Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

Por Álvaro Tejero

Ahora que internet anda revolucionado con la salida de los primeros adelantos de las nuevas entregas de dos franquicias que reventaron las taquillas en su momento está bien echar la vista atrás para recordar una de ellas: la para muchos mítica Jurassic Park de Steven Spielberg, aunque creo que el adjetivo correcto sería icónica.

Jurassic Park forma parte de ese grupo de películas de la segunda mitad de los 80 y principios de los 90 que la cinefilia mediática dominante en la actualidad ha convertido en auténticos mitos (haciendo caer en el olvido otras grandes películas de la época) y sobre la que vuelve la mirada cómo un ejemplo del cine que ya no se hace. La distorsión o no de esta memoria da para otro artículo. En el caso concreto de los dinosaurios sí creo que se han exagerado sus virtudes.
¡Cuidado! Jurassic Park es una entretenida cinta con un par de momentos brillantes, una capacidad de fascinación sobre los más pequeños enorme (me cuento entre ellos) y Spielberg es para mí uno de los mejores directores de la historia. Con todo esto quiero cubrirme las espaldas y que no se piense que desecho este tipo de cine que despectivamente se califica de cine de verano. Hay mal y buen cine; y Jurassic Park está en medio. Expliquemos por qué.

Los primeros 25 minutos de la película son fascinantes y los que provocan que te quedes pegado a la butaca. Presentan de forma magistral las características de cada personaje con su primera aparición, y por si aun hay dudas se nos vuelve a resumir con el viaje en helicóptero y el detalle de los cinturones. Todavía no hemos visto ningún dinosaurio, de ahí nace el verdadero suspense y la creación de una atmósfera que une expectación y miedo hacia lo desconocido, de entrada en un mundo exótico y nuevo que alcanza su punto culminante con esa melodía de John Williams que nadie es capaz de dejar de tararear.

La primera visión de los dinosaurios termina de crear ese efecto (a pesar de que las habituales muecas de Laura Dern lastran el espléndido trabajo de Sam Neill), mostrando unos efectos visuales extraordinarios para la época. Hay que tener en cuenta que la visión de los dinosaurios hasta entonces había sido en obras como Hace un millón de años de Don Chaffey (nunca hay que cansarse de recomendarla) o la serie Dinosaurios.

A continuación llega la media hora más floja de Jurassic Park, perdida en la ridícula historia del informático y su humor sin gracia, discusiones éticas sobre la ciencia y el peligro de jugar a ser dioses para intentar dar algo de profundidad mal entendida a la cinta o tiempo muertos entre triceratops adorables y jaulas sin actividad. Hasta que…llega el gran momento de Jurassic Park y de su director con la aparición del T-Rex.

Una escena en la que Spielberg recuerda sus inicios en obras de puro suspense y con sólo un efecto de sonido y unas ondas en un vaso de agua consigue acojonar a los espectadores. En vez de un tiburón o un camión aparece el depredador más mítico de la historia y ese plano tan icónico como estudiado rugiendo ante la presa que le espera.

Éste es el único momento en el que de verdad se siente a los dinosaurios como una verdadera amenaza; siendo esta cuestión uno de los principales problemas de Jurassic Park, sobre todo al estar construido como una película de supervivencia, de lucha entre el hombre y la naturaleza. No sentimos miedo, fascinación morbosa o animadversión hacia los sauros ya que la película está más preocupada en mostrarnos sus virtudes, su espectacularidad e intentar vendérnoslos (que pena no haber seguido con el tono de ese discurso inicial de Sam Neill y la forma de matar de los velociraptores). Pero si es que incluso tenemos un recorrido por las figuras de merchandising y es el malvado T-Rex el salvador final.

En esta cinta no puede tener cabida el ecologismo o la defensa de los animales. En este sentido películas en su estela como Anaconda (1997), la surrealista Congo (1995) o Los demonios de la noche (1996) son mucho más efectivas y desasosegantes cada una a su nivel.
Se podrá decir: pero es que Jurassic Park es más de aventuras y enfocada para toda la familia. Cierto, pero es que las aventuras de la siguiente hora de la película no alcanzan verdadera emoción, están dirigidas con cierta sensación de piloto automático y sacan a relucir el otro problema de la película: los personajes.

No es que sean más o menos esquemáticos (algo necesario en estas películas), es que no hay ningún conflicto entre ellos. Siempre hacen lo correcto (hasta el abogado hace lo que se espera de él) y no tienen dobleces. Entre medias Ian Malcom para poner humor y Samuel L. Jackson para cumplir la cuota de negro que sacrificar en este género. Sam Neill y Joseph Mazzello aguantando la película sobre sus hombros hasta que vuelve a llegar la otra escena de puro y verdadero suspense (momentos dónde mejor funciona la cinta) construida a partir del clásico juego del escondite.

En definitiva; si tienen hijos, sobrinos, primos, vecinos…siéntenles en el sofá, pongan Jurassic Park y vean como se quedan con los ojos abiertos y nace su afición por los dinosaurios. Y luego Indiana Jones para que quieran ser arqueólogos y también puedan disfrutar de esta vez sí,  de una obra maestra del cine de aventuras.

Nota: 7