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Por Paco Latorre

Reivindicada  hasta el empacho con los años bajo un aura de clásico de los ochenta, El terror llama a su puerta es con justo merecimiento una de las campeonas del género de tan creativa década y un auténtico comodín para las reuniones de colegas con peli, birra y carbohidratos de por medio.
La reivindicación llega hasta su director, Fred Dekker, también responsable de la muy divertida Una pandilla alucinante  y que tras el marrón de Robocop 3 jamás volvió a dirigir. Una lástima.

El terror llama su puerta nace como una especie de café para todos en cuanto a figuras del género: tenemos zombis, invasión alienígena, psicópatas, babosas, fraternidad universitaria, policías cínicos y cualquier elemento prototípico de la serie b de la década, ¿dónde está el secreto? En que funciona. Funciona porque Fred Dekker sabe lo que tiene entre manos y lo ama, y porque tiene el talento de lo que podía haber quedado como un bartiburrillo sazonado a lo loco se convierta en una auténtica bomba en cuanto a ritmo e imaginativa, llena de personajes inolvidables, frases para el recuerdo (ya sabéis cual, y si no pues la veis) y una nueva muesca para esa conjunción tan ochentera entre comedia y terror (añadamos ciencia ficción aquí) que tan espléndidos resultados dio en la época; con el puslo necesario para evitar la patochada fácil o el festival de gore porque sí (aunque la peli cumple en hemoglobina y viscosidades).
James Gunn la plagió para su Slither  -con bastante gracia, todo sea dicho- y su legado puede notarse en no pocas producciones que se darían en años venideros. Para verla una, dos y hasta diez veces al año.