una película generacional, el Drugstore cowboy de los 90.

20 años después se anunciaba el regreso de Renton y sus amigos ante la sensación generalizada de que podía salir algo realmente bueno: Irvine Welsh ya tenía una continuación publicada (Porno), Danny Boyle y John Hodge repetían en la dirección y el guión respectivamente, todos los actores volvían a sus míticos papeles... Si, todo tenía mucho sentido.

Así es como el mismo día del estreno elegí un cine, elegí un horario y elegí una bolsa de palomitas "grande que te cagas", dispuesto a descubrir si tenía sentido o  no esta secuela de Trainspotting.


Una vez digerida y asimilada, lo primero que puedo decir sobre ella es que parece una pelí demasiado "facilona". Boyle y Hodge se han quedado en una zona de confort donde prima la saturación nostálgica sobre las ganas de contar algo nuevo. Un error que se refleja en varias escenas-guiño a la primera película. El director apunta al espectador sin ningún tipo de escrúpulos: "¿Te acuerdas lo que moló la primera parte?" mientras escuchas Underworld de fondo. Esto funciona una o dos veces, pero  taaantas agota. Incluso ese Edimburgo limpio y luminoso, en el que apenas llueve, parece sacado de un musical buenrollero.

Lo peor es cuando esta dulcificación se contagia a los protagonistas (salvando a Spud), llegando a  parecer una versión soft de los que ya conocíamos. Unos personajes que en realidad poco han cambiado con el paso de los años  y que no terminan de explotarse. Si nos dijeran que todo pasa dos meses después del plano final del primer Trainspotting nos lo creeríamos. Y si por el contrario se pretende enfrentar el mundo actual a unos personajes que no han sabido evolucionar, se fracasa en el intento.

Por no acertar, no lo han hecho ni con la música. Ninguna de las canciones que escuchamos nos harán volver corriendo a casa a descargarnos la banda sonora. Tan solo algún momento aislado, como esa acelerada versión de Prodigy de la ya icónica Lust for life. Más nostalgia y seguimos para bingo...


Pero no se crean que todo va a ser malo. Si el abuso de la nostalgia es uno de los problemas de la película, en muchos momentos también es uno de los aciertos. El film entretiene porque es como a salir de cervezas con esos amigos que hace años que no has visto. Todo el equipo quiere a sus personajes y eso se nota. Se contagia.

Trainspotting 2 tiene momentos hilarantes (atentos a esa canción en el pub), momentos tristes, conmovedores, pero sobre todo  tiene a Spud, quien toma las riendas del film y acaba siendo el personaje mejor desarrollado. Nos emocionamos con él, nos reímos y sufrimos y vemos su continua evolución. Gran trabajo de guión y de Ewen Bremmer.

El paso del tiempo nos cambia como espectadores y como creadores. Danny Boyle y Ewan McGregor ya no son esos jóvenes con ganas de comerse el mundo. Uno tiene un oscar en su cuarto de baño y otro es una estrella consagrada. Puede que ambos necesitaran poner en perspectiva su carrera y dar las gracias a unos personajes que cambiaron sus vidas para siempre. Quizá nosotros tan sólo debemos sentarnos y disfrutar.

Gracias por la fiesta y por habernos invitado.


NOTA: 6