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Por Álvaro Tejero

No he leído El Hobbit y por tanto no me importa la fidelidad con el libro (algo que nunca debería importar), pero como sí he visto la extraordinaria trilogía de El señor de los Anillos voy a jugar al error en el que caen muchos análisis sobre la película: voy a comparar ambas trilogías.

El señor de los Anillos es una gran tragedia, una historia enorme en el que todos los personajes trabajan para conseguir un objetivo común: la destrucción del anillo. En El Hobbit esto no es así, cada uno persigue su propio objetivo dentro de una aventura extraordinaria. Casi todos los personajes son egoístas, rencorosos, codiciosos e incapaces de colaborar e incluso olvidar. De ahí proviene la desgracia que se cernirá sobre la Tierra Media en el futuro.

Thorin y Bilbo no son Aragorn ni Frodo. Pero no son peores, solo distintos ya que son películas diferentes (obviedad que no está de más recordar). Thorin no es un héroe puro y sí quiere recuperar el poder que perdió su familia y obtener venganza; Bilbo es mucho más complejo que Frodo y jamás podría destruir el anillo. Todo esto se ve en 2 escenas claves de La desolación de Smaug (el ensañamiento de Bilbo con una criatura en el Bosque Negro para recuperar el anillo y la amenaza de la espada de Thorin sobre el cuello del hobbit en plena lucha con Smaug). Dos escenas oscuras en una película realmente seria en sus planteamientos y de una tristeza que envuelve todo con su oscuridad. Se acusa a la nueva trilogía de infantil, nada más lejos de la realidad. Es aventura, pura fantasía heroíca. No confundamos términos.

La Desolación de Smaug es superior a su antecesora al ser más compacta y centrarse completamente en las peripecias de sus protagonistas. No cuenta con una introducción larguísima y conecta con la trilogía del anillo a través de la historia y los personajes (no mediante escenas aisladas en las que se cuela de pegote Frodo o Saruman). Le sienta bien dejar un poco apartado a Gandalf y la introducción de los dinámicos elfos. Construye personajes con vida propia como Tauriel y el Bardo y crece con la magnífica historia de amor imposible. Todo ello al servicio de una sucesión continúa de aventuras a través de diversos escenarios. Sin bajadas de ritmo y basadas en sensación de movimiento constante.

Jackson vuelve a obrar magia con una dirección perfecta y cada vez menos evidente, la más fina de su carrera. Se nota que ama lo que cuenta, dejando en pañales a la mitad de directores actuales con esas escenas de lucha en las que el espectador se entera de absolutamente todo (menudo montaje) y combinándolas con momentos intimistas aun más inspirados (la conversación entre Tauriel y Kili con una reja de por medio es ejemplar); ya que la grandes películas de aventuras no funcionan sin personajes y buenas conversaciones entre ellas.

Después de una primera hora y media sin descanso y conseguir que uno se enamore de Evangeline Lilly sin vuelta atrás…llega Smaug. Un personaje a la altura de Gollum, que se come la pantalla con unas diálogos apoteósicos perfectamente recitados por el trabajo vocal de Cumberbatch, pero cuyo poder de destrucción se le va un poco de las manos a Jackson hasta encontrar ese final que habrá provocado una úlcera a George Lucas (¡cómo no se me ocurriría hacer eso con Star Wars! se dirá una y otra vez en su rancho).

Dos horas y media de puro espectáculo que no decae en ningún momento. Espíritus, orcos, elfos, reyes y dioses, bestias de todo tipo, luchas entre magos, comedia y acción, muerte, oscuridad y fuego. Todo ello de la mano de personajes que luchan contra su pasado.

Tres apuntes finales:
-atentos al cameo de Peter Jackson
-atentos a la referencia a Gimli
-Y por favor: ¡¡nadie va a hablar del estupendo trabajo de la segunda unidad!! la dirige GOLLUM- ANDY SERKIS.

NOTA: 9’5