martes, 15 de mayo de 2012

Crítica: La chispa de la vida


Por Iván Fanlo





Alex de la Iglesia siempre ha sido uno de mis directores españoles preferidos. Sus películas, tanto por temática como por forma de rodar, me han parecido un oasis dentro del, muchas veces triste, panorama cinematográfico español.
Muy a pesar mío, creo que la carrera del director vasco ha empezado a rodar cuesta abajo. En Los crímenes de Oxford podíamos ver una falta total de autoría, Balada triste de trompeta fue un experimento fallido que gustó a pocos, pero su última película deja a sus seguidores un poco lejos de recobrar la confianza depositada en el durante años.

La chispa de la vida es una burda crítica a la sociedad y a los medios de comunicación, en la que la originalidad y el buen acabado final brillan por su ausencia. No es que de la Iglesia haya sido la panacea del buen gusto y la perfección, pero casi todos sus films, con sus fallos, destilaban una sensación de intentar mostrar cosas distintas y hacerlo de una forma original. Aquí el guión es tan infantil y predecible, que hace daño escuchar muchos de sus diálogos y dan ganas de quitarse los ojos antes situaciones tan ridículas y desesperantes.
Como nota curiosa, decir que el guionista de la película española es Randy Feldman. El estadounidense ha escrito cosas como Tango y Cash, El negociador o el decente y poco conocido psychothriller ochentero, Noche infernal. Las malas lenguas dicen que Alex de la Iglesia retocó mucho su guión y es el culpable de echar por tierra una buena idea.

La gran cantidad de personajes, todos ellos arquetipos y muy poco desarrollados, hacen que el metraje se convierta en un intento fallido de película coral. Una verdadera lástima ver tal cantidad de buenos actores, sobre todo el plantel de secundarios, perdidos en la pantalla.
Aunque se puede ver la gran labor que hace José Mota por tomarse su personaje en serio, no creo que la elección para llevar el peso de la película haya sido la acertada. Aún así, está mucho mejor que un desesperante Juan Luís Galiardo, convertido ya en una caricatura de si mismo, Fernando Tejero y su ridículo acento no-andaluz o el siempre insoportable Eduardo Casanova. Todos ellos hacen que hasta Salma Hayek esté más que decente.
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Mi consejo, si respetáis un poco el trabajo de Alex de la Iglesia, no veáis La chispa de la vida. Solo espero que el proyecto de Las brujas de Zagarramurdi siga adelante y pierdan más tiempo en hacerlo que este atropellado film.

No voy a cerrar esta crítica quedándome con las ganas de hacer el chiste: esta película tiene de todo menos chispa (¡festival del humor!)

Nota: 4/10

Fuentes: Filmaffinity

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