lunes, 17 de noviembre de 2014

Crítica: Drácula, La Leyenda Jamás Contada

Por Ivanckaroo Banzai



Un título que es toda una declaración de intenciones. En primer lugar si de alguien nos han contado leyendas hasta hartarnos es sobre Drácula, hasta hemos visto un Drácula negro; de leyenda tiene lo mismo que un capítulo de Cosas de casa; y tampoco creo que nadie en su sano juicio quisiera contar una leyenda tan estúpida.

Soberana tontería para mayor gloria de esa serie de películas de supuesta serie B de nuevo cuño que no dejan de ser videoclips largos con muchas dosis de molonería, personajes malotes torturados y excesiva influencia de los videojuegos. Como fan del cine y de los videojuegos les puedo garantizar que esa simbiosis que a priori suena tan perfecta, acaba en su inmensa mayoría con resultado de catástrofe. Es incontable la lista de bombazos de Hollywood que acaban en un petardo injugable y para qué hablarles del viaje contrario; baste decir que el Super Mario Bros de Hoskins, Leguizamo y Hopper es de lo mejorcito en versiones.
En esta leyenda de plástico podemos ver a Drácula subiendo de nivel, adquiriendo diversos power-ups, añadiendo perks a su armadura, gastando maná y luchando contra el boss final.


La trama es la siguiente: Bardo el de El Hobbit es un príncipe de Valaquia que vende su alma a Tywin Lannister para que le otorgue los superpoderes de Spawn y así enfrentarse al padre de Iron Man.
Sé que contado así suena ridículo, pero si lo prefieren se lo cuento con más detalle para que vean que no mejora la cosa: en una Valaquia tan aparentemente histórica como la Grecia de 300, Vlad Tepes vive feliz con su mujer rubia perfecta, su hijo de pelo rizado perfecto y su feliz pueblo perfecto. Es tan buenote Vlad, que su etapa de empalador la tratan como algo que no tuvo más remedio que hacer y que supone un peso en su conciencia. Y se quedan tan panchos. Teniendo un personaje histórico duro como el cemento que se montaba una merienda en medio de un bosque de decenas de miles de empalados... y van y lo ablandan. El sultán Mehmet II exige como tributo al buenazo de Vlad que entregue mil niños para formarlos como soldados y así usarlos en sus múltiples campañas bélicas. El valaco se rebota y al ver que no va a poder defender su país del rencoroso sultán, escala una montaña con capa y todo a lo Leónidas para pedir ayuda a un vampiro cutre, que le da poderes absurdos a cambio de que "en el fututo, bla bla bla, me servirás, bla bla bla, esto es un juego entre el bien y el mal, bla bla bla" y todos los clichés propios de un guión que sólo se preocupa de tapar agujeros con frases vacías, pero que parece que suenan muy guay. Una vez adquiridas supervista, superoído, supervelocidad, superfuerza, supercuración y la habilidad de convertirse en un nubarrón de vampiros se enfrenta al turco, que, en una maniobra digna de un conquistador de naciones, decide sacrificar todo su ejército y el dominio de Europa por la cabezonería de matar a Vlad, quien por cierto reacciona muy mal ante la kryptonita... perdón, la plata.

En fin, es tal la cantidad de bobadas del guión, de personajes ridículos y de escenas dramáticas tronchantes que no sabría ni por dónde empezar; tentado estoy de contarles alguna. Y el final... por dios, qué final.

Si en una película sale Charles Dance y actúa mal, es para echarse a temblar.

Nota: 1

1 comentario:

  1. ¡Es buena! En general me parece que la historia de Drácula es maravillosa es uno de los clásicos de la literatura, sin embargo hay muchas versiones que para bien o para mal han logrado atraer la atención del público, cada una con sus puntos a favor y en contra, al final del día es cuestión de ser tolerante y quedarte con la versión que más te guste.

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