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El extraño caso de Jimmy Scott
Por Juano Baquedano

En las últimas décadas hemos vivido la resurrección de algunos artistas del pasado, músicos de avanzada edad que de repente salen de la sección de los oldies para volver a la primera fila de la escena musical. Johnny Cash sería con merecimiento un paradigma, un ejemplo de dicha reconversión o adaptación al nuevo tiempo. Rick Rubin tomó de la mano al de Arkansas a final de los años 80, y le puso delante de un cancionero que no correspondía a su generación. Unas canciones que alcanzaron con su reinterpretación una dimensión casi divina. Fueron una ofrenda de canciones de mortales puestas al servicio de un Dios para su consagración. Las American Recordings de Johnny Cash son ya un clásico moderno, una colección de canciones de las que se ha escrito y se escribirá durante mucho tiempo.  Existen otros ejemplos más o menos exitosos como el de Cash: El propio Rick Rubin repitiendo la jugada con Neil Diamond, Jack White produciéndole un disco a Wanda Jackson o Dan Auerbach cerrando el bucle de las influencias con Dr. John, por no hablar de los dorados años 80 de Roy Orbison. Incluso en España hemos vivido el intento de recolocar en el mapa a un pionero del Rock venido a muchísimo menos como Miki de la mano de Jorge Explosión.  Otro ejemplo de esto es el artista al que le ponemos hoy el foco: Jimmy Scott.

Quizás Scott no ha llegado a las cotas de popularidad que consiguieron las grabaciones de Cash o Roy Orbison, pero sí que ha conseguido desde los primeros años 90 el respeto y la admiración de un público más masivo. Un total de 8 álbumes de estudio que si bien no forman un cuerpo uniforme como las American Recordings, merecen por su fragilidad, emoción e intensidad un homenaje desde estas páginas.

El mérito de Jimmy Scott se basa en no haberse circunscrito al terreno del que proviene, el del Jazz, reinterpretando en ocasiones canciones de la órbita del Pop, de músicos de generaciones posteriores a la suya. En la mayoría de esos casos dichas canciones adquieren en la voz de Scott un nivel diferente al original, como enviadas al espacio exterior, pulsos sonando en el vacío. La peculiar voz de Scott, aniñada voz de soprano maleada por la vida, les confiere un aire taciturno, convirtiendo dichas canciones en epitafios emocionantes.

La vida y la carrera de Scott estuvo siempre condicionada por su físico. Jimmy nació con el extraño síndrome de Kallmann, enfermedad que detuvo su crecimiento justo antes de la pubertad encerrándole en el cuerpo de un niño. Su escaso metro con cincuenta de altura y su voz aniñada y aflautada le daban un aire desvalido y delicado, pero eso no logró que Jimmy renunciara a hacer aquello que mejor se la daba: cantar. Al principio de la década de los 40, cuando contaba con poco más de 15 años, se dejaba caer por todos los concursos de talentos juveniles que pasaban por su Ohio natal, hasta que se enroló como chico para todo en uno de aquellos teatros ambulantes. El pequeño Jimmy quería estar cerca de los artistas y respirar el negocio. En uno de esos shows, en los que tocaba el saxofonista Lester Young, pidió que le dejaran cantar un par de números. El público enloqueció con aquel niño que cantaba como un ángel y poco a poco se le permitió que formara parte de los carteles. Hasta que en 1948 se unió a la banda de Lionel Hampton, que se convirtió en su padrino además de ser quien acuñó el que sería su nombre artístico durante décadas: Little Jimmy Scott.

En los años 50 se estableció en Nueva Orleans y fue entonces cuando grabó su primer disco de estudio, de un total de cinco durante aquellas décadas. A pesar de que nunca consiguió grandes ventas eran discos de calidad, destacando de entre ellos The Source, publicado en 1969. Sus shows eran respetados por la gente del medio, contándose gente de la talla de Billie Holiday, Ray Charles o Doc Pomus entre sus fieles seguidores y admiradores. La amistad con Pomus se convirtió en vital para Scott, ya que fue durante el funeral del músico de blues, en 1991, donde su carrera tomó un nuevo camino. Jimmy cantó durante el sepelio de su gran amigo haciendo que los asistentes se estremecieran con su interpretación. Y de entre ellos el jefe de un sello subsidiario de la Warner, Seymour Stein, que inmediatamente le fichó. De esta forma tan extraña comenzó la nueva vida musical de Scott, a sus 66 años, tras varios años apartado del mundo de la música.

Ese mismo año apareció en un episodio de la serie Twin Peaks interpretando Sycamore Trees, pero su año de confirmación fue 1992 con su colaboración con Lou Reed y su nominación al Grammy por su álbum All The Way. Desde entonces Jimmy Scott ha grabado 7 discos de estudio conjugando material nuevo, standards del jazz y el góspel y atreviéndose con piezas de Pop. En sus primeros discos de esta nueva etapa rescató clásicas composiciones de Jazz y la música ligera (Cole Porter, Gershwin, Duke Ellington o Johnny Mercer entre otros) imprimiéndoles su aura decadente, su voz quebrada apoyada en las cuerdas, siempre con ese aire lánguido que rompe el alma de quien las escucha. En su tercer trabajo, Heaven, además de una serie de espirituales comienza a incluir canciones que parecerían estar alejadas de su universo, hecho que le da profundidad a su propuesta, como la canción que da nombre al disco, original de The Talking Heads, People Get Ready de Curtis Mayfield o When He Returns, de Bob Dylan. Esta formula atrevida funcionó a las mil maravillas y dio alas para investigar en ella en el futuro.

La consolidación de dicha fórmula llegó en 1998 con Holding Back The Years, en el que Scott interpreta un cancionero eminentemente Pop y las acerca a su terreno.  De entre todas ellas destacan las adaptaciones de Elton John (Sorry seems to be the hardest Word), John Lennon (Jealous Guy), Brian Ferry (Slave to Love) y Prince (Nothing Compares 2 U). Podemos decir que Holding Back The Years es la cima de su carrera, al menos en cuanto a atrevimiento. A partir de entonces volvió a un terreno más reconocible, el de intérprete de canciones de Jazz, salvo en algunas contadas ocasiones. No obstante, y a pesar de no haber seguido profundizando en esa vía, sus grabaciones siguen teniendo momentos memorables.

A Holding Back The Years seguirían discos como Mood Indigo, Over the Rainbow, But Beautiful y Moon Glow donde Scott hace suyos clásicos de Bing Crosby, Duke Ellington, Irving Berlin, Leiber –Stoller o The Beatles además de clásicos tradicionales como When You Wish Upon A Star (junto a Freddy Cole) o Strange Fruit. Desde 2003, año de publicación de Moon Glow, han aparecido multitud de recopilatorios, grabaciones antiguas y en directo con material de Jimmy Scott. Ese hecho da la dimensión del artista que siempre fue y que por fin el tiempo reconoció.
Aunque de manera esporádica sigue realizando algún que otro concierto actualmente vive casi retirado junto a su esposa Jean McCarthy con la que se casó en 2003. Una plácida tercera edad llena de reconocimiento de un público que a punto estuvo de perderse su arte. En casos como el de Jimmy Scott podemos decir que sí que existe algún tipo de justicia en la industria de la música, aunque esta llegase algo tarde.