martes, 2 de abril de 2013

Radio Flamingo presenta... Elogio al Funky Drummer


Radio Flamingo
 Presenta


Elogio al Funky Drummer
Por Juanjo Baquedano


Cuando se referencian canciones que han cambiado la historia de la música suele haber un puñado de canciones que han merecido estar en un lugar preferente. Por haber sido la espoleta de cierto estilo; por haber conseguido un éxito masivo aunando popularidad y crítica o por ambas cosas.

De Rock around the Clock o You really got me a Never Mind the Bollocks. De Blowing in the wind a Smells like teen spirit. De Love me do a Ace of Spades, Radioactivity, The dock of the bay o Good times. Todos tenemos en la cabeza un centenar de canciones que guardaríamos para las generaciones futuras.

Pero en una hipotética lista colectiva de estas canciones- estandarte es probable que se quedara fuera una canción que, a mi entender, lo merece tanto o más que las demás: The Funky Drummer de James Brown.

The Funky Drummer no fue una de las canciones más emblemáticas de Brown en su época. Tan solo llegó al número 20 de la lista de R&B de ese año 69, lejos de los nueve números 1 que había conseguido en dicha lista hasta la fecha. Ni siquiera fue incluida en ningún álbum de la época (no lo haría hasta el año 1986). Era una algo así como un divertimento donde daba rienda suelta al talento de la banda capitaneada por el saxofonista Maceo Parker como mariscal de campo, y, en el caso que nos ocupa, al batería Clyde Stubblefield.  Stubblefield se había unido a la banda de James Brown hacía casi cinco años. 5 años siendo el guardián del ritmo de un combo extraordinario, una apisonadora sonora que, con disciplina militar, ejecutaba las ordenes del emperador del incipiente Funk: El padrino del Soul.


James Brown Con Clyde Stubblefield a su espalda


La canción que nos ocupa podría ser como una típica improvisada rueda cubana, una descarga, donde la banda crea un ritmo hipnótico a base de percusiones y vientos acompañado por las esporádicas voces de Brown. Un mantra. En un momento de la canción, cercano al minuto 5 James invoca a Clyde, el batería, diciéndole a la banda que quiere algo de él: No quiero un solo, hermano, solo quiero lo que tienes, y no lo pierdas, está de madre. Esta podría ser una traducción de lo que James le dijo. Y entonces en ese minuto 5:32 sucede algo prodigioso, casi mágico. Algo que hará que esta canción pase a los anales de la historia. 20 segundos de un ritmo de batería en primer plano tan perfectos, descomunales que cambiarían el devenir de la música. James lo supo ya cuando la grababan. Por algo llamo a esa canción The Funky Drummer.




Años más tarde, cuando James Brown estaba compartiendo su trono con artistas de la música disco apareció una pléyade de músicos callejeros enarbolando un nuevo estilo, el Rap. Artistas como Sugarhill Gang habían colocado su Rapper’s Delight en lo más alto de las listas, músicos que venían de la Disco y el Soul como Kurtis Blow o Joe Bataan se dejaban arrebatar por ese nuevo sonido venido de los suburbios. El Rap era imparable, un do it yourself  que pronto todo el mundo hizo suyo. Algo así como el Punk de la comunidad negra y latina del extrarradio de las grandes ciudades.

Un micrófono y una base musical, no hacía falta nada más para dar rienda suelta a sus inquietudes, sus quejas, sus sueños. La voz de la calle pedía paso. Viejos ritmos del Soul, el Funk, la Disco, el tecno y el Rock servían como colchón rítmico para sus proclamas. Aquella primera generación del Rap estaba encabezada por gente como Sugarhill Gang, Spoonie Gee, Afrika Bambataa, Grandmasterflash, Kurtis Blow, Doug E. Fresh. Tras esa Old School llegaron nuevas bandas y artistas como RUN DMC, LL Cool J, Public Enemy, Beastie Boys o Eric B. And Rakim que, con la novedosa técnica del sampleado, venían a dar un paso adelante en la evolución del Rap.




Sampleando trozos de canciones, incrustándolos con otros creaban un artefacto nuevo en loops imposibles. El límite era tu cabeza, tu ingenio, tu creatividad. Podías fusionar, mutilar, reinventar cualquier cosa. A Sly Stone con Ted Nugent, una vieja canción de la Motown con Chic y The Knack. Y sobre todo a James Brown, que recuperó su vigencia a golpe de breaks y sampleados de sus canciones. Y entre el top de sus canciones hibridizadas hubo una: The Funky Drummer. Se calcula que son más de 500 las canciones que han usado ese ritmo mecánico, metálico, vigoroso. No hubo una banda de aquel movimiento que no la usara. Y poco a poco el Hip Hop inundó al resto de músicas de los 80 e hizo que estas usaran las mismas artimañas en la producción. Una base rítmica perfecta que superó los confines de la órbita del Hip- Hop y, cual sonda Voyager, se adentró hace años en la galaxia del House de los 80, de la electrónica y el Rock de los 90 y sigue vigente en nuestros días. Mil adaptaciones diferentes de los mismos veinte segundos que no tienen porque llegar a ser repetitivos, ya que nuestra canción tiene una fantástica virtud: la de mutar y adaptarse al nuevo contexto.




Es por ello que queremos traer hoy una selección de canciones, divididas en dos bloques, que han homenajeado dicha canción. Canciones que han extraído con bisturí dicha secuencia de tiempo para crear un nuevo Golem. Una nueva arquitectura sonora sobre los pilares de la batería de Clyde Stubblefield: The Funky Drummer.


lista en Spotify

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