viernes, 2 de noviembre de 2012

Crítica: Terroríficamente muertos

Por Ivanckaroo Banzai





¡Poseso! Pos eso mismo


Cinco años después de Evil Dead, Sam Raimi lograría lo que nadie ha conseguido hasta la fecha. Hacer una secuela, remake, reboot y parodia de su propia obra todo en uno. Tan artesanal como su predecesora, pero con algo más de todo; más presupuesto, más sirope de caramelo, más cromas, más maquetas, más caretas de goma... incide, esta vez de verdad, en el sentido del humor que se barruntaba en la primera Evil Dead, más por el absurdo y el cutrerío que empapaba la cinta que por estar hecha así adrede. 

Se puede decir que Raimi es un visionario precisamente porque supo ver de qué pie cogeaba y cuáles eran las virtudes de su debut en la gran pantalla y rehacerla; alicatada, barnizada y con grifería de oro. Ese oro está en su manejo de la cámara, que marearía en otros terrenos pero que aquí encaja como un guante. Fíjense por ejemplo en ese barrido con plano subjetivo de persecución a Ash; es increíble que un chamizo diminuto parezca un laberinto infinito y eso que la secuencia transcurre a toda velocidad. 

Lo primero que uno piensa al terminar de ver Evil Dead 2 es olvidarla... para poder disfrutar de ella una vez más. La experiencia de su visionado es inenarrable; cada uno de los tres actos es un género diferente mezclado con mucho ácido, pero no del que se usa en las baterías de coches sino del que tomaban los hippies.

Se acordarán de la primera vez que la vean, creánme. Yo lo hago; estaba en un sofá con las piernas apoyadas en un amigote tirado en el suelo durmiendo la mona. Pero vayamos al tema...

Ashley (Bruce Campbell) es un joven de nombre sonrojante que lleva a su novia a pasar un fin de semana romántico ocupando, por la cara, una siniestra choza del siniestro bosque de Tennessee que etcétera, etcétera. Por casualidades de la vida despierta a un mal primigenio que tal y cual. 

Desmenucemos.




El primer acto es una peli de gore al uso, descuartizamientos, sangre a chorros, protagonista al borde de la demencia y escenas descacharrantes con slapstick incluído. Es en este primer acto donde reside lo mejor de Terroríficamente Muertos y donde uno se da cuenta del papelón que está haciendo un Bruce Campbell totalmente desatado que  lleva el peso de la película gesticulando y poniendo caretos. Sé que a algunos de ustedes les parecerá que sobreactúa tanto que parece que Jim Carrey le haya poseído en vez del ente maligno. No se engañen y fíjense a su alrededor: los tíos miran de reojo y arquean las cejas al pasar una chica con minifalda cerca y a las madres se les hincha la vena de la frente cuando el niño no calla. La cara tiene muchos músculos. Imagínense lo que se moverían los suyos de estar en la piel de Ash. Tal es así que es difícil emitir un quejido cuando comienza el segundo acto con personajes que se incorporan a la trama. ¡Que se mueran ya y dejen a Ash sólo!

El segundo acto deja atrás el gore como género, aunque siga habiendo sangre de pega, y entra de lleno en el "survival horror". Los personajes son mera carne de cañón salvo la comparsa que ayuda al prota y el paleto que está empeñado en que los maten a todos; papeles standard que solventan los actores sin mayor problema ya que tampoco se les exige mucho más que gritar y caer al suelo.

El tercer acto deja al espectador rascándose la patilla preguntándose si falta metraje o se ha vuelto loco. Terroríficamente Muertos se convierte... en una peli de superhéroes. Como lo oyen. Está la escena en que Iron Man se pone la armadura, la escena en que salva a la chica, Bruce Campbell limitándose a fruncir el ceño totalmente dueño de la situación,  one-liners al malo haciendo macarradas con la escopeta... En resumidas cuentas Raimi nos prepara para el género de la secuela: El ejército de las Tinieblas.


Divertidísima e inolvidable sobre todo en su primera mitad. De las obligatorias. 


Nota: 9





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