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Por Álvaro Tejero

Llegó el momento. Comienza mi andadura en Cine y Otras Drogas. Tengo el encargo de hablar de cine actual; pero dentro de este, prefiero hacerlo sobre aquellas películas que pasan desapercibidas por nuestras salas o directamente no se estrenan, como es el caso.

La Vida de Flynn (mucho más significativo el título original en inglés: Being Flynn) podría considerarse una secuela encubierta de Taxi Driver. ¿Sale Robert De Niro? Sí. ¿Se nos muestra esa parte de la vida que no queremos mirar? También. ¿La violencia y la sangre terminan manchando la pantalla? No.

Como las prejuicios nunca desaparecerán y Robert De Niro se ha empeñado en ir tirando su prestigio en multitud de películas queda la sensación de que cada nuevo proyecto que toca no vale la pena y casi todas las opiniones sobre sus trabajos terminan con la pregunta: ¿Cuánto hace que De Niro no sale en una buena película?

Claro que ha hecho mierdas, qué gran estrella no ha participado en la parte final de su carrera en cintas infumables, pero esa pregunta olvida sus trabajos en Stardust, Todos están bien, Stone, El lado bueno de las cosas y la que nos ocupa. Además, ¿De verdad alguien cree que el señor De Niro tiene algún tipo de responsabilidad con el cine? Ya ha hecho bastante.

La Vida de Flynn es una de las mejores películas del año pasado y uno de los grandes fracasos. Razones: merecida calificación R, un director sin nombre, un auténtico paseo por el lado oscuro de la vida y una imagen de Norteamérica y el mundo desarrollado que nadie quiere ver. Porque está muy bien protestar, pero cuando se muestra la realidad a la cara sin ser maniqueo ni rollito indie eso ya no gusta a la mayoría de crítica y público. Consecuencias: 500.000 dólares de taquilla en USA y estreno directo a DVD en España.

No quiero olvidar la referencia a Taxi Driver. Jonathan Flynn (el personaje de De Niro) podría ser perfectamente Travis Bickle 26 años después. Sigue conduciendo un taxi, despotrica sobre toda la escoria de la sociedad, lúcido en su locura, un superviviente solitario y que pierde la cabeza en cualquier momento con ataques de ira. Tuvo un hijo, pero lógicamente la relación no funciono y abandono a la madre y al niño. Aparte de todo esto se autoconsidera uno de los 3 mejores escritores de la literatura estadounidense gracias a su novela aun sin concluir. Un creador sin reconocimiento. Una auténtica ganga de personaje que le sirve a De Niro para componer una actuación de primera.

Pero Jonathan Flynn es el supuesto secundario. La película se articula a través de su hijo, Nick Flynn, interpretado por Paul Dano y el personaje real autor del libro en el que se basa la obra. Nick Flynn es un joven que deambula por la vida sin enfrentarse a ella, marcado por su infancia sin padre y una madre (brillante Julianne Moore) casi siempre ausente pasa poder sacarle adelante, y que al empezar a trabajar en un albergue social se encontrará con su padre entre los  inquilinos diarios del mismo. Esta pequeña pero potente premisa le sirve al director y guionista Paul Weitz (Un Niño Grande) para ofrecer un drama sin concesiones que solo puede chirriar un poco con ese final más o menos feliz y un tanto abrupto (pero real en este caso, no edulcorado).

Habla de la miseria, de los vagabundos, de la vida en la calle y los pequeños detalles que  pueden llevarnos de vivir cómodamente en un piso a dormir en un banco; del verdadero trabajo social (aquí los trabajadores del albergue no son jóvenes con ganas de salvar el mundo aprovechando el sustento de sus padres, son también personas pérdidas y con sus propios problemas), de la brecha económica cada vez mayor en nuestra sociedad, del suicidio, la culpa,  de la esquizofrenia o las drogas (tranquilos que la cámara no empezará a moverse como loca para simular sus efectos, no la dirige Danny Boyle o Aronofsky por suerte). Todos temas alegres como se ve, pero llevados con suma elegancia por el director utilizando como recurso a ambos personajes como narradores de la vida del otro.
Pero por encima de todo sobre la creación y la paternidad. La lucha de todo hijo por separarse del camino de su padre (algo que es imposible, queramos o no la herencia familiar nos marca) y la necesidad paterna de comprender su creación.

Robert De Niro dice en la película: soy un superviviente. Al fin y al cabo esa es la decisión que debemos tomar: seguir luchando o coger una pistola y acabar con lo que no nos gusta. Los Flynn  deciden seguir luchando. Veamos por qué.

Y atentos a la gran selección de canciones que suena durante toda la película.

NOTA: 9