martes, 13 de mayo de 2014

Crítica: Rocky

Por Ivanckaroo Banzai



¡¡¡Adriaaaaan!!!

"Me flipa la gente que tarda 18 años en escribir algo. Ese es el tiempo que tardó aquel tío en escribir Madame Bovary, ¿y acaso ha estado alguna vez entre los más vendidos?". Eso dijo Stallone tras ganar el Óscar al mejor guión por Rocky; guión que tardó tres días en escribir.

No seré yo quien entre a debatir entre las diferencias literarias entre Flaubert y Sly, pero sí es cierto que el guión de Rocky bueno es, aunque la película ha pasado a la historia y el personaje a la iconografía pop por un conjunto de cosas; los astros se alinearon para elevarla a los altares. Si uno sólo de esos detalles se hubiera salido del conjunto, Rocky habría quedado en un aceptable drama, sin más. El casting, la banda sonora, el perfil de los personajes, incluso la iconografía con Stallone desayunando yemas de huevo o la mítica escena de entrenamiento subiendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia convierten a Rocky en un referente cultural que ha engendrado 5 secuelas, un futuro spin-off, parodias, videojuegos...


Rocky Balboa es un boxeador de regional preferente de supuesta ascendencia italiana (ya que su apellido es gallego-leonés) que se gana la vida como cobrador de la mafia. Es demasiado tosco para triunfar en el boxeo y demasiado buenazo para partir piernas a los deudores; tan buenazo es que hasta le vacilan mocosas por la calle. Por cosas del destino se ve elegido como rival del campeón del mundo de los pesos pesados, Apollo Creed, que acongoja mucho porque es como Cassius Clay pero con mostacho y la voz de Darth Vader.

La composición de los personajes es lo que hace muy especial a este primer Rocky, característica que iría perdiendo con cada secuela y que remontó un poco en la última para cerrar la saga con dignidad. Stallone recrea un Rocky bobalicón, sanote, fracasado y aún así luchador; sabe que en la única oportunidad de su vida de resaltar va a fracasar, pero aún así prefiere vaciarse en el fracaso antes que quedarse en la nada. Rocky es un personaje al que durante buena parte del metraje uno le daría un cachete para ver si le circula la sangre, pero en todo momento resulta simpático, se hace querer y la alegría es mayúscula en el espectador cuando, pese a no ganar el combate, gana 'su' combate. El final no puede ser más feliz y justo. Talia Shire es el interés amoroso de Rocky, una tímida dependienta sin presente ni futuro; Burt Young hace de cuñado parásito a la perfección y Burgess Meredith hace el papel de su vida como entrenador de Rocky. Todos ellos fueron nominados al Óscar con justicia. Además Carl Weathers hace una versión de Muhamad Ali bastante resultona.


El director John Avildsen, sin ser precisamente Orson Welles, consigue con su estilo tosco encajar sin problemas a un plantel de tristes en una Filadelfia empobrecida, dándoles un halo de esperanza y un motivo para luchar. No en vano fue también el director de Karate Kid.

Aun siendo un dramón no se hace cargante revisar la película de vez en cuando, ya que deja muy buen sabor de boca e incluso sorprendentemente sube los ánimos, pese a lo deprimente que se ve todo en pantalla y que el chuleta de Apollo retiene el título.


Nota: 8


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