martes, 18 de febrero de 2014

Crítica: Robocop

Por Ivanckaroo Banzai


¡¡¡Se la compro por un dólar!!!

Un cuarto de siglo después de su estreno y a falta de que en la archiconocida ciudad del motor y  hogar de los Pistons coloquen, previsiblemente este año, una estatua del mitad hombre, mitad máquina, todo policía, de cuatro metros de altura en bronce (noticia real)... no hacía falta remake. En absoluto. No me malinterpreten, no soy ni de lejos un hater y si la nueva Robocop es al menos entretenida aunque no alcance ni la mitad del nivel de la original, me alegraré de que la hayan hecho. Pero a priori no era en absoluto necesario reciclar un clásico que ni con el paso de tantos años ha perdido absolutamente nada. Ni siquiera desde el punto de vista técnico cambiaría un efecto especial, una maqueta o un robot en stop-motion de la original por lo que un ordenador con un 'pentium' muy gordo pueda crear digitalmente. Si la Robocop de 1.987 hubiera estado oculta en una caja en el sótano de Verhoeven y se estrenara hoy, habría colado sin problemas como una película de esta década; o no, por que es incluso demasiado buena para aparentar ser actual.


Todos sabemos la historia: En un futuro Detroit distópico cercano a un sueño húmedo capitalista, hasta los servicios elementales como la seguridad pública han pasado a manos de una corporación privada (por la nefasta gestión del cabildo elegido por los ciudadanos, no crean que ni en la ficción las cosas pasan porque sí), la O.C.P. Alex Murphy es un madero americano, muy profesional, de trayectoria impoluta y más bueno que el pan, al que trasladan de un barrio residencial de las afueras al barrio de las 3.000 viviendas de allá. Como es evidente encara su nuevo destino con ganas de acción, aburrido de rescatar gatitos de los árboles. La marcha se la acaban poniendo a él en el cuerpo una banda de malos malísimos que lo descuartizan a tiros literalmente. Al ser su cuerpo propiedad de la empresa y andar con huelgas, convierten lo que queda de Murphy en una máquina de matar con el propósito de ahorrar salarios, dar opio al pueblo y barrer de costrosos el centro de la ciudad para edificar las torres Kio, Plaza, la Expo, Puerto Venecia, el tranvía y Eurovegas todo en uno.

No pudo entrar con mejor pie el director holandés Paul Verhoeven en Hollywood. Durante la década que va del 85 al 95 más o menos, sus películas se recibían con regocijo; sea por formar uno de los pilares del ascenso de la serie B a la categoría blockbuster, por entretenimiento, por calidad, o por atreverse a poner en películas comerciales cosas que hoy, sinceramente, no hay huevos de poner; como ejemplo tenemos la casquería en Robocop, la violación semiconsentida en Los Señores del Acero o el hecho de haber rodado el primer videojuego en formato cine de la historia, esto es, Starship Troopers (hay rol, hay shooter, hay aventura gráfica, hay mazmorras... hasta hay menús de carga entre pantallas con opciones). Todo un visionario. Con Showgirls se le acabó el chollo.
En Robocop, su tratamiento de la violencia es explícito y serio; los heridos se duelen y mucho, familiares que sufren, hay amputaciones, cuerpos corroídos que estallan, los malos riéndose... Lo que hace tolerable esa ultraviolencia es el tratamiento que da el mundo en el que transcurre la película a esa violencia: la vanaliza, la ridiculiza. A ello ayudan mucho los gloriosos e hilarantes segmentos, a los que debe mucho Futurama,  donde se muestra la programación de la televisión en ese futuro.


En cuanto al plantel de actores, todos parece que nacieron para los papeles que interpretan: Peter Weller ES Robocop, Ronny Cox ES el veterano ejecutivo malvado, Miguel Ferrer ES el joven ejecutivo trepa, Felton Perry ES el ejecutivo discreto y lameculos, Kurtwood Smith ES el jefe pandillero inteligente y sádico, y así hasta el último extra. Aunque en taquilla su éxito no fue tanto como se pueda creer, algo lógico en una película de una violencia tan cruda, Robocop tuvo tal repercusión que le sucedieron dos secuelas, una mediocre pero entretenida y la última mala de solemnidad. También generó series de televisión, dibujos animados, videojuegos, juguetes y por supuesto cómics (servidor llegó a leer un número del Robocop de Marvel en el que nuestro querido protector de la ley es contratado por el ejército español para intervenir en una guerra con Marruecos por temas de inmigración ilegal) con los imperdibles crossovers del tipo Robocop Vs. Terminator o Robocop Vs. Agapito Iglesias.

Todo un icono de la cultura pop cinematográfica universal.


Nota: 9



No hay comentarios:

Publicar un comentario