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Por Iván Fanlo

Y llegó el día. Hoy, 18 de diciembre, esa nave espacial del entretenimiento que es Star Wars vuelve a aterrizar en las pantalla de cine de todo el mundo.
Lo bueno: que no es una de esas naves cromadas, relucientes y vacías por dentro que veíamos en La amenaza fantasma; es ese “pedazo de chatarra”, sucia, destartalada y con algún que otro arrelgo, que los fans estaban reclamando desde hace años.
Lo malo: precisamente lo mismo. Dejen que me explique.

Jugar sobre seguro. Esto es con lo que J.J. Abrams habrá estado soñando desde que aceptó la dificil tarea de iniciar las nuevas entregas de la saga galáctica por excelencia. Podría tomarse como algo cobarde y negativo, pero viendo lo que hizo en entregas anteriores mr. Lucas, y viendo el resultado de este Episodio VII, toda este viaje por nuestros “lugares comunes” preferidos ha sido un gran acierto. Es justamente lo que necesitaba la saga, rendir cuentas  y redimirse, gusten más o menos los Episodios I, II y III, de los errores del pasado. Una purga a través de la nostalgia, aunque a veces lo haga de forma abusiva, pero que sirve para resetear y poner a punto la nave. Devolver, o al menos intentarlo, lo que en algún momento significó Una nueva esperanza.

Entonces, ¿habrá quien la critique por no arriesgar? Por supuesto. Si buscáis, seguramente ya podréis leer decenas de reviews echando en cara a Abrams sus pocas ganas de querer contarnos algo nuevo. Sobre todo si tenemos en cuenta lo que hizo con su maravillosa versión de Star Trek, reboot inteligentísimo de esta otra saga espacial en la que no le tembó el pulso para hacer y desacer a su antojo, con un asombroso resultado final.
Pero amigos, no. La jugada maestra de J.J. ha sido la de reposar y reencauzar el universo Star Wars. Eso si, los que vengan detrás tendrán que ponerse las pilas porque esta formula sentimentalista no puede repertirse hasta la saciedad y los siguientes episodios deber mirar hacia delante.

Una pasada rápida, sin spoilear demasiado: el guión puede parecer poco innovador, pero no deja de tener sus sorpresas; John Williams está acertado pero desde luego no es su mejor banda sonora y  se podría esperar más de él; los actores por lo general estás más que decentes, aunque es Daisy Ridley y su papel de Rey quien enamora y convence a la cámara durante toda le pelicula; su precioso diseño de producción recuerda tanto a la trilogía clásica que en algún momento el espectador puede sentirlo como una falta de originalidad. Sin ir más lejos los pocos planetas que veremos son un planeta desértico, uno helado y otro muy verde (ejem, ejem).
Así podríamos seguir hablando de su argumento, efectos especiales, maquillaje, criaturas… pero la tónica seguiría siendo la  misma: intentar que la sombra de la trilogía original cubra todo a su paso. Hasta el acertadísimo título del film es ya en si una declaración de intenciones y ,sinceramente, uno se alegra de que la fuerza vuelva a tener ese aura mágica.
Resumiendo, el “fanservice”, esa bomba nostágica que explota sin parar durante las más de dos horas de película, se convierte muchas más veces en un arma de doble filo.

Pero no se alarmen, vayan al cine y compren palomitas, dejen su hype en casa, disfruten con una clase de cine que ya no se hace y recemos todos juntos para que la saga siga haciendo lo que mejor se le da, hacernos sentir como niños subidos en el Halcón Milenario.

Nota: 7’5