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Por Paco Latorre

Siendo niño, aborrecía el cine de terror. Miento: me daba miedo el cine de terror. No fue hasta los doce años cuando conscientemente intuí que pasar miedo podía llegar a ser divertido y hasta curativo. Mi relación infante con el cine de terror era casi freudiana en cuanto me encantaba escuchar cómo eran esas películas cuando mis compañeros las contaban en el patio del colegio (ví Posesión infernal sin haberla visto) sirviendo como guión para mi propia imaginación. Devoraba vhs de acción, al binomio Bud Spencer/Terence Hill, serie b sanguinolenta…pero no terrorífica. Y quizás todo se debía a que el cine de terror, para mí, era ni más ni menos algo que cumplía perfectamente con su etimología: daba miedo, asustaba, y no veía placer en pasar miedo. Visto ahora me alegra ver  que para un niño el cine de terror debe de dar miedo.

Sin embargo sentía vergüenza por no poder enfrentarme a una película de terror con el  mismo coraje que mis compañeros de curso (y el día que lo intento me encuentro con Salem´s Lot; imaginad el trauma con la escenita de marras; sí, con ESA) así que me tiraba el pisto de hablar sobre películas que no había visto como si lo hubiese hecho (igual que ahora, vaya) con afán de poder entrar en el club de los valientes cuando mi mayor mérito consistía en, como mucho y tras gran entrenamiento, ir a la sección de terror del videoclub y otear la parte de atrás de los estuches.

Por supuesto de Reanimator desconocía que fuese más comedia que otra cosa, ya que leer la sinopsis y ver las fotos eran material para que mi imaginación la pariese como El Miedo hecho película, y siempre hablaba de la escena clave de la película inventada por mí a través de ese material: esa en que le pinchan con una jeringa una cabeza que se pone a chillar y explota. No hay vez en que vuelva a ver Reanimator en que no piense que le debe un favor a un niño de 8 años cuando compruebo que esa escena no existe. Luego llego algo parecido a crecer con Alien, el octavo pasajero , película que dicen es sólo una película pero todos sabemos que es mentira, y las cosas no volvieron a ser lo mismo.

Siendo más mayor y ya en plena efervescencia en la adicción a a la carne de gallina el, nunca suficientemente bien reconocido, pilar educativo que para mí fue el Videoclub Master confeccionó una sección de lo mejor del terror y el gore en sus estantes principales. Era muy curioso ver como entre todas las novedades el dueño del videoclub (llamado Ovidio, nunca un nombre fue más apropiado), coronando las varias copas de Pretty Woman o Arma letal 2 , se disponían estuches roñas voluminosos con todos los títulos que el amigo Ovidio, como buen conocedor del género y al que considero más o menos un mentor, había recopilado de la sección de terror -recordemos:era su lo mejor- y del almacén, como esa copia de Miedo en la ciudad de los muertos vivientes que tenía tanta mierda en el estuche como en los zombis de la peli. Ahí, haciendo arqueología, alquilé y vi Reanimator por primera vez; y como no puedo mandar a la mierda a Iván por pedirme hacer una reseña sobre una película que han visto hasta los plátanos y que es de las más reseñadas del mundo mundial cuento toda esta parrafada. Con lo sencillo que sería decir que Reanimator es una de las películas más divertidas que he visto en mi vida, pese a que no exista la escena de marras de la cabeza y la jeringa.