lunes, 16 de septiembre de 2013

La Escena de la Semana: La Chaqueta Metálica

ME SO HORNY! (Full Metal Jacket, Stanley Kubrick, 1987)
Por Toi Brownstone


Después del forzoso (y necesario) parón veraniego, volvemos a recuperar La Escena de la Semana con unas cuantas secuencias memorables en mente que nos apetece mucho recordar con vosotros, y que esperamos sean de vuestro agrado.

De la mano de  Stanley Kubrick, sin duda uno de los grandes maestros del cine, tan odiado odiado como venerado, hoy cogemos los bártulos y viajamos hasta Vietnam para, quizás, irnos de putas con Bufón (Matthew Modine), ahora convertido en cabo y corresponsal  de guerra.

Esta escena en la que una prostituta aparece y ofrece sus servicios a los dos soldados siempre me ha resultado fascinante por varios motivos, aunque en realidad en sí no tenga un peso esencial en el desarrollo de la película.

Se trata de una escena que funciona como punto de inflexión, como una transición. Kubrick dividió  La Chaqueta Metálica en dos partes muy definidas, gracias sin duda al guión y a  otros aspectos técnicos que pasan más desapercibidos pero son marca de la casa. Ya sabéis, iluminaciones, escenarios, ambientes, filtros, tonos…

Como muchos que la hayáis visto recordaréis, la primera parte correspondiente a la instrucción de los reclutas finaliza tras la graduación de los soldados con el momento de enajenación por parte del recluta  Patoso (ese grande y perturbador Vincent D’Onofrio), que se carga al Sargento Mayor Hartman,  el instructor cabrón que le ha estado machacando y humillando durante toda la formación y termina volándose la tapa de los sesos con un rifle. Momento impactante como pocos, con tal  tensión que siempre termina dejando con cierto mal cuerpo.


Inmediatamente después, comienza nuestra escena, con un cambio de escenario radical, en Da Nang. En una de sus concurridas y caóticas calles se encuentran  Bufón y el fotógrafo Rompetechos, sentados en una “terraza” de un bar, contemplando a los lugareños en una actitud completamente relajada, como si estuvieran de vacaciones y fueran los típicos turistas, con la salvedad de que su atuendo es un uniforme de la marina, en lugar de bermudas y camisas hawaiianas.  Una prostituta muy ligera de ropa se acerca directa a ellos contoneándose provocativamente, mientras suena uno de los grandes éxitos de la época a cargo de  Nancy Sinatra,  These Boots Are Made For Walking. Para mí ese comienzo de escena desde el otro extremo de la calle siguiendo a la muchacha hasta los soldados  y así ofreciéndonos una visión un poco más global del entorno me resulta brillante.

Siempre me ha chiflado toda la parte de la oferta, negociación y regateo entre Bufón y la chica. Cómo no sucumbir a frases como “Me so hoorny, Me love you long time”? Esa falta del dominio del idioma suplida con creces por el lenguaje corporal tan real como la vida misma.

Cuando parece que Bufón se decide a pasar un buen rato con la chica, que pasa el filtro de seguridad al toser, posiblemente afectada por un brote de tuberculosis (si no tosiera podría ser una agente infiltrada del Vietcong), un ladronzuelo arrebata la cámara de fotos a Rompetechos y huye en una moto con su compinche tras hacer una absurda llave de karate en un intento de intimidar a los soldados, que es seguidamente imitada por Bufón. Ninguno de los dos soldado hace nada por intentar recuperar la cámara, y al final nos quedamos con las ganas de saber si la prostituta le hizo un sucky-sucky too much.

2 comentarios:

  1. Siempre me ha gustado mucho esta escena. Es cierto que no tiene peso en la trama de la película pero es una de las escenas que más recuerdo, esta y la otra de putas; aquella en la que la puta no quiere irse con el soldado negro porque cree que la tendrá muy grande y el soldado tiene que enseñársela para convencerla.

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