martes, 22 de enero de 2013

Crítica: Mad Max 2, El Guerrero De La Carretera

Por Ivanckaroo Banzai




Precausión amigo conductor, la senda es peligrosa


Pocas cosas hay más falsas que un guión de Damon Lindelof. Una de ellas es que no se puede mezclar tequila con cola; otra es que segundas partes nunca fueron buenas. Ahí tenemos por ejemplo el caso de Evil Dead 2, El Imperio Contraataca, La Familia Addams 2, X-Men 2, Spiderman 2 o Terminator 2. Por supuesto siempre encontraremos casos como Brácula: Condemor 2 como mantra de los anti-secuelas para demostrar que hay segundas partes que pueden ser tan malas o incluso peores que la primera. Mad Max 2 es de las buenas.




Han pasado cosas desde el fin de la primera Mad Max al inicio de la secuela. Tantas que un narrador en off nos las tiene que contar a modo introductorio al estilo de “El nombre de la Rosa” o “Conan”. Hace muuuuchos muchos años… ya saben, la épica y tal. Pues bien, el mundo distópico de Mad Max tal y como lo conocíamos ya no existe por culpa de una guerra global por los recursos naturales que ha convertido el planeta en un erial. Max Rockatansky (Mel Gibson) ha sobrevivido al desastre, seguramente porque ya estaba acostumbrado a los paisajes desérticos desde la precuela, y va sin rumbo por una carretera recta hasta donde alcanza la vista y sin un sólo radar; de haber sido rodada en España en vez de en Australia, otro gallo les habría cantado.
En este nuevo mundo el bien más preciado es la gasolina y el bueno de Max se acaba topando con una fortaleza-refinería cuyos habitantes son acosados por una banda de piratas de tierra ataviados como adolescentes que no terminan de decidirse sobre si quieren ser punkys, blackmetaleros o hinchas de los Green Bay Packers. El líder de este circo es el gran Claudio Rodríguez con el cuerpo de Humongous, y tiene tan en jaque a los pobres refinadores que estos piden ayuda a Max para que abra las aguas del Mar Rojo y les conduzca a Palestina, básicamente.

¿Porqué esta Mad Max es memorable y está considerada 30 años después como una de las mejores películas de acción, mientras que la primera es olvidable y considerada como película de culto?
Cuando la anterior era básicamente una película de venganza, en la nueva tenemos aspectos tan atemporales como la lucha entre el bien y el mal: el héroe que toma la decisión egoísta que le conduce al fracaso, la búsqueda de uno mismo o la redención a través del sacrificio. Max hace lo que es correcto, arriesga su vida por un fin mayor que él mismo y por eso al terminar su tarea (a 30 años de su estreno no creo que le estropee el final a nadie) los malos se dan la vuelta y le dejan vivo.
Suena a mucha lección de civismo pero que no les intimide, las moralinas no están metidas en la narración a martillazos como si de una película de León de Aranoa se tratase; la historia se desarrolla con naturalidad y los personajes hacen lo que están llamados a hacer sin estridencias.





Mejoran con respecto a su predecesora las escenas de persecución que incluso se orinan sobre productos de hoy como “A todo gas”, aunque sólo sea tomando como referencia el montaje.
George Miller vuelve a sacar petróleo de unos mimbres escasos y tito Mel  está menos pipiolo que en la precuela, aunque aún sigue lejos de “Arma Letal”.
Su éxito propició una ridícula tercera parte de la que ya hablaremos y la aparición de macarradas guays como El Puño de la Estrella del Norte.

Muy recomendable. Una de las 5 grandes películas de acción de los 80.


Nota: 8,5

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