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Por Toi Brownstone

EL BAILE DEL PAÑUELO (Cruising, Willian Friedkin, 1980)

En 1980 William Friedkin, el popular director de The French Connection y El Exorcista, volvió a revolucionar el patio con Cruising, aquí traducida como A La Caza, un thriller que giraba en torno a un asesino en serie cuyas víctimas frecuentaban el ambiente gay S&M de New York a finales de los 70. Como podéis imaginar no fue una cinta demasiado popular por tocar un tema incómodo, a pesar de que figuras como Al Pacino, Paul Sorvino o Karen Allen, formaran parte del reparto.

Es curioso el detalle de que para evitar que el film fuera calificado como X, se eliminaron 42 minutos de metraje que el actor-director-tío-bueno James Franco ha intentado recrear en su documental Interior. Leather Bar. Y es que ya, habiendo pasado la censura, las escenas de ambientación de los clubs localizados en el Meatpacking district (West Village) de Manhattan no tienen desperdicio alguno: mucho cuero y denim, pañuelos de colores con un código sexual implícito, alusiones al fist fucking, folleteo a cascoporro, y esa aterradora promiscuidad de la era pre-SIDA.  Vamos, un locurón.

La escena escogida es absolutamente hilarante. Steve Burns, es decir Al Pacino, es un poli infiltrado en el ambiente, y aunque es hetero, esto de adaptarse al medio se lo toma muy en serio. En esta ocasión un tío le invita a bailar, así en plan macho alfa, y Burns acepta, aunque requiera de un poquito de popper para desinhibirse. Total, que entre el sudor, el ambientazo, la musiquita en plan Village People y el hostión que le pega el pañuelito, Pacino se casca un bailecito apoteósico. El tono azulado que va volviéndose más cálido conforme le va dando el subidón, la iluminación de las estrellas (WTF?), el efecto borroso para recrear el globazo que lleva el policía, el sumiso con la máscara de cuero, los posibles sospechosos, y el ritmo de la escena totalmente in crescendo, crean una mezcla explosiva y lujuriosa con cierto simbolismo dentro del desarrollo argumental de Cruising.

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Y luego claro, ver a Pacino, el impecable Michael Corleone, con camiseta imperio negra, pelo con permanente, las cejas pintadas de negro, y una muñequera de cuero, bailando y gesticulando lo más exageradamente posible, para mí no tiene precio, y cada vez que veo la dichosa escena, no puedo parar de reír. Y siempre me asalta la misma duda. Qué sucede a continuación una vez el policía termina completamente desbocado? Aaaah, nadie los sabe. Me encantaría que existieran audio comentarios a cargo del director que lo aclararan todo. Y pagaría más por recoger las opiniones del oscarizado Pacino al respecto. HABLO EN SERIO.