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Por Ivanckaroo Banzai


…con bífidus activo

Hubo en tiempo en que Peter Jackson hacía películas con menos de 200 millones de mortadelos como presupuesto. Sí, sí; no es una inocentada ni una leyenda urbana. Incluso ha actuado en sus propias cintas, más allá del puro cameo, haciendo más de un personaje sin necesidad de que Andy Serkis se metiese en un mono azul con electrodos frente a una pantalla verde. Y créanme, se le daba sorprendentemente bien. Las películas eran dignas de verse por entretenidas y bizarras, y a nivel actoral… bueno, hace el ridículo y sobreactúa pero se lo perdonamos por que sus papeles lo exigen. Este es el caso de su ópera prima cuyo título es toda una declaración de intenciones.

Unos alienígenas con muy pocas luces para dominar los viajes interplanetarios llegan a un poblado costero de lo que entonces era Nueva Zelanda, hoy Tierra Media. Allí se disfrazan de personas humanas y abducen al populacho con intenciones aún más grimosas que las ya célebres sondas anales. Por supuesto el gobierno conoce la existencia de estos seres y manda a la clásica agencia ultrasecreta a investigar y, si se tercia, patear sus marcianos culos de vuelta al espacio. Una de las gracias de estas cintas de paupérrimo presupuesto es ver cómo el guión pretende impregnar de mucho rigor y aura de comando de elite a tres mataos con walkies, pistolas de cuando la Guerra de Crimea y un coche con aspecto de haber sido rescatado in extremis del desguace. Se lo perdonamos porque Peter Jackson en ningún momento pretende que nos lo tomemos en serio; sólo quiere que acompañemos a los protagonistas en sus absurdas aventuras. Para que nos entendamos, en ningún momento aparecen midiclorianos ni hay un personaje que diga parecemos cutres para camuflarnos. En el mundo de Mal Gusto, cuando un cuerpo estalla se ven unas manos detrás de una roca lanzando un cubo de sangre de pega… y aquí no ha pasado nada. Es la única manera que tenían de hacerlo con ese presupuesto y además pega con el tono del film.

Hay casquería, situaciones asquerosas, líquidos de aspecto repugnante y toda la parafernalia que una buena peli gore debe tener, siempre partiendo desde lo cómico y exagerado. Para fantasías sanguinolentas de directores obsesionados por grabar la tortura más realista y rebuscada posible, tienen las tonterías onanistas de Eli Roth o las ridículas secuelas de Saw. Si son aficionados a las repugnancias, les recomiendo que busquen en youtube vídeos de gente drenándose quistes en el jardín u operaciones a corazón abierto; más real imposible e incluso instructivo.

Salvo los 4 actores amateurs con frases en el guión, el resto son meros extras, así que no esperen actuaciones dignas de estudiar en academias de interpretación. No hace falta.
La peli pasa como un suspiro saltando entre gags de gran agudeza, slapstick, acción… Peter Jackson se atreve a hacer ciertas virguerías caseras con el montaje y su mano tras la cámara tiene la firmeza y decisión del que sabe lo que hace y además le encanta.

De culto.

Nota: 7