jueves, 20 de febrero de 2014

Crítica: Robocop 3

Por Ivanckaroo Banzai



Érase una vez una serie de televisión americana muy exitosa llamada Happy Days; en ella, aparte de actuar Ron Howard, aparecía un personaje molón que caía bien a todo el mundo y forma aún hoy parte de la cultura popular americana: Fonzie. Como esa serie no llegó a España, muchos nos rascamos la cabeza preguntándonos qué carajo quería decirle Samuel L. Jackson a Amanda Plummer en Pulp Fiction con Fonzie era tranqui, o por qué Homer Simpson quería la cazadora del dichoso Fonzie. Pues bien, tras varias temporadas en antena, los guionistas de Happy Days decicieron que Fonzie tenía que molar cada vez más y chupar más cámara, tanto... que en un capítulo le pusieron a hacer esquí acuático saltando por encima de un tiburón. El pueblo americano exclamó al unísono "¡qué chorrada!" y apagó el televisor o cambió de canal. Esa escena supuso la muerte de la serie y acuñó un término popular que se usa actualmente para marcar cuándo algo se pasa tres pueblos en su intento de no cansar. Cuando Steve Urkel se clonó/dobló a si mismo en Cosas de Casa, saltó el tiburón; cuando Joel Schumacher puso pezones al traje de Batman, saltó el tiburón. En Robocop 3... Murphy pelea contra ninjas robóticos y vuela.

Telefilme que se estrenó en cines, Robocop 3 es tan tonta como mala, y mala lo es y mucho.


De nuevo Frank Miller se encargó del libreto, y otra vez metieron mano al guión hasta tal punto que el famoso creador de Electra decidió no pisar Hollywood hasta una década después con Sin City. Teniendo en cuenta cómo le quedó The Spirit cuando tuvo vía libre para hacer lo que quisiera, entendemos por qué en Robocop 3 le dijeran "que lo reescriba otro". Por supuesto, se ven todos y cada uno de los tics habituales de Miller: katanas, niños valientes que participan en la taréa del héroe, villanos cobardes y sin integridad alguna, muertes de seres queridos como detonante de una venganza. Si de algo sirve este guión es para quedarse a gusto usándolo para collejear sin cesar a los mesías de la correción política que se rasgan las vestiduras tildando a Frank Miller de fascista, sexista, belicista y cualquier ista que suene feo.

En el Detroit del futuro, la O.C.P. ha decidido desahuciar un barrio entero de Detroit como cobro de las deudas del ayuntamiento (no se explica cómo es que todas las casas son públicas y no hay ni una sóla propiedad privada que quede libre de deudas ajenas). Para ello la corporación de facinerosos contrata a unos paramilitares muy chungos que matan ancianitas y comen niños, o viceversa, y hasta se van de putas. El barrio se rebela al grito de "cerdos capitalistas" para defender sus hogares y monta una resistencia subterránea liderada por una activista experta en explosivos, una niña hacker y la fisioterapeuta de Robocop. Personajes femeninos activos y resistencia barrial contra los desalojos, muy facha todo.


A tramos aburrida, a tramos ridícula, Robocop 3 deja escenas tan idiotas como ver al presidente de la O.C.P. achantarse ante su propio empleado, el jefe de los mercenarios, hasta regalarle la empresa o ver un robot ninja contemplar impertérrito cómo Robocop, tirado en el suelo, coge un arma, se la acopla al brazo, apunta a la cara a bocajarro y dispara. Y repito, Robocop vuela.

Nada ni nadie destaca en este fracaso de crítica y taquilla que supuso el fin del madero mecánico. Hay incluso escenas que parecen suecadas como el ataque de Robocop al centro de mando de los malos en la comisaría, y me refiero a 'suecadas' por cutronas más que por graciosas.


Nota: 1,5


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