jueves, 9 de enero de 2014

Crítica: Frozen

Por Iván Fanlo



Felicidad. Así es como sale uno del cine tras ver en pantalla grande Frozen. Un film que hubiera merecido estar en nuestra lista de lo mejor del 2013 y que por dejadez no hemos podido ver antes. Y es que la nueva obra de Disney es tanto una magnífica película de animación para toda la familia, como el mejor musical en mucho tiempo.



El mejor acierto de Frozen, sin ninguna duda, es el equilibrio que logra mantener entre clasicismo Disney  y renovación -sin ser una obra transgresora, no llevemos a nadie a engaño-, seguramente causado por los perfiles algo distintos de los dos directores, Jennifer Lee y Chris Buck.

Lo que a priori parte como una trama con ecos a otros films de la compañía y sus típicos personajes rechazados, como La bella y la bestia o Cenicienta, aquí consigue dar una pequeña vuelta de tuerca. De hecho, el film llega a dinamitar alguno de los grandes pilares-Disney: la aceptación total del antiheroe como protagonista (que ya vimos en ¡Rompe Ralph! o Brave), la ridiculización del amor a primera vista, proponer como aceptable el coqueteo con alguien ya comprometido e incluso reconocer la anormalidad o los defectos de la protagonista como algo positivo. Mientras que en La bella y la bestia la redención final, a través del amor,  convertía al horroroso protagonista  de nuevo en humano, esta vez Elsa, no sólo acepta su castigo como su verdadero yo, sino que lo proclama a los cuatro vientos (así lo deja claro el  tema principal de la bso, que seguramente ya estaréis hartos de escuchar).

Pero como he dicho antes, tampoco nos podemos engañar. Frozen adolece de muchos de los clichés de la productora, como ese benevolente y rápido final o su empeño en considerar el amor como la salvación total ante todo. Por muy renovados que soplen los vientos desde el imperio de Mickey, Frozen sigue siendo Disney.

El film también tiene otros grandes aciertos, como la recreación en el humor tonto (que ya les dio buenos resultados en la más que destacable Enredados) mezclado con el drama clásico, el flirteo con la intriga palaciega, un guión con sorpresas que no trata a los espectadores adultos como tontos, sus excelentes números musicales perfectamente integradas con la trama (los primeros 30 minutos del film son perfectos, dignos del mejor Broadway), una buena banda sonora, el gran trabajo de los actores de doblaje originales (Kristen Bell, te queremos) o una calidad técnica admirable.


Los tiempos cambian, y Disney parece hacerlo con ellos. Por lo menos un servidor esta disfrutando con sus nuevas producciones y de momento me subo al barco e incluso me aventuro a soñar despierto: ¿Puede que hasta los próximos Star Wars estén bien? 

Si le tengo que sacar algo malo a la película, es que haya tardado tanto en verla.


Nota: 7,5


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