viernes, 26 de abril de 2013

La Escena de la Semana: El Misterio de Salem's Lot

EL NIÑO VAMPIRO (Salem's Lot, Tobe Hooper, 1979)
Por Toi Brownstone




Cuando comento que adoro el cine de terror porque soy una cagueta y paso mucho miedo, la gente me mira sorprendida encontrando mi afirmación bastante contradictoria. Para mí no hay nada más eficaz a la hora de liberar tensiones que una peli de miedo. Bueno si, pero estamos hablando de cine!
Mi aversión y fascinación hacia el género tuvo en Salem’s Lot, una adaptación de la obra homónima de Stephen King, su punto de partida

No podría decir exactamente la fecha de emisión en España, pero recuerdo que fue anunciada a bombo y platillo, calificada con un rombo, que directamente significaba que en mi casa estaba terminantemente prohibido que yo la viera, puesto que yo debía de tener unos 7 u 8 años. Peor que refrotarme por los morros una bolsa de chuches que no iba a catar.

Un rombo no podía detenerme, así que me propuse ver Salem’s Lot arriesgándome a ser pillada por mis padres, que por supuesto SI la iban a ver. Peor que los chavalillos que veían el porno del Canal + con las rayas, vi un episodio a través de una rendija minúscula de la puerta del salón que estaba abierta, y el otro, muy triste, a través de una franja de cristal verde de unos 2 cm de ancho de la misma puerta. La única parte con una visibilidad “aceptable”. Pensándolo bien, ahora entiendo por qué sólo recordaba la primera parte…

Todo iba bien hasta que Ralphie Glick, secuestrado y asesinado por Straker para complacer al vampiro Barlow, decide hacerle una visita a su hermano Danny para darle una pequeña alegría y de paso chuparle un poco de sangre, puesto que se había transformado en un vampiro.
A ver cómo definir ese momento en el que un vampirito en pijama suspenso en el aire rodeado de una densa niebla, se planta en la ventana de la habitación de su hermano, lo saca de sus pesadillas a un estado semi sonámbulo con una serie de chasquidos y chirridos, y con una sonrisa terriblemente diabólica lo atrae hasta la ventana para que le deje entrar en la habitación. Muy sencillo, para mí fue un momento de ACOJONE TO THE MAX.




Aunque en Salem’s Lot hay 3 escenas  con los hermanos Glick como vampiros pijameros, y las dos últimas son más explicitas, en especial la de Mark rechazando y ahuyentando a Danny con un pequeño crucifijo, ninguna me impactó tanto como esa primera visita en la que el poder de atracción del vampiro es evidente, y sin embargo no sale ningún colmillo, ni mordisco, ni acción brusca y tampoco se emplea el recurso del susto. La combinación de humo denso, una música intensa y potente, unos ruidos perturbadores, y la mirada vacía y diabólica de Ralphie frente a la de Danny, ingenua, con ligeras expresiones de alegría y temor, crean una escena absolutamente terrorífica y brillante.

Salem’s Lot ha podido quedar obsoleta para muchos, por la carencia de efectos especiales o el ritmo de la historia, pero hay que aplaudir la capacidad de transmitir esa genuina sensación de terror con unos medios tan limitados y una simpleza tan abrumadora.

Desde luego no hay duda que a la generación de niños que la vimos, casi todos a escondidas, nos marcó y traumatizó. TODOS nos acordamos del niño vampiro rascando y golpeando la ventana y estoy segura de que no soy la única a la que ve a Ralphie y se le pone la piel de gallina.

1 comentario: