viernes, 13 de marzo de 2015

Crítica: Elysium

Por Paco Latorre



Hay una discusión de fondo sobre cuestiones éticas que viene a decir que las intenciones, si son buenas, configuran de por sí un acto como bueno, sea cual sea su resultado formal. Quizás tal concepción en un mundo instrumentalizado como el nuestro sea tan innecesaria como posiblemente inútil, más viajando en los quehaceres de una industria como la cinematográfica tan resultadista como Mourinho, ajena a un romanticismo más allá de la eterna peregrinación hacia el estatus de culto que el tiempo a veces acaba otorgando.

Dudo mucho que Elysium acabe siendo de culto, pero no me caben duda de las buenas intenciones de Neill Blomkamp. Uno imagina al director de la estupenda District 9 flipando con sus amigos viendo Robocop, o cabreado frente al televisor a la hora de las noticias; uno se imagina a uno de los nuestros. Es  esta concepción tan cariñosa hacia nosotros mismos y tan infantil en su inocencia la que también recorre Elysium, más un jueguecito técnico obvio en sus intenciones que una buena película de ciencia ficción distópica.


Desde lo simplón de sus referencias político sociales esta vez hasta una muy reconocible deuda con clásicos que todos hemos visto en la cuerda (Metrópolis, Soylent green) pasando por la discutible elección de Matt Damon (pronúnciese a lo Team America) como gafado héroe de acción, Elysium es un boceto hecho en clase a toda prisa para entregar a la profesora con las mejores intenciones, al menos en el fondo; porque la forma sigue siendo impresionante a nivel visual y aunque acabe resultando demasiado cargante y previsible sí merece la pena destacar el auténtico pasote que es la primera escena de acción de la película. Aprueba por los pelos, por intenciones, pero confiamos en que Neill Blomkamp le eche más ganas con Chappie.

Nota: 5

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