lunes, 22 de julio de 2013

Radio Flamingo presenta... Estelares: del Éxito y el Declive



Radio Flamingo
 Presenta



ESTELARES: DEL ÉXITO Y EL DECLIVE

Por Juanjo Baquedano


El artículo que me dispongo a escribir es importante para mí, ya que siento que voy a hacer algo de justicia con un grupo argentino (prácticamente) desconocido aquí en España. Un grupo por el que sentí una especial admiración, una banda a la que le tuve un especial cariño y a la que un grupo de amigos le rendimos en el pasado un culto casi sectario: Estelares.


Pero no solo por ello es importante esto que te voy a contar, es importante porque va exigir de mi un ejercicio nostálgico a la par que sincero, en el que he de intentar dejar de lado el rencor y ser lo más objetivo posible. Ya que mi amor por ellos se fue. Estelares han cambiado. No les reconozco en sus últimas canciones. Han lanzado por la borda casi todo aquello que me hizo sucumbir ante ellos.
Se han ido aligerando de toda la carga emocional que imprimían a sus canciones en pos de un éxito y reconocimiento más amplio. Algo que le suele suceder a bastantes bandas. Algo que no es nuevo en este mundo. Bandas que, partiendo del underground, cruzaron las fronteras del mainstream hasta perder el rastro de por donde vinieron, haciendo imposible la vuelta a casa.
Pretendo repasar su discografía y reivindicar sus primeros discos. Hermosos a la par que fallidos. Intentaré mostrarlos con perspectiva, esperando que mi (poco imparcial, lo reconozco) visión te ayude a ver en ellos lo que fueron y no tanto lo que ahora, por desgracia, son. Escribo estas líneas para darte otra imagen de ellos, ya que si hicieras una rápida búsqueda en Google de Estelares te toparías con una banda del montón. Cosa que en absoluto fueron en el pasado.

Estelares son una banda de La Plata, Buenos Aires, aunque dos de sus principales miembros: Manuel Moretti y Víctor Bertamoni (Voz y guitarras respectivamente) provienen de la también bonaerense ciudad de Junín. El tercer miembro original de la banda es el bajista Pablo Silvera. El origen de Estelares se remonta  a principios de los años 90 cuando Manuel y Víctor, tras enrolarse en una serie de bandas forman Peregrinos. En Peregrinos encontramos también al que fuera batería de los dos primeros discos de Estelares: Lucian Mutinelli.
Peregrinos no pasaron de ser un grupo con escaso recorrido, un puñado de conciertos en la zona, una pequeña comunidad de seguidores. Tras romperse la banda en 1994, y con la incorporación al bajo de Silvera, tenemos pues a la primera formación de la banda.
El sonido de Estelares parte de influencias del Rock argentino como Spinetta, Virus o Pescado Rabioso y recoge ecos de Lou Reed y Television. Por su educación en el tango (Victor y Manuel se conocieron en una escuela de guitarra) difuminan en su Rock giros y hechuras de dicha música, pero sin caer en aquella manida etiqueta de Rock Latino. Lo suyo es, era, otra cosa.
Una banda de Rock que lleva el ADN del tango en sus venas. No imposta, simplemente le sale así. La peculiar voz de Manuel: una voz rasgada y poco educada le confiere a la banda ese sonido decadente y pasional de su música. El universo de sus canciones hablan de desamor, de huidas continuas, un sentido épico y visceral de la vida. Pasión incluso, y sobre todo, en la derrota. Se siente en sus canciones un espíritu de literatura Beat.


En 1996 recogieron algunas canciones de Peregrinos y con bastante material nuevo editaron en el pequeño sello Del Cielito Records su primer álbum: “Extraño Lugar”. En Extraño Lugar no hay florituras, ni grandes arreglos. Es una producción bastante amateur, pero que encuentra en esa inmediatez su mayor encanto. Canciones épicas construidas sobre las guitarras de Víctor y Manuel. En “Extraño Lugar” resalta a primera vista la voz de Manuel, proyecta cada estrofa con su histrionismo imprimiéndole su visceral sentido de la vida. Manuel tiene la capacidad de hacernos visualizar estampas, escenas, como el buen director de cine. Referencias eternas como el abandono y al ruptura, el desamor como motor. La urgencia juvenil por tenerlo todo. En “20 de Noviembre”, “Pelotitas de pin pon”, “La Remera”, “El último beso” y sobre todo en “Los Inolvidables” encontramos condensado ese universo que recorrerá su discografía. Rock vitalista y romántico, un sentimiento a flor de piel en el que Manuel tanguea sobre guitarras eléctricas.  Su recorrido discográfico no les llevó muy lejos, tan solo cierta relevancia underground. Pero su particular personalidad no pasó del todo desapercibida e hizo que en 1998 el sello zaragozano Plan B, ligado a la publicación Zona de Obras, editara Extraño Lugar en España.


En 1998 Estelares publican también en Del Cielito Records su segundo trabajo, “Amantes Suicidas”, un disco que puede considerarse su continuación lógica, aunque quizás virado algo más hacia el Pop. Un disco igualmente imperfecto en la producción.  El disco manejaba los mismos registros que su precedente del 96: Poesía urgente, eternas huidas. Estribillos rotundos y aires de tango en las guitarras eléctricas de Bertamoni. En este disco vuelven a intercalar viejas canciones de sus primeros días y antiguas composiciones de Peregrinos. Canciones como “El Corazón sobre todo”, ”Como cría de Leopardo”, “La ruta se ha Roto” y “Camas Separadas” vuelven a dejarnos un puñado de frases para enmarcar. Estribillos prestos a ser coreados bien entrada la madrugada, en la esquina de algún bar. O volviendo descalza a casa, con los zapatos al hombro y el maquillaje ya decrépito mientras el sol despunta ya en el horizonte.


Estelares siempre se quejaron de la escasa promoción que tuvo “Amantes Suicidas”, esfuerzo caído en saco roto. Disco de escaso recorrido en directo pero que les llevó por primera vez, en 1999, a Buenos Aires. Esos años 1999-2000 fueron años de cambios, incertidumbres. Cambiaron de batería, ingresó Carlos Sánchez (batería del grupo en los siguientes tres discos) y graban una demo ( La demo Verde) con siete canciones que serían el embrión de su futuro disco, pero que no pudieron lanzar hasta 2003. Juanchi Baleirón, integrante de Los Pericos, se encargaría de la producción. Pero el infausto “corralito” vendría para desbaratar las esperanzas del grupo. Todo se paralizó, quedó en estado durmiente. Años en los que incluso se plantearon abandonar. Manuel Moretti, por la parálisis del proyecto, se embarcó en sus propias canciones, lanzadas en un disco llamado “La Mañana del Aviador”. Algunas de ellas, como “Julia” y “Aire” se incluirían después en sus discos con Estelares. Fueron años duros en los que incluso Moretti planteó venirse a España.
Pero poco a poco la cosa fue tomando forma y se recondujo la situación. Finalmente en 2003, ya instalados en Buenos Aires, logran publicar su tercer álbum: “Ardimos”.
“Ardimos” puede considerarse su disco-bisagra, ya que marca un definitivo cambio de sonido y, por fin, les permite llegar a un público mayor, viendo recompensado el esfuerzo de tantos años. La labor de Baleirón a la producción les da un sonido más compacto, más redondo, pero, por el contrario, comienza a pulir alguna de las esquinas de ese peculiar “sonido Estelares”.  En Ardimos seguimos encontrando canciones rotundas, como “De la Hoya” “La Coupe Roja” o “En la Habitación” pero se comienza a intuir un cambio definitivo e irremediable hacia terrenos más dóciles.


Un punto álgido del disco es, sin duda, “Moneda Corriente”, canción cantada a dúo con Andrés Calamaro, y que se convierte en su primer medio éxito en el país. El espaldarazo que necesitaban. La maquinaria parece engrasada y funcionando correctamente. Llegan las buenas críticas y el reconocimiento de un público mayor. Semi-éxitos y algún premio. Por fin pueden, además, dedicarse al cien por cien a la música.
En 2007 el público argentino recibe con ansias su cuarto disco, “Sistema Nervioso Central”, disco que les encumbra definitivamente. Un disco igualmente producido por Baleirón, ya casi erigido en el quinto Estelar. Sobrepasan ya los cuarenta años, pero aún pareciendo tarde, están en el momento de recoger los frutos. Y los recogen perdiendo, a mi entender, parte de su personalidad. Han cambiado el tango soterrado de sus inicios por sonidos más accesibles. Ya han dejado muy atrás el viejo sonido de la banda, para bien o para mal. En SNC sacan brillo a una máquina de fabricar hits, “Un día perfecto” y “Jardines Secos”, (canciones muy Blondie) conviven con canciones de corte más Rock como “Las Vías del Tren”, “Duendes eléctricos” o “Aire”. Curioso es lo que sucedió con “Ella Dijo”, canción convertida después por algún intérprete popular en cumbia, siendo incluso cantado por hinchadas de fútbol en las gradas. No se puede ser más popular en Argentina cuando te cantan en una cancha de fútbol.  SNC fue el disco de su consagración: varios números 1, actuaciones por todo el país, ventas y galardones; pero también un disco lleno de agujeros, de fallas por donde han dejado escapar su personalidad. Son ya casi una banda más.
En ese año realizaron su primera visita a España cerrando unas jornadas literarias en Madrid realizadas en Casa de América en el mes de Octubre. Un concierto apenas publicitado en el que no se encontrarían más de 70 espectadores, la mayoría de ellos argentinos. Primera experiencia fallida.


Esa deriva definitiva y fatal en lo musical (pero con éxitos de ventas) viene con sus dos últimos trabajos. En 2010 publican “Una temporada en el amor”, disco que se abre con dos gemas de Pop Melódico, “Cristal” y “Melancolía”. Sus dos últimas grandes canciones hasta la fecha. Pero tras ellas el disco se pierde y se difumina hasta perder todos los matices, incluso en las canciones en las que músicos de renombre colaboran con ellos, como Fito Paez o Ariel Rot. Un disco mediocre, a mi entender.


Su relación con España nunca fue afortunada. Comenzando con la nula repercusión que su primer disco tuvo, a diferencia de otras bandas latinoamericanas de ese sello, como Suarez o Pánico, que si cerraron en algún momento giras por nuestra tierra. Siguiendo con su ya mencionada actuación en Madrid en 2007 y concluyendo en 2010. Ese año el Festival Pirineos Sur les programó en su cartel, en lo que parecía una oportunidad única y perfecta para su segunda “presentación” en España abriendo la noche para Andrés Calamaro. Pero la historia quiso que Calamaro cayera del cartel y Molotov le sustituyeran, quedando una dupla un tanto extraña. Su concierto, si bien fue más que solvente, no recibió más que la indiferencia de un público “poco potencial” a su música.


El pasado  2012 publicaron “El Costado Izquierdo”, disco en el que reinciden en esa “receta del éxito” de sus últimos años, pero que no merece ningún comentario, y mucho menos elogio, muy a mi pesar . Tan solo mencionar la colaboración de Enrique Bunbury en “Aleluya”, única canción del disco que se podría salvar de la quema, pero que a duras penas podría competir con el drama y la pasión de sus primeros discos. Primeros discos que siempre me serán fieles.


Lista en Spotify

1 comentario:

  1. ¡¡¡Ostia!!!
    Hacía mucho que les había perdido la pista pero casi como que mejor. Si oigo algunas de las últimas canciones sin saber que son ellos no los reconocería ni de coña. No fui fan pero "Extraño Lugar" era y sigue siendo un buen disco con mucha personalidad. Pena que se perdiera por el camino.
    Isac.

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