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Drácula (Todd Browning, USA, 1931)

Seleccionada por Ivanckaroo Banzai

Imperecedero clásico del brillante Todd Browning, archiconocido director de La parada de los monstruos y una de las versiones más fieles a la obra original de Bram Stoker, aunque hay quien siempre jurará que el excelente Drácula de Coppola va… y lo casca. Yo les aseguro que habiendo leído la novela, entre bostezos, no vi por ningún lado a Gary Oldman y Wynona Ryder diciéndose “cuelga tú… no,cuelga, tú”; pero allá cada cual.Bela Lugosi nos demuestra que sabe muy bien mover las manos como un húngaro, y que su carisma en pantalla le habría llevado a un mayor reconocimiento y variedad de papeles en el cine contemporáneo en vez de caer en la demencia y acabar ganándose las lentejas con el Uwe Boll de su época, el archiconocido Ed Wood. De haber nacido 50 años más tarde ya le habríamos visto de terrorista checheno, mafioso ruso, jefe de la gestapo y similares. En los años 30 su acento le impedía ser otra cosa que Drácula.
Deliciosa película que si bien ya no asustaría a día de hoy ni a un niño de teta, es de indispensable visionado; y además, se pasa en un suspiro.


VAMPYR (Carl Theodor Dreyer, Alemania, 1932)

Recomendada por Paco Latore

De buenas a primeras, uno piensa que a Carl Theodor Dreyer se lo habrían llevado los demonios si supiese que su Vampyr sale reseñado en un especial Halloween. Vista la fanfarria lúdica que la celebración acarrea y teniendo en cuenta la naturaleza  de asueto de las películas comentadas en este especial;alguien como Dreyer, a cuya filmografía se le presupone una falta alarmante de sentido del humor visto su pietismo (luterano, para más señas) y el haberse intoxicado de su compatriota Kierkegaard, me daría de hostias con la mano abierta hasta matarme por meter en este contexto a su Vampyr. De hecho, nada tranquilo estoy por si la reseña cae ante ojos del fundamentalismo de filmoteca o de la violentísima turba de Cahiers du Cinema por si me parten las piernas o acabo colgando de un chopo.
Y la verdad es que merecida tendría la somanta de palos a sabiendas de que Dreyer quiso hacer una película de Terror más que una de miedo. A su manera, claro. Pero la subjetividad -no subestiméis nunca su tenebrosa fuerza- me hace disfrutar de Vampyr como un glorioso ejercicio de estética del miedo. Si a Bergman no lo reconozco más que por haber podido ser pop desde la trascendencia (terrible enfermedad) merced a la imaginería de El séptimo sello -aunque los rumores dicen que se partió de lo lindo viendo El alucinante viaje de Bill y Ted– y por ayudarme a reconocer a imbéciles funcionales en cuanto su nombre aparece en una conversación sobre cine; con Dreyer me pasa lo mismo. Es en el manierismo  de La hora del lobo o de esta Vampyr donde verdaderamente me encandilan, y no en esos tratados paneuropeos sobre la angustia que son Dies irae o Fresas salvajes.
Mancuernas cinéfilas aparte, Vampyr es un viaje fuera de lo terrenal, es la vivencia de un sueño que se acaba tornando en pesadilla. Revisión de una obra de Joseph Sheridan Le Fanu (irlandés, qué mejor Samhain mediante),el argumento es una suma mística de lo apuntado con Drácula  (de otro irlandés) y el propio inconsciente escandinavo en torno a la brujería. La historia es una excusa, sea o no intencionalmente, para dar paso a un ejercicio de estilo pocas veces igualado en el cine: Vampyr, 80 años después de ser filmada, da cosica. Y encima es más pérfidamente moderna que cualquier ejercicio de vanguardia disparatado propio de nuestros tiempos.
Un amigo me comentó que le quita el volumen y la ve mientras escucha Radiohead (lo mismo hace con Tarkovski y Tool, hay gente pa tó) y se puede entender semejante gansada. Vampyr es una película vivencial, nacida del subconsciente y ahí se dirige, a ser experimentada. Poderosa en su montaje y abstracción, cercana a veces a otro prodigio vampírico como Nosferatu , Dreyer se dejó llevar antes de pasarse a la teatralidad en el sentido amplio del término. Vampyr es puro cine en cuanto a que es material para soñar, graba en la retina poderosas imágenes (ese hombre de la guadaña) y juega mejor que nadie desde la propia irrealidad en que una buena película de miedo sabe que crece.


LA MUJER Y EL MONSTRUO (Creature from the Black Lagoon, USA, 1954)

Seleccionada por Toi Brownstone

Durante la década de los 50, el director Jack Arnold deleitó a los fans del cine de terror y ciencia ficción con maravillas como El Increíble Hombre Menguante, Tarántula o Vinieron del Espacio, clásicos absolutos y referentes.
En este caso la historia se centra en torno al hallazgo arqueológico de una extraña garra fosilizada en la zona del río Amazonas. Las habladurías populares que casi siempre se ignoran, suelen tener una gran parte de verdad, y por supuesto el caso del Lago Negro, del que nunca nadie ha regresado con vida, tampoco es una excepción como todo el mundo se puede imaginar. Pero la ambición y curiosidad de los científicos es tan poderosa que omitirán este detalle y serán presas del acoso de una criatura extraordinaria.
El monstruo es simplemente genial. Me encanta ver la garra de goma asomándose por el fango, o ese rostro tan inexpresivo y poco amenazante de esa criatura que recuerda a un pez, a un reptil y por supuesto a un ser humano. De alguna manera me gusta pensar que inspiró al creador de Depredador. Es muy inteligente y tiene mala leche, y un estilo buceando espectacular.
El ritmo de la historia es trepidante y no da tregua al espectador, recreando esa sensación de acoso por parte de la criatura constante. Mi parte favorita es sin duda la que incluye todas esas escenas subacuáticas de persecución y enfrentamiento. Teniendo en cuenta los recursos de la época, resultan muy auténticas.
Siempre es un gustazo revisar historias como esta cada cierto tiempo, con un buen bol de palomitas y una cerveza fresquita.

 

LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (Invasion of the Body Snatchers, USA, 1956)
Seleccionada por Toi BrownstoneTendemos a apreciar un tanto injustamente más los remakes que se realizaron 30 años después con muchos más recursos y unos efectos especiales más sofisticados. Teniendo en cuenta que a mediados de los cincuenta el espectador era mucho más ingenuo y el espacio exterior, como algo desconocido y amenazante, empezaba a tomar cierto protagonismo, la aproximación a la ciencia ficción y el terror en esa época fue tan brillante, que las historias que se gestaron entonces, han sido repetidas en millones de ocasiones.
La Invasión de los ladrones de cuerpos se centra de unos seres llegados del espacio exterior capaces de asimilar cualquier forma de vida para la supervivencia y adaptación a su nuevo hábitat. Os suena? En este caso, esta silenciosa invasión sucede en un pueblecito californiano. Sus habitantes van siendo clonados a la perfección en unas vainas, mantienen sus recuerdos, se comportan igual que sus originales, sin embargo están carentes de cualquier emoción o sentimiento, pareciendo unos autómatas. Miles y Becky, los protagonistas no pueden renunciar al amor que se profesan.
El tono de pesimismo y desesperación de esta película es espectacular, y hubiese sido más efectista sin el prólogo y el epílogo, pero en aquella época Hollywood no podía permitirlo.


EL PUEBLO DE LOS  MALDITOS (
Village of the Damned, Reino Unido, Wolf Rilla, 1.960)Seleccionada por Isaac Moreira
 
Todos los habitantes de un pequeño pueblo de Inglaterra caen dormidos sin razón aparente. Al despertar, todas las mujeres en edad para concebir están embarazadas inexplicablemente. Es… ¡¡¡El pueblo de los malditos!!!
Seguramente no contará ni con el mejor director, ni los mejores actores, ni la mejor fotografía o efectos especiales. Y, desde luego, el presupuesto no daba para mucho más. Entonces ¿qué convierte a esta película en una joya de la ciencia ficción y el terror? La respuesta es una alienante deshumanización de una mente colectiva superior desprovista de cualquier sentimiento. Pero lo que la hace tan terrorífica e inquietante es que está  personificada en unos niños albinos con poderes psíquicos.
Y lo peor es que no puedes hacer nada contra ellos porque son tus propios hijos y saben lo que piensas en todo momento.
El ritmo frío y casi esquemático del film combina magistralmente con la temática, huyendo de dramas y tribulaciones innecesarias de los personajes. Simplemente los hechos acontecen hasta llegar a uno de los mejores finales en su género

 

SUSPENSE (The innocents, Reino Unido, Jack Clayton, 1.961)Seleccionada por Isaac Moreira

Deborah Kerr, es contratada como institutriz para hacerse cargo de dos huérfanos en la enorme y solitaria mansión de Bry. Lo que empieza como un alegre trabajo con unos angelicales niños se tornará, al ir descubriendo los misterios que se esconden en las habitaciones de la casa y sus antiguos ocupantes, en una cruzada por salvar las almas de los niños de la depravación y la inmoralidad.
Las interpretaciones rozan lo sublime (nunca una poesía fue tan inquietante y terrorífica en boca de un niño de doce años) y la banda sonora es excepcional. El guión, basado en la novela de Henry James, Otra vuelta de tuerca, captura la esencia del relato y maneja con maestría la ambigüedad (¿el mal reside en lo que se ve o en cómo se mira? … O ¿quizá sea en lo que se desea?) retratando la estricta moralidad y represión que regía la época victoriana.
Jack Clayton, consiguió una obra maestra de ambientes a medio camino entre lo fantasmal y el terror psicológico y firmó una de las pocas adaptaciones al cine capaces de superar al libro.