lunes, 14 de diciembre de 2015

Crítica: Star Wars - Episodio III: La Venganza de los Sith

Por Ivanckaroo Banzai


 
Con Yoda al mando... hasta el Barça bajaría a regional preferente


¡Al fin! Después de cuatro horas y media de insípidos y fríos entrantes que nadie quería, llegó el cordero asado que toda la archidiócesis de adoradores de Lucas llevaba esperando dos décadas. Muy contenta salió la gente de las salas tras la coda final en la que aparecen Owen y Beru de jóvenes mirando el horizonte y se ve un doble juvenil de Peter Cushing, pero... ¿de verdad es tan bueno el Episodio 3? No. ¿Es la mejor película de la nueva trilogía? Sí. ¿Son veraces los comentarios que aseguran que esta es la mejor película en cuanto a dirección de George Lucas se refiere, por encima del Episodio 4? Bueno, yo creo que de haber visto esta venganza de los Sith respirando a través de un trapo empapado en éter quizás opinaría lo mismo.

Muchas expectativas se habían creado con esta nueva saga y ninguna de ellas se había cumplido; la esperanza de que a la tercera fuera la vencida era fuerte y la gran mayoría de fans salieron como mínimo satisfechos. Teniendo en cuenta lo horribles y aburridas que fueron las anteriores, por un lado no era muy difícil conseguir el aplauso por mera comparación; y por otro lado el reto era mayúsculo precisamente por lo mismo; muchos ya habían perdido la fe y se negaban a creer que pudiera salir algo bueno, tan hastiados del engaño como los paisanos del cuento del pastorcillo que gritaba una y otra vez que viene el lobo para gastar una broma.

El contraste con sus predecesoras es lo que define a esta entrega, tanto a la hora de mejorarlas, como a la hora de quedar lastrada por ellas. Y lo mismo sucede dentro de la propia película. En La Venganza de los Sith tenemos elementos muy concretos que están al nivel de la primera trilogía y otros que se encuentran entre lo peor de lo peor de la historia del cine. Además de eso, es casi tan larga como las dos anteriores y tengo como norma quitar minipuntos si la película excede las dos horas de duración, por pesados.


Los habitantes de la galaxia han pasado un porrón de años enfrascados en las guerras clon y los funcionarios láser tienen la misión de rescatar al canciller Palpatine de las manos del conde Saruman, el fulano que el consejo Jedi está seguro de que es el Lord Sith principal. Lo consiguen y matan al conde, pensando que acabará la guerra si terminan con su aprendiz Sith y general de las fuerzas separatistas, Darth Maul, que se escapa. Así pues los Jedi van a buscarle por varios planetas siguiendo pistas falsas de Palpatine para dividirlos; Obi Wan ha jurado vengar a su maestro y tras dos películas queriendo cazarle finalmente lo consigue. Pero al creer que está todo hecho bajan la guardia y Palpatine da un golpe de Estado revelándose como el verdadero Lord Sith que... ¡Perdón! Mis más sinceras disculpas. Me he confundido con una película mucho más interesante que la de Lucas.

En lo bueno, me atrevo a asegurar que esta vez George Lucas al menos lo intenta. Sin salir de la habitación/pantalla azul, pero lo intenta.
Esta vez sí tenemos un inicio avasallador, con una batalla espacial sobre Coruscant. Quizás este comienzo sea demasiado largo y confuso, aparte de resultar mucho menos impactante que las batallas hechas con maquetas de la anterior trilogía, pero sí que se puede decir que al menos entramos en la Guerra de las Galaxias con una... guerra de la galaxias, y no con Ras Al Ghul y Renton tomando té o con una conversación en un ascensor a la que sólo le falta que suene la chica de Ipanema de fondo.
Tenemos también la excelente escena del palco de... algo así como El Circo del Sol en burbujas de agua, con Sidious convenciendo a Vader de que los Jedi son unos piojosos; sin duda la mejor escena de la trilogía.
¿Recuerdan esas escenas mudas de Luke encajando la muerte de sus tíos a las afueras de la granja, asimilando emocionalmente el "no eres el único Skywalker" de Yoda antes de morir o entrando al trapo lenta pero inexorablemente en las provocaciones del Emperador para caer en el lado oscuro? Sí, sí. Esas escenas que nos hacen acompañar al personaje, pasar por las mismas ilusiones y desengaños, darnos tiempo a cambiar con él. Pues aquí volvemos a ver una, con Vader y Amidala en silencio, cada uno en un edificio mirando por la ventana hacia donde está el otro.  Transmitiendo la angustia de la separación y lo inevitable del destino que les aguarda; efectivo y bien interpretado.

En lo malo, padecemos un castigo similar al que sufrían Mortadelo o Filemón cuando el Súper les hacía comerse un ladrillo a mordiscos.
Nos obligan a escuchar una vez más los nefastos diálogos amorosos entre los tortolitos. Asistimos a la ineptitud del consejo Jedi que, por si no ha quedado claro, son un conjunto de sabios con poderes para manipular la mente de otras personas y tienen la capacidad de predecir eventos futuros, y aún así son totalmente incapaces de ver que Palpatine es el malo aunque se cambiara de nombre poniéndose Adolf Saddam Stalin. Nos zampamos inconsistencias con el resto de películas de la saga y las reglas del propio universo Star Wars casi a cada escena.
Entre bostezos asistimos al duelo de espadas más largo y tedioso de la historia como es el que protagonizan Kenobi y Vader. Tan ridículo y absurdo es el bailoteo de sables láser que parece coreografiado por Locomía (sí, los de los abanicos; vean el comienzo del duelo tarareando la de "disco ibitsa locoooomíaaaaaa" y compruébenlo) y tenemos que presenciar otro duelo en el geriátrico entre Palpatine y Yoda. Es tristísimo ver que el supuesto mejor espadachín del universo, el segundo que más midicloridoides de esos tiene como es Yoda, sea incapaz siquiera de rasgarle la sotana a Sidious. De haber estado el Senado lleno en el momento del combate, habrían llovido almohadillas entre pañoladas y abucheos. ¡Qué diferencia con los duelos de la anterior saga! Mucho más al estilo samurái, un duelo de determinación y espíritu en el que ningún mandoble se daba en vano y se transmitían las emociones del personaje a cada movimiento.


No aguanto más, lo tengo que decir... lo de los maestros Jedi en esta saga es tan patético que asistimos a la muerte de un montón de ellos, famosísimos por los muñecos y nada más, haciendo el ridículo. Uno se puede imaginar perfectamente a un locutor deportivo narrando "¡Y ahí se deja matar Kitt Fisto sin levantar la espada, señoras y señores! ¡Ojo que menudo piscinazo de Aayla Secura! La ha visto el colegiado y la va a expulsar, ya tenía una tarjeta amarilla por vaguear en la batalla de Geonosia. Sí, sí, Manolo... todavía no la han disparado y ya se está dejando caer. Así pues por sanción se pierde estar en la siguiente trilogía; lástima, con lo buena que estaba." Mi más total admiración por el chaval que se carga a unos cuantos clones intentando escapar del templo Jedi ante el flipe del senador Organa. El mejor Jedi de toda la trilogía.

En cuanto a la interpretación, Ewan es ya Alec Guinness hasta mesándose la barba; Hayden tiene los peores momentos de su carrera como actor en las escenas amorosas y está realmente bien una vez cae en el lado oscuro con gestos turbios, miradas de odio, expresiones de duda... en un papel muy exigente que solventa mejor de lo que uno esperaría tras verle hacer pucheros en El ataque de los clones. Llamativo es que Lucas consiga que Samuel L. Jackson, quizás el actor más molón de los últimos 20 años, haga su actuación más aburrida y lastimera con gritos de cochinillo histérico cuando le cortan la mano incluidos. Berridos que no han soltado ninguno de los muchos personajes de la saga a los que han amputado miembros antes. ¡Vaya maestro Jedi de habas! ¿Qué decir de Natalie Portman? Pues que se cambia muchas veces de ropa y su personaje debe jugar mucho al League of Legends porque no sale de casa ni para comprar el pan. Su papel consiste en poner ojitos de cachorro, llorar y salir guapísima. Todo eso se le da muy bien, sobre todo lo último.

No quiero dar carpetazo a esta trilogía sin mencionar como epílogo los dos únicos elementos que han permanecido inalterables, en cuanto a buena calidad se refiere, en las tres películas.
En primer lugar la música, de nuevo con el maravilloso John Williams a la batuta, rescatando muchas de las partituras de la anterior trilogía e incluyendo nuevas composiciones tan épicas como logradas.
Y por supuesto no podía faltar mi villano favorito de la historia del cine, el Emperador Palpatine, interpretado por un Ian McDiarmid tan vivaracho y alegre en el Episodio 1 en la liberación de Naboo, como siniestro en el Episodio 3 al presentarse como la encarnación de la paz. Una interpretación que no dudo en que muchos verán como sobreactuada pero que a mi me parece colosal. Tan interesante y rica en matices me parece su actuación cuando paladea el recuerdo de cómo mató a su maestro, o sus sibilinas sonrisas de falsa simpatía hacia Vader... como los caretos desquiciados que pone cuando Sidious emerge como un huracán rompiendo la fachada de pacífico senador. Me sobra el deleznable maquillaje que le ponen para parecer más monstruoso y echo mucho de menos el sencillo aspecto de decrépito que tenía en El retorno del Jedi, pero eso... es culpa de Lucas.


Nota: 4


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