Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

Por Ivanckaroo Banzai

Ninjaaaa… Ninjaaaa Rrrrrrap!!!

Hay que ver el hambre que deben pasar los productores en Hollywood que no sólo hacen remakes de películas estrenadas hace un par de viernes, sino que además hacen reboots de franquicias más que agotadas.
Las tortugas ninja surgieron a mitad de la gloriosa década de los 80 como una parodia, un oscuro cómic alternativo en blanco y negro creado por el dúo Eastman – Laird y que a la velocidad del rayo se transformó en todo un fenómeno juvenil. Con series televisivas de animación e imagen real, merchandising, videojuegos y nada menos que una saga de cuatro películas (la última de ellas de animación). Ni habiendo pasado 30 años han dejado de ser una máquina de hacer dinero.
Las Ninja Turtles ya no son las Teenage Mutant Ninja Turtles; ni siquiera se han traducido como “Tortugas Ninja”. Seguramente las buenas mentes encargadas de la localización internacional han pensado que da mucho asco que sean mutantes y que el nuevo diseño pasado por esteroides de los quelonios no encaja muy bien con un adolescente.

Como es un producto Michael Bay uno sabe qué es lo que va a ver: pirotecnia, efectos especiales y un guión que cabe en la parte trasera de una caja de cereales, con más o menos el mismo valor narrativo que dicha caja. Bien es cierto que todos los temores que se tenían en esta película sobre violar el recuerdo de aquellas Tortugas Ninja ochenteras quedan en agua de borrajas; la cosa no es tan mala como se presagiaba. Entiéndame, es aburrida, insulsa y tonta; pero ni de lejos la catástrofe que se decía que iba a ser. Los malos augurios venían del temor a “actualizar” o cambiar las tortugas no sólo en su diseño. Pues bien, las tortugas siguen siendo más o menos las mismas. Leonardo es el líder estirado y sargento que todos recordamos, Rafael es el individualista que todo se lo toma a mal, Michelangelo el payaso y Donatello el listo. Quizás este último es el único que ha sufrido un notable cambio en su personalidad, pero se lo perdonamos porque se debe a lo que decía Dylan de que los tiempos están cambiando: mientras que en el 89 Donatello era algo más parecido al amigo divertido y tranquilo que te formateaba el ordenador y sabía cosas de mecánicos, ahora es un genio hacker nerd y apocado con mochila de protones robada a los Cazafantasmas y gafotas como las de Goggle que te dicen al segundo cuánto porcentaje de hielos tiene un cubata y cuánto tardará en aguarse. Los personajes está muy definidos, tanto que a veces corren el riesgo de que sus personalidades se hagan insoportables para el público. Por ponerles un ejemplo, hay veces que Rafael es tan tan duro o Michelangelo tan tan payaso que dan ganas de hacer sopa con ellos. Por suerte en el guión han mantenido la regla de oro para hacer que un personaje muy estereotipado no se convierta en Jar Jar Binks: cuando una de las tortugas está a segundos de hacerse insufrible, las tres restantes la acollejean justo a tiempo para equilibrar la balanza.

En cuanto al aspecto de las tortugas se agradece el intento de hacerlas diferentes entre sí por algo más que el color de sus antifaces, pero yo me quedo con lo majas y resultonas que eran las tortugas de las primeras películas, con actores dentro de kilos y kilos de goma y cabeza animatrónica; no importa cuánto se invierta en ordenadores muy gordos o lo buenos que sean unos animadores digitales. El C.G.I. canta y siempre cantará más a falso que algo físico.
Leonardo es el que tiene un aspecto, al menos en su cabeza, más similar a las tortugas ninja de toda la vida; su cuerpo por otro lado es el de un rinoceronte. Donatello sin embargo se parece más físicamente a las tortugas de 2007, con una estatura más normal y delgado. Michelangelo parece el primo tonto de los goombas de la película de Super Mario y Rafael… habría tenido pesadillas con él de haber visto la película con 5 años: un armario de dos por dos metros con la cara de mala virgen de Ice Cube una mañana de resaca. Fatal. Splinter está muy bien hecho la verdad… pero parece Fumanchú con esos bigotillos y ese moño.

Y eso es todo. Eso es lo importante en algo que tenga que ver con las tortugas ninja.

La trama es una idiotez contradictoria que no les voy a reventar y el origen de las tortugas una bobada. El malo es un multimillonario cuya motivación es “ser inmensamente rico” como si no lo fuera ya; de no ser por los mil y un ejemplos que tenemos en España de ricachones que delinquen estúpidamente para tener 40 Ferraris en vez de 39, no resultaría nada creíble como villano. Shredder sale por ahí sin más personalidad que la de su armadura. Megan Fox se pasa todo el metraje intentando parecer una mujer seria y ambiciosa y acaba como siempre: con su culo en primer plano. Incluso sale en pantalla Whoopie Goldberg los suficientes segundos para poder pagarse la permanente.

No diré que es decepcionante porque no se esperaba mucho de ella, pero las tortugas han tenido mejores tiempos. Recomiendo encarecidamente disfrutar de su primera aventura en los cines que data de 1.990 y de la que hablaremos más adelante, o disfrutar vía emulador del arcade TMNT o la perla de Supernintento TMNT: Turtles in time.

Nota: 2,5