domingo, 24 de noviembre de 2013

Fuera de Serie: Wild Palms

Empezamos nueva sección, o bien podríamos decir que emitimos nuestro episodio piloto de Fuera de serie. Esta sección se va a dedicar, en plena época de pasión seriéfila, a rescatar esas series, más o menos conocidas, que creemos que merece la penar volver a recordar  por alguna o otra razón.
Como invitado de lujo para abrir fuego tenemos a Javier J. Valencia, de El Pájaro Burlón, que nos hablará de Wild Palms.


WILD PALMS
Por Javier J. Valencia

1500 millones de pesetas en su realización. Utilización exhaustiva de la cámara, de la fotografía. Efectos especiales de última generación. Un reparto plagado de caras conocidas. Un compositor excepcional. Directores de renombre. Un productor ejecutivo de fama y prestigio internacional. Pero, ¿recuerda alguien hoy en día Wild Palms?


La cadena ABC se frotaba las manos, solo un año después del auge y caída de Twin Peaks, con la nueva propuesta televisiva que les llegaba de manos de Oliver Stone. A Stone la había llamado la atención un cómic serializado en el magazine Variety titulado Wild Palms (editado como obra completa por Ediciones B en Marzo de 1994 en nuestro país), escrito por el guionista de Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills, Bruce Wagner. El cómic presentaba un Los Angeles futurista donde el protagonista, Harry Wycoff, se veía envuelto en medio de una guerra entre dos sectas, los Amigos y los Padres, por hacerse el control de una nueva forma de realidad virtual. A veces daba la sensación de que ese argumento solo servía para poner de vuelta y media a algunos de los más representativos miembros de la fauna hollywoodiense, porque aprovechaba para poner a caldo a un buen montón de estrellas (cosa que para el lector de Variety debía tener su gracia, pero el que esperaba leer un cómic de ciencia-ficción se debió llevar un palmo de narices). El cómic también destilaba una paranoia que debía de ser del gusto de Stone, aunque hay reconocer que desde que la Iglesia de la Cienciología no haya hecho más que acaparar poder en la ciudad de los sueños uno termina por pensar que el cómic de Wagner no debía andar tan alejado de la realidad.

Para la realización de la serie, Stone se mantuvo al margen de las tareas de dirección y contrató a cuatro directores que empezaban a destacar: Phil Joanou (que acaba de rodar Análisis final y había filmado el video de U2 Rattle and Hum), Keith Gordon (antiguo actor fetiche de Brian DePalma (Vestida para matar, Una familia de locos), Kathryn Bigelow (sobran las presentaciones) y Peter Hewitt (director de la secuela de Las alucinantes aventuras de Bill y Ted). Aparte, tenía en la composición musical a Ryuchi Sakamoto y un reparto compuesto por caras conocidas. Con la fuerte inversión de la cadena ABC, la cosa parecía un éxito seguro. Televisión de primera.


El año: 2007. Harry Wycoff (Jim Belushi) es un abogado que vive en un Los Angeles futurista en aparente felicidad con su mujer Grace (Dana Delany) y con sus dos hijos pequeños. Pronto, una antigua amante de su juventud, Paige Catch (Kim Cattrall), pedirá ayuda a Harry para que le ayude a encontrar a su hijo largamente desaparecido. Paige introducirá a Harry en la Secta de los Padres, regida por el senador Anton Kreutzer (Robert Loggia), un mandamás de una cadena de televisión que acaba de revolucionar el concepto de televisión con su programa Vidrieras, que, a través de la realidad virtual, transporta el programa en cuestión al propio hogar del televidente. Para mas inri, Coty (Ben Savage), el hijo pequeño de Harry, es elegido para protagonizar junto a la estrella de Hollywood Tabba Schwarkoff (Bebe Neuwirth) la primera serie que usa ese sistema.

Tommy Laszlo (Ernie Hudson), el mejor amigo de Harry, por su parte, poco a poco le irá presentando a otro grupo, la Secta de los Amigos. Lo que Harry en un principio ignora es que ambas sectas están enfrentadas y que una de las líderes de los Padres es Josie Ito (Angie Dickinson), su suegra, que manda asesinar dentro de esta guerrilla privada a la hermana de otro de los líderes de los Amigos y amante de Tommy, el pintor Tully Woiwoode (Nick Mancuso). ¿Complicado? Pues todavía vamos por el episodio piloto...
El principal problema de esta serie, como no es muy difícil de adivinar leyendo la sinopsis era su extrema complejidad, más si tenemos en cuenta las apenas cinco horas en las cuales se desarrolla. El ritmo es vertiginoso, la música es francamente buena..., pero es difícil, muy difícil de seguir. No es del todo cierto lo que decía Dana Delany durante la presentación de la serie (Deja que las imágenes entren en tu cabeza, disfruta cada escena, y al final todo tendrá sentido), porque el episodio piloto es lo llamado veneno para la audiencia. Los personajes se presentaban sin cesar, las situaciones cambiaban de un momento a otro (drama familiar, intrigas políticas, ciencia-ficción...) y uno no terminaba muy bien de saber qué estaba pasando. Sí, es cierto que a lo largo de la serie se iban resolviendo todas estas tramas (algunas de un modo demasiado abrupto), pero los ratings americanos no tuvieron piedad: Del puesto inicial en los ratings (27 de la semana, nada mal para un programa nuevo) se pasó a un 45 (sobre 79) en la segunda... muy poco para lo que había costado, de nada sirvió la línea telefónica que montaron los de la ABC para que los espectadores llamaran para enterarse de lo que pasara.

Y lo cierto es que el casting es destacable, pero tal vez para algunos personajes se podían haber elegido otros actores. A gran parte de la memoria colectiva lo primero que le van a venir a la cabeza James Belushi, Kim Cattrall, Ben Savage o Ernie Hudson son sus papeles en comedias. Hasta Robert Loggia parece excesivamente forzado en su papel de mafioso en esta ocasión, Brad Dourif repite su papel de demente y los que realmente destacan sobre todos los demás son Dana Delany, que todavía tenía reciente su triunfal paso por televisión con Playas de China y que luce bastante en su papel de ama de casa amargada (por una madre psicópata y una secta que le robó a su hijo, lo cual es bastante comprensible) y, sobre todo, Angie Dickinson y David Warner. Como curiosidad, el escritor William Gibson, proclamado como el padre del cyberpunk tras su éxito con la novela Neuromante deja caer su palmito en el episodio piloto.

Fue el propio Bruce Wagner quién escribió el guión de la serie basándose en su propio cómic, y lo cierto es que uno no sabe si fue toda su culpa el enredo de situaciones, o si se quedaron muchas escenas en la sala de montaje. Los diálogos en ocasiones son un tanto forzados (demasiadas frases lapidarias, que a veces resultan increíbles hasta dentro de su propio universo, y que desde luego poco ayuda el horrible doblaje que tuvo en su versión española) y las enredadísimas tramas no estaban en su cómic apenas por ningún sitio (aparte de que cambia el sacrificio final de Harry en el cómic por su superviviencia en la serie, aunque se lleva por delante al 80% del casting...). Se nos dejan por explicar un buen número de cosas, y los clímax finales (que son bastantes, teniendo en cuenta el número de personajes), aparte de que suceden a un ritmo que ni Urgencias, dejan un regusto de que saben a poco. Wild Palms tenía un buen argumento, y podríamos estar ahora hablando de una serie memorable y, a pesar de su innegable calidad visual, de sus encadenados frenéticos y muy bien hechos y de momentos verdaderamente logrados (el rescate por parte de los amigos de Chickie Levitt a ritmo de House of Rising Sun de The Animals, por citar uno particularmente destacable), uno no deja de tener la sensación de que se le podría haber sacado mucho más partido. Se podría haber extendido más la duración de la serie, haber dosificado esa complejidad (aunque se hubiera perdido ese frenetismo) y seguramente ahora estaríamos hablando de un clásico. Todo está demasiado concentrado en esas cinco horas. O quién sabe, a lo mejor fue esa audacia planeada desde el principio, no dar concesiones y dirigirse a una minoría (así se crean los cultos a los programas de televisión...).


La respuesta de la audiencia norteamericana fue así bastante pobre (los episodios tercero y cuarto ocuparon los puestos 32 y 42 en los ratings, que, si bien no están mal del todo, desde luego no debieron dejar muy contentos a los inversores de la cadena, cosas de la tele...) y se dieron al traste los planes de hacer una segunda parte (no es que sobrevivan demasiados, a saber qué habrían hecho...). La carrera de Wagner en televisión no tuvo mucha continuidad, lo siguiente que escribió para televisión fue White Dwarf (Enana Blanca en su pase por TV2), algo así como extrapolar el concepto de Doctor en Alaska a otro planeta (un huraño médico de Nueva York, interpretado por Paul Winfield, en el futuro es obligado a ejercer por tiempo limitado la medicina en un planeta primitivo y en guerra civil). Tampoco acompañó aquí la suerte al escritor del guión de Pesadilla en Elm Street 3, quedándose la idea en una TV Movie sin continuidad.


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