jueves, 6 de febrero de 2014

Crítica: Braindead, Tu Madre se ha Comido a mi Perro

Por Ivanckaroo Banzai



A la parrilla sabe mejor

Mientras en España flipábamos con las Olimpiadas, nos gustaba el ciclismo porque los españoles ganaban todo, nos aburría la fórmula 1 porque los españoles ni existían y cenábamos con Pérez-Reverte contándonos cómo era la movida en Sarajevo, en Nueva Zelanda se estrenaba una película gore. LA película gore. Sin desmerecer a otros títulos de corte similar como Terroríficamente muertos que ya comentamos en esta santa casa (autobombo), es este Braindead de Peter Jackson el máximo exponente del género: casquería, humor negro, situaciones rebuscadísimas de ¡agh, qué asco!, apariencia de normalidad y tono desenfadado en un mundo absurdo plagado de situaciones que harían vomitar a un forense necrófilo caníbal... con el objetivo de entretener. Muchos de nuestros lectores recordarán las risitas tontas ante las hipnóticas guarradas de los cromos de la pandilla basura o los ¡hala, chaval, parece un moco gigante cuando se puso a la venta el blandiblub. Eso es gore. También lo son supuestamente Holocausto caníbal o Nekromantik, pero servidor las pone en una esquinita cerca de las pseudo-snuff  malosas, transgresoras y avant-garde-provocateur-te-lo-juro-por-Steve-Jobs'.


En el 92 aún no existía el método Vaughan, no sabíamos inglés más que los desgraciados que nos perdíamos Oliver y Benji porque los papis preferían que fuéramos a academias de idiomas, y los títulos de películas intraducibles al castellano se sorteaban añadiendo una estupidez; en este caso fue lo de tu madre se ha comido a mi perro, entendemos que para que el espectador pillara mejor el tono general de la cinta mejor que habiéndola traducido por Cerebromuerto, que habría quedado feo y aún más ridículo. Hoy en día ese tipo de apostillamientos y traducción libre de títulos ha quedado relegado al mundo del porno (con descacharrantes resultados).
Además... la madre se come al perro; ya es una verdad mayor que la que nos venden últimamente con los trailers de hoy en día, así que no podemos quejarnos.
Esta es sin duda la obra magna de Peter Jackson, por mucho que a niveles cósmicos se le recuerde más por abrir las fronteras del frikismo a los no iniciados con sus versiones de Tolkien.
Pasaré a destripar la escena inicial: unos exploradores portando una jaula huyen de unos aborígenes con muy mala pulgas porque han capturado un ejemplar de rata-mono de Sumatra (!?) y pretenden llevarla un zoo de Nueva Zelanda. Consiguen escapar pero uno queda con varias mordeduras y arañazos del bicho por todo el cuerpo que sus compañeros nativos inmediatamente comienzan a filetear con pánico hasta llegar a la cabeza y ¡CHOF!, comienzan los títulos de crédito. A partir de ahí nos trasladamos a la Nueva Zelanda de los años 50 donde la rata-mono, ya en el zoo, inoculará un virus a una vieja conchuda que... y hasta ahí puedo leer.


Desparrame sanguinolento es lo que se podría decir de la película, que vuelve al tono grotesco y de humor asqueroso de Mal Gusto pero multiplicado por cien. Los efectos especiales son todos físicos, y pese a que en ocasiones canten exageradamente, en otras sorprenden por su realismo y audacia; en ambos casos están integrados perfectamente en la gamberrada global.
Una de las curiosidades de Braindead entrando ya en lo formal es que centrando casi todo el metraje en la pareja protagonista, hay multitud de secundarios perfectamente plasmados al detalle tan sólo con entrar en escena: el cura karateka, el rockabilly, el primo gorrón, la amiga tontita, el matrimonio chapado a la antigua, la adivina... Eso es mérito de guión y puesta en escena, algo muy sencillo a simple vista pero dificilísimo de conseguir.
Hay escenas míticas por doquier siendo una de esas películas perfectas para contar a alguien que no la haya visto y hacer que tenga ganas de verla.
De la pareja protagonista su carrera no ha trascendido más allá de esta Braindead: Tim Balme se quedó en Nueva Zelanda haciendo peliculillas y series. Sería interesante saber cómo narices acabó Diana Peñalver en Wellington actuando en una peli gore; por aquí (aunque lleva años muy desaparecida) la recordamos por la serie de TV Chicas de hoy en día y varios papeles secundarios en el cine patrio de los 80.
Echamos mucho de menos a este Peter Jackson. Pero mucho.


Nota: 9


4 comentarios:

  1. Peliculón y pedazo de revisión. Todo lo bueno de Bad Taste, y con mucho más presupuesto. Claro que tenía que pagar los 30.000 litros de sangre que se comenta que emplearon. ¡Dinero bien gastado!

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  2. Parece ser (según leo en otro blog) que iba a haber dinero español en la película. Iba a ser una coproducción entre España, Japón y Nueva Zelanda y aunque al final la producción española se retiró Peter decidió quedarse con la Peñalver.

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    1. Si, algo así! Ivanckaroo no lo sabía, pero Peter Jackson comenta que en Cannes, en 1988, conoció a Andrés Vicente Gomez y Fernando Trueba y se intentó hacer una co-producción entre España y Nueva Zelanda. Se llegaron a hacer castings en Madrid y se decidió que la novia sería española, pero el proyecto se abandonó hasta 1990 y ya se había perdido todo eso, pero mantuvieron al personaje de Diana Peñalver.

      Fuente: Sangre, sudor y viscera. Historia del cine gore; Manuel Valencia y Eduardo Guillot; Editorial La Máscara; 1996.

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    2. Lo que me lleva a repreguntarme... ¿cómo narices acabaron Trueba y Gómez en un proyecto así, cuando en sus filmografías no hay nada parecido? Sí, vale, comedia, pero...
      Y sobre todo, ¿por qué no han hecho ellos cosas así en España?

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