Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

Por Ivanckaroo Banzai


Mel Gibson no incluido en el pack

– ¿Dará Tom Hardy el pego como Max? ¿Estará aún más buena Charlize Theron ataviada a lo Tina Turner en la Cúpula del Trueno? Servidor opina que “oh, yeah, baby”.-

Eso es lo que escribía hace dos años y medio en la crítica de la primera entrega de Mad Max; quedándome muy muy corto.

Mad Max: Fury Road es un punk-western en gran medida ajeno a las anteriores películas en el sentido de no parecer seguir un canon; no se sabe si está encuadrada tras la primera, segunda o tercera parte; da la sensación de que el pasado de Max es distinto e incluso el mundo en el que transcurre la acción es algo diferente (efectos de la radiactividad que no habíamos visto o gente que por edad debería acordarse de cómo era el mundo antes de quedar desolado y sin embargo parecen nacidos ya en El Páramo). Sin ánimo de destripar nada, Tom Hardy es el solitario Rockatansky amargado que todos conocemos; es secuestrado por un clan con vistas a utilizarlo de donante de sangre y consigue escapar tras una persecución infructuosa a la desertora Charlize Theron, que toma las de Villadiego habiendo “robado” al líder del clan sus “objetos” más preciados. A partir de ahí, continúa la persecución en busca del la libertad y sobre todo de la redención.

El autor (con todo lo que eso conlleva) George Miller llevaba 30 años deseando reunir las condiciones para que esta cuarta entrega del loco Max saliera a la luz. La gente que lleva los dineros disfrutó de un pase previo quedando tan impresionada por el resultado que le dijeron “Georgie, muchacho, aquí tienes más pasta para que la hagas un poquito mejor todavía”.
Lo primero y más importante que tengo que decir sobre Fury Road es que ya no hacen películas así por muy batallita del abuelo Cebolleta que suene; no se hacen desde hace al menos 20 años. Es una Jungla de Cristal, un Terminator, un Desafío Total, un Aliens, una Última Cruzada; algo que por desgracia llevábamos décadas sin ver, pero con las posibilidades de un presupuesto de 150 millones de dólares y lo que los avances en tecnología aplicada al cine permiten ahora.



Hay dos grandes formas básicas de expresión cinematográfica y artística en general; el fondo y la forma. El fondo es el contenido, el mensaje, lo que se quiere contar al espectador. La forma es el envoltorio, lo que apela a los sentidos. Salvo raras ocasiones estas dos formas están, al menos en el cine, muy polarizadas.

Tenemos por un lado los fondistas que plagan sus películas con una miríada de metáforas, alegorías, dobles sentidos y “muchos significados”; generalmente los aficionados a este tipo de propuestas se sienten una elite por disfrutar la obra y sienten desprecio ante los bostezos ajenos con el clásico “es que no la has entendido”. Y el problema está en que por supuesto que la hemos entendido; más que nada porque es algo que ya hemos visto mil veces de una manera tan artística o más y desde que nuestros ancestros empezaron a hacer garabatos en cuevas. Que esté llena de significados no significa que la película sea buena; de hecho es bastante probable que nos sintamos atosigados ante tanto mensaje trascendental empujado a martillazos por la garganta mientras el director va dando saltos como un niño hiperactivo gritando “¡pregúntame qué he querido decir con este plano! ¡venga, jo, no me estás preguntando!”

Por otro lado los formistas… bueno, todos hemos visto Avatar o películas de Michael Bay, ¿verdad?

Toda esta disertación viene por lo siguiente: cuando se junta una manera artística de entender el cine con lo sensitivo, sin estridencias, sin excesos, con buen guión, buenos actores, buenos efectos, buena planificación… se hace CINE. Con mayúsculas. Para el recuerdo. Sea drama, terror, acción, aventuras o ciencia ficción. Mad Max: Fury Road es CINE. Y lo es porque arriba del todo de la pirámide estructural de esta cinta está George Miller. Está la dirección.

Dirección. Saber dónde se quiere llegar y cómo, desde el primer plano hasta el último. Es tal la cantidad de materia a desgranar que me resultaría imposible escribir sobre todo lo que he visto sin estar analizando la película secuencia a secuencia varias veces. Cada plano, cada efecto práctico, las actuaciones, el maquillaje, la paleta de colores, la construcción de cada personaje ya empezando con sus nombres y su apariencia, la planificación de las escenas de persecución, cómo está estructurada la mitología del mundo en el que transcurre la película con sus diferentes tribus, su geografía, hasta el poco CGI que hay… En fin, un delirio glorioso.

Tom Hardy da vida a Max como espíritu de la venganza a lo Charles Bronson, tan silencioso que ni siquiera construye oraciones y se limita a emitir gruñidos y decir “tú, eso”. Tan hierático y primitivo que casi parece un espíritu elemental, una deidad del mundo desquiciado y desértico encargada de restaurar el equilibrio.

Charlize Theron, empeñada una vez más en demostrar que es una gran actriz sin ponerse una tonelada de látex, hace de Furiosa, tal cual.

Mucho se está hablando de que es una película feminista y no duden de que es cierto; se comenta el personaje de Furiosa y muchos otros que no hablaré perfectamente situados con apenas unas líneas de texto, pero para mi todo queda resumido en la combinación de una escena inicial en la que el clan tiene a mujeres muy rollizas cual vacas, produciendo leche ya que no quedan animales, y una escena final en que esas mismas mujeres ya libres “amamantan” con agua al pueblo esclavizado por la figura masculina egoísta. En apenas unos segundos, un par de planos, significado; sin hacérnoslo tragar con largas secuencias oníricas de gente mirando nubes en forma de falo en el horizonte.

Independientemente de mi opinión sobre esta película, puedo asegurar que, objetivamente, nunca había oído o leído a tantísima gente afirmar con entusiasmo que iban a volver a verla a los pocos días.

Nota: 9,5