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Por Álvaro Tejero

No he leído el libro en que se basa Perdida, y creo que lo mejor sería ir al cine con la menor información posible sobre su argumento. Basta con su trailer, que hace pensar en un thriller criminal al uso sobre una mujer desaparecida y un marido sospechoso. Conociendo el perfeccionismo de David Fincher, desde ahí empieza a jugar con las expectativas del espectador.

Es un error juzgar el cine de Fincher en base a su premisa inicial, eso reduciría a La Red Social en un biopic o a Zodiac en una cinta de asesino en serie. A partir de esas bases en apariencia convencionales, el director norteamericano lleva a las películas a su terreno obsesivo a la vez que ofrece un retrato de una época determinada. Aquí centra su discurso en la apariencia, en la imagen que proyectamos, en cómo se construye la realidad y la dificultad de diferenciar entre la verdad y la mentira.

Así, Perdida se va transformando, va mudando de piel según sus intereses al igual que sus dos protagonistas y la sociedad que les rodea. Deja de interesar tanto el enigma o la investigación criminal para jugar con las consecuencias del mismo, con las personalidades de sus personajes, con sus intenciones;  para ser un melodrama romántico, una fábula, una sátira, una comedia negra, una cinta de terror con detalle gore, un análisis del género femenino o un thriller sexual (Rosamund Pike me ha recordado a la Sharon Stone de Instinto Básico en un par de escenas).

Por supuesto, Fincher no se olvida de que su película va dirigida al público, y durante dos horas y media ofrece un entretenimiento sin descanso, que deja exhausto por el trabajo mental al que te somete apoyado en un montaje y una banda sonora de verdadero uso narrativo y aprovechando pequeños detalles para realizar una radiografía del mundo en el que vivimos sin necesidad de evidentes manifiestos (redes sociales, televisión, victimismo de ciertos sectores, juicios públicos, crisis económica, etc)

Perdida es una película partida en dos, con sus propias reglas internas  y construida en base a continuos cambios de punto de vista entre los dos protagonistas (inmensos Ben Affleck y Rosamund Pike) a cada cual más manipulador. La mayor virtud de la cinta es conseguir que nunca sepamos si un personaje está diciendo la verdad, está contando una mentira o se la está llegando a creer. Todo el mundo esconde algo.

Pero sobre todo, Perdida es una película realmente adulta, hipnótica, fascinante, incómoda y realmente provocadora en muchas de sus afirmaciones y propuestas. El guión de Gillian Flynn ofrece una visión de la sociedad, de las relaciones de pareja y de ambos géneros fuera de lo políticamente correcto. Hay algunas voces que la acusan de cierto machismo, yo creo que trata a ambas partes por igual. Dejo una frase de la escritora sobre el tema:

«Hay muchas mujeres que luchan tanto como los hombres por ser buenas, pero que no pueden. Hacen el mal y son violentas. Yo quería hablar sobre ello. Todavía existe un contexto dominado por estereotipos y culturalmente seguimos pensando que las mujeres no hacen esa clase de cosas, que son más amables y mucho menos proclives a la violencia. La realidad no es así».

Nota: 10