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Por Paco Latorre

Sea por pereza o por el miedo al miedo que cierta madurez provoca, llevo años desatendiendo el cine de terror. Que se me entienda bien, desatender no significa haber perdido la pasión por un género que me ha dado (mala)vida, pero sí -y la culpa no la tiene más que la propia salud del género- dejar de focalizar según que energías e intereses en él. Me sirven, pues, las siempre válidas opiniones de los cofrades que siguen en la militancia más estricta, yendo a comulgar a Sitges o leyéndose hasta la más abisal de las liturgias de un género que siempre ha precisado de entusiasmo tanto por hacedores como por espectadores. En los últimos años esas opiniones me han provocado grandes desilusiones -Kill list– , me han hecho tragarme peñazos bastante importantes –Déjame entrar– y también me han proporcionado excelentes momentos de cine de terror –The babadook-.



¿Qué quiere decir esto? Que la propia materia prima de It follows la tengo que dividir entre la película en sí y lo que de ella me habían contado y significa para el fan de la logia. Vaya por delante que tengo predilección a poner a bajar del burro al hype (al final he tenido que escribir la palabreja, habiéndome propuesto no hacerlo) del momento, y que mis tres películas de terror favoritas de lo que llevamos de milenio no son precisamente tres que hayan causado un consenso febril y entusiasta entre la platea (no,no voy a decir cuáles son, evitando el <<este tío se cree muy guay>>) con lo que, señor juez, queda presente mi alegato. Pero tampoco puedo ser tan hipócrita de no alabar el gusto ante una película de terror tan buena y tan decepcionante como It follows. Buena porque cumple con lo primero y más básico que una película de terror debe hacer: asustar. Y asustar no es pegar un susto vocinglero (que alguno hay), sino crear una sugerencia que recorre el estado de ánimo del espectador: prólogo de los grandes y punto de partida lo suficientemente enrarecido como para no apoyarse en el respaldo del sofá e inclinarse hacia la pantalla. A partir de aquí un manar continuo de referentes y cosas que ya nos sabemos pero bien tratadas y, hasta cierto punto, innovadoras; lynchadas gratuitas, música a lo ya sabéis quién y paisaje urbano a lo ya sabéis qué peli; grupo de adolescentes unidos contra un ente maligno como en esa segunda peli que ya sabéis y un estilo elegante en las imágenes que casa muy bien con la atmósfera sexual y perversa de la historia. Tenemos tres cuartos de hora muy buenos y…al final se jode. Nótese el utilizar a propósito el verbo joder. Lo digo porque se supone que It follows va de joder. Subrayo se supone. Las suposiciones son madre de los malentendidos y prima hermana cachonda del cinismo de bagatela. Quizás su director/guionista ha querido darle a la película un trasfondo que no precisaba, como si le diese grima que It follows sea lo que es: una chorrada que asusta muy bonita. Cuando entramos en diatribas que a mí particularmente no me interesan -y vengo curado de espanto ya que la novia de un amigo casi me parte la cara por decirle que tratar  de encontrarle un mensaje sea feminista o machista a Mad Max: fury road era como llevar a Platón a Mujeres y Hombres y Viceversa, más hablando de una peli de hostias, tiros y coches que explotan- es cuando a It follows se le ven las costuras. Si va por un lado huele a banco de iglesia, si va por el otro a pataleta púber; y si se dedica a ser una sencilla película de terror se carga buena parte de sus virtudes con un clímax malo, tonto e incoherente con el tratamiento vaporoso y onírico que la ha sostenido por encima de la media. O sea, que hay que verla, porque es más de lo que parece, pero bastante menos de lo que prometía.

NOTA: 7