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Por Álvaro Tejero

Interstellar es la película más ambiciosa de las hechas hasta ahora por Christopher Nolan, pero también una de las más irregulares y torpes. El director norteamericano ha tenido entre sus manos un juguete tan grande que no ha sido capaz de controlarlo completamente.  Envuelta su historia en una aparente odisea de ciencia-ficción casi metafísica, Interstellar termina siendo ante todo un drama paterno-filial en el que el amor aparece como la clave para todos los enigmas y problemas de la humanidad.

Así, la película aborda una gran cantidad de dilemas pero no profundiza en la mayoría de ellos lastrada por esta dualidad entre la libertad del espacio y las ataduras de la tierra: la capacidad destructora del ser humano, la lucha agónica por dejar su huella y sobrevivir, su carácter explorador desde el principio de su historia, las alteraciones temporales y sus consecuencias, la búsqueda de lo desconocido o la necesidad de encontrar respuestas vitales, etc. A la vez que Nolan quiere dejar su opinión sobre temas universales como la maldad, la educación, el amor, la ciencia… pero lo hace mediante monólogos estáticos de sus personajes rompiendo el ritmo de la película, jamás a través de sus acciones; y francamente, no es Aaron Sorkin escribiendo diálogos.

Además, falla en la construcción de personajes, convirtiendo a muchos de ellos en simples actores (Jessica Chastain, Michael Caine, Casey Affleck, los compañeros de Hathaway y McConaughey en la nave) que salvan con su talento el vacío de sus papeles.

Interstellar no decide qué película quiere ser (con apuntes innecesarios de acción) y tras un inicio prometedor sufre continuos parones cada vez que la cámara apunta a la Tierra con una trama familiar que sobra en todo momento y alcanza su peores momentos en una escena con un montaje paralelo deficiente; problema, el del montaje que sobrevuela todo el metraje y sólo es capaz de brillar en una de las elipsis.

Puede parecer que estoy destrozando la película, pero simplemente intento corresponder a la ambición de Nolan. Interstellar alcanza grandes momentos, casi todos ellos en la inmensidad del espacio (eliminando las aburridas e innecesarias discusiones científicas) con un par de escenas espectaculares y que consigue volar libremente en una parte final que abraza la serie b a pesar de su pretendida transcendencia y recupera al Nolan que convierte en potente thriller cualquier género y homenajea decididamente a una de sus mayores influencias no reconocidas para esta película (la novela Pórtico de Frederick Pohl).

Eso sí, Nolan y su hermano siguen obligando al espectador a una suspensión de la incredulidad enorme en las escenas en que la trama se pone en marcha, en este caso con ese piloto interpretado por McConaughey (que parece recién salido de rodar Elegidos para la gloria) y su relación con la NASA para apuntarse al gran viaje estelar.

NOTA: 6’5