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Por Ivanckaroo Banzai


La ciudad con peor ayuntamiento que Zaragoza

Extraño largometraje del director Alex Proyas, conocido por dar el empujoncito con El Cuervo al goticismo más “dame veneno que quiero morir”, ya iniciado por el ilustre e irritante Tim Burton. Pese al fiasco financiero del film nos encontramos con una propuesta tan interesante como en exceso compleja para el cine comercial estándar; tampoco ha remontado mucho el vuelo a través del mercado doméstico pese a tener una buena base de admiradores que la podrían catalogar como película de culto.

Al terminar de verla uno no sabe si encuadrarla en el género fantástico, el cine negro, la ciencia ficción, el thriller o hasta el anime. Se queda uno satisfecho pero con cierta sensación de que podría haber dado más de sí; todo muy bien hecho, muy bien ambientado y trama interesante pero con ciertas bisagras mal encajadas que chirrían y dan dentera.
El mayor rechinar de dientes llega ya con la voz en off al primer minuto de película, donde básicamente te la destripan. Imagínense grandes giros finales por todos conocidos en los que aún te estás reponiendo en la butaca del chunda-chunda atronador de los anuncios de Vodafone y coca-cola… cuando aparece un texto diciendo que Bruce Willis es un fantasma o que el malo mete la cabeza de Gwyneth Paltrow en una caja y se la manda por correo a Brad Pitt. Pues así. Por suerte en algún montaje posterior para DVD decidieron con buen tino meterle la tijera.

Ruffus Sewell se despierta con amnesia en una bañera al lado del cadáver de una prostituta y huye en busca de su identidad, algo normal teniendo en cuenta el nombre que padece el actor. Al más puro estilo El fugitivo irá desentrañando su origen, al igual que los misterios que rodean a unos tiparracos calvos que le persiguen y la kafkiana realidad de la ciudad en la que se encuentra así como la de sus habitantes. Por el camino descubrirá además que está casado con Jennifer Connelly (pre-delgadez extrema), que es algo que a más de uno y más de dos nos hubiera hecho importarnos todo lo demás un pimiento.
Hacia la mitad del metraje las piezas ya están todas encajadas a falta de que entre el espectador y los personajes coloquen la última. No hay pues exactamente giro inesperado sino un final al uso con batalla épica entre Goku y Tetsuo y una bonita postal para el The End con el que dejar a los productores contentos.

La dirección de Alex Proyas es habitual en él; este señor tiene la particularidad de tener proyectos interesantes tanto en la forma como en el fondo pero en ninguno de esos dos aspectos termina nunca de rematar la faena. No sé hasta qué punto su mano tuvo mayor o menor peso en la sala de montaje, pero siempre le pasa lo mismo. Aquí se intuye que alguien con traje y corbata pegó tijeretazos en un intento de hacer una versión noventera de Blade Runner; en cualquier caso, habiendo visto El Cuervo y Yo,robot no parece que el bueno de Alex vaya en el futuro a dejar de quedarse a medio gas.

La segunda gran tara de Dark City es casi tan imperdonable como su comienzo. Y es nada menos que la elección del casting, o más concretamente de Ruffus Sewell como héroe. Entiendo que en el primer acto quisieran dar al protagonista un aire ambiguo sobre si es el bueno o el malo, y que Ruffus queda muy bien de villano en Destino de Caballero, pero siendo sinceros se debe a que rara vez mueve un músculo de la cara salvo para medio sonreír con autosuficiencia en plan chulito pedante. Y esa no es ni de lejos una característica de un papel que exige menos ambigüedad y más desesperación por conocerse a sí mismo y miedo por si acaba siendo el asesino que todo apunta que puede ser. Demasiados cambios y matices, Ruffus no llega, y es tan hierático que ni siquiera se sabe si lo intenta.
Kieffer Sutherland responde con su habitual oficio en uno de esos personajes extraños que suele hacer, casi tantos como Johnny Depp, pero actuando con menos aspavientos y menos reconocimiento público porque no es tan guapo. William Hurt nos da el suficiente alto al que nos tiene acostumbrados y Jennifer Connelly está guapísima y etérea, que es lo que pide su personaje.
 
Les gustará sobre todo la primera vez, un segundo visionado pierde mucho dejando el disfrute en lo puramente visual, como suele pasar en estas propuestas de “ficción o realidad” con escasas excepciones como el desgraciadamente fallecido Satoshi Kon.

Nota: 6,5