sábado, 29 de septiembre de 2012

Crítica: Cristal Oscuro

Por Ivanckaroo Banzai






“Gelflings, skeksis, todos quieren ser los campeoooones”



El 17 de diciembre se cumplirá el 30 aniversario del estreno de una de esas películas que muy merecidamente se consideran generacionales, entendiéndose como tal aquellas que aun con el paso del tiempo siguen recordándose como ejemplo de buen cine, que deja huella en el espectador que salía de la sala soñando despierto con poder estar aunque fuera media hora más en ese mundo tras la pantalla; y por encima de todo formula la frase “ya no se hacen pelis como estas”. Para que me entiendan: lo que nunca será Avatar.


 

En un mundo fantástico lleno de seres extraños, no hay mago del calabozo pero sí unos bichos abuitrados muy feos llamados skeksis que controlan el cristal oscuro del título; objeto ultrapoderoso cuyo control les hace dominar la tierra con mucho despotismo. El protagonista, un humanoide de nombre Jen, es el único superviviente del holocausto que ha padecido su especie a manos del los barrocos skeksis, ya que existe la profecía de que un miembro de su pueblo pondrá fin a la tiranía y restaurará el equilibrio en La Fuerza. Criado por otra raza de criaturas, los místicos,  con pinta de ser muy zen y muy zánganos ya por el nombre, comienza su aventura para recuperar un fragmento perdido del dichoso cristal y cumplir la profecía.

Siendo un producto de Jim Henson, creador de los teleñecos o los Fraggle, y Frank Oz (habitual director y actor de voz de productos similares) uno no puedo obtener otra cosa que muñecos y marionetas. ¡Pero qué muñecos! ¡Y qué marionetas! El diseño de producción es brillante a la par que un derroche de imaginación en cada detalle teniendo en pantalla ese regusto que deja la comida en casa de la abuela; cada plano es una muestra de buen hacer y cariño hacia lo que se está rodando. Aún de gomaespuma y peluche, les puedo garantizar que el mundo de Cristal Oscuro desprende vida; aquí incluso las piedras se mueven solas. Por mucho que hayan evolucionado los efectos digitales es imposible reproducir la calidad de un buen trabajo de animatrónica, vestuario o maquillaje; lo físico es más real que lo virtual; esto es así.

Habrá quien les diga que a los muñecos se les ven los hilos o que se nota que los mueve una mano que tienen metida por la gatera. No les hagan caso. Ya quisiera Keanu Reeves interpretar la muerte del emperador de los skeksis (al principio de la peli, no se asusten si aún no la han visto) la mitad de bien, y dudo que incluso Meryl Streep pudiera igualar la tristeza del personaje de Keera.




Si bien la historia trata sobre la eterna lucha entre el bien y el mal, el sacrificio y cosas que ya se leían hace muchos siglos, la película no terminó de despegar en su época al resultar muy compleja y en ocasiones siniestra para el público infantil al que iba dirigida. La trama avanza sin pausa y sin poder apartar la vista de la pantalla para ver el reloj ante la magia visual y los devenires de unos personajes perfectamente construidos a base de guión. Clásico, trabajado y rotundo guión.



Un clasicazo de la ciencia ficción y la fantasía y además película de culto, todo en uno, señora.


Nota: 9

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