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Justo cuatro días después de de la muerte del gran Duque Blanco nos dejaba Alan Rickman, uno de los mejores actores de su generación. Y no es que el actor inglés fuera una de esas megaestrellas de Hollywood o que hubiera ganado cientos de premios, pero si fue un actor al que todo el mundo quería y respetaba y  le reconocía sus logros.

Desde ser alguno de los mejores villanos de la historia del cine, hacer sus pinitos por el cine indie,  pasar por la comedia, el drama, el musical y un largo etcétera. Alan Rickman nunca entrará en las listas de los mejores actores de la historia, pero siempre será uno de nuestros preferidos.

Aquí nuestro pequeño homenaje con las diez películas que más nos gustan de su filmografía.

D.E.P.

JUNGLA DE CRISTAL (Die hard, John McTiernan, USA, 1988)
Por Ivanckaroo Banzai

Excepcional cinta de acción que elevó al estatus de mito a su protagonista Bruce Willis; a estas alturas no creo que nadie mayor de 10 años no haya visto una de las mejores películas de la historia así que sería baladí detallar una sinopsis. Allan Rickman ejerce de villano, en concreto de terrorista. Uno muy diferente al que estábamos acostumbrados a ver hasta entonces; ni es un sádico oficial soviético en Afganistán, ni un yihadista con cara de malas pulgas que amenaza con matar ancianitas en un avión; no. el Hans Gruber de Allan Rickman es un Señor; elegante, de trato exquisito… pero tan asesino y mangante como el que más. Nadie ha personificado tan bien como Rickman el personaje de villano o antipático con clase a lo largo de su carrera.

ROBIN HOOD: PRÍNCIPE DE LOS LADRONES (Robin Hood: Princess of thieves, Kevin reynolds, USA, 1991)
Por Paco Latorre

Una de las películas más vistas por el aquí firmante desde que su padre le llevase a verla al cine hace un buen puñado de veranos -yendo esa misma tarde a ver Tortugas ninja 2…lo que han tragado los padres por nosotros- y fuese la primera película que me copiase un amigo que poseía dos VHS. Recurso muy socorrido en los viajes en autobús escolar y en las sobremesas de las teles autonómicas; vale que Robin Hood: príncipe de los ladrones es un presuntuoso one man show de un caracartón Kevin Costner con mullet , que hay patilladas que duelen al verla y que el romance de la historia es insoportable. Pero todo ello queda compensado porque si bien Kevin Reynolds no es un director brillante si es la competencia hecha persona y la película es entretenidísima; porque Alan Rickman se casca un villano de cómic absolutamente delicioso y le roba a Costner la película a manos llenas; porque lo que deja Rickman se lo llevan unos soberbios Morgan Freeman y Michael Wincott; porque es imposible dejar de silbar la banda sonora; porque sirvió para que Christian Slater empezase a dar trabajo a todos los camello de farlopa de Los Ángeles y porque, a mí que no me jodan, veinticinco años después la vacilada de la cámara en la flecha sigue molando mil. Ah, lo de la bruja, también. Le tengo tanto cariño que jamás me harán decir que es un truño  como un campanario, y más cuando veo el Robin Hood de Ridley Scott.

SEMTIDO Y SENSIBILIDAD (Sense and sensibility, Ang Lee, USA, 1995)
Por Daniel Calavera

Ang Lee demostró definitivamente su talento con la brillante Sentido y sensibilidad. El director ganador del Oscar debió pensar: “¿Quién sería el actor perfecto, el broche de oro de esta adaptación?. ¿Qué voz sería la adecuada para que las palabras de Jane Austen cobrasen el lirismo que da sentido y sensibilidad a la historia que queremos contar? ¿Qué intérprete cuenta con la elegancia y capacidad de atención suficientes como para destacar entre tanta dama digna de Austen?”… Sobra la respuesta a todas estas preguntas. La respuesta es el nombre que contesta a todas ellas en todas las dudas que pudiesen surgirles a los directores y productores las últimas décadas: Alan Rickman

EL INVITADO DE INVIERNO (The winter guest, Alan Rickman, USA, 1997)
Por Paco Latorre

Formado como actor de teatro clásico, a Alan Rickman le tocó -como a todo compatriota de bagaje similar- hacer de malo histrión en Hollywood. Con la libertad que la fama puede aportar en la balanza buena de su reverso, Rickman se redime y dirigió esta película que si peca de algo y brilla por lo mismo es por un clasicismo intrínseco a forma y fondo. Más teatro filmado que cine puro, con actores de similar naturaleza, El invitado de invierno es un dramón familiar que podrá que parece pretender un chute de prestigio y que, dicho sea de paso y fuera de elucubrar sobre intenciones; está tan bien y tan clásicamente construido, dirigido e interpretado que bien vale una visionado con nuestra madre o, más allá, con copa de vino y manta ligera por eso del sopor. It ´s not my cup of tea, but it´s good.

HÉROES FUERA DE ÓRBITA (Galaxy Quest, Dean Parisot, USA, 1999)
Por Ivanckaroo Banzai

¡Qué buena es Galaxy Quest! ¡Y qué ninguneada ha sido! Es tan buena que ha sido elegida por los fans de Star Trek como una de las mejores películas trekie sin pertenecer a la saga. Una parodia creativa, fresca y delirante donde los actores de una vieja serie televisiva de aventuras espaciales que malviven firmando autógrafos en convenciones y anunciando supermercados, son abducidos por unos alienígenas para salvar su especie. Los aliens, que han visto todos los capítulos de la serie, piensan que no es ficción sino documentales históricos y que los actores son en realidad los héroes que representan en sus papeles. Allan Rickman homenajea a Leonard Nimmoy haciendo de actor de teatro encasillado en el papel de adlátere del protagonista principal de la serie, muerto de asco por sólo ser reconocido como Doctor Lazarus/Spock, repetir una y otra vez la frase “por el martillo de Grabthar, tú serás vengado” y ver cómo Tim Allen/capitán Kirk se lleva toda el protagonismo y la fama. Allan borda el papel de actor hastiado, envidioso, arisco y cansado

DOGMA (Kevin Smith, USA, 1999)
Por Iván Fanlo

Kevin Smith se puso el nivel tan alto con sus tres primeros trabajos (si, incluyo Mallrats entre sus obras maestras) que todo lo que vino después, aunque interesante, nunca ha sido tan bueno ni ha llegado a las expectativas. Dogma fue el principio de esa decadencia, a ratos divertida y curiosa pero decadencia. El señor Smith desaprovecha un reparto repleto de estrellas (hasta sale Alanis Morrissette) para darnos su visión fumada sobre la religión católica en unos innecesarios 130 minutazos. Entre tanto arcángel, locura, monstruos de mierda y chiste malos resalta, como siempre, nuestro Alan Rickman y su papel como el manipulador Azrael. Lo dicho, para disfrutar si la pilláis por la tele y tenéis unas cervezas a mano.

SNOW CAKE (Mark Evans, Canadá, 2006)
Por Iván Fanlo

Alan Rickman coqueteó con el drama indie en esta pequeña película dirigida por Mark Evans, un habitual de la televisión inglesa. El film, que no es nada desdeñable, tiene su mejor baza en las actuaciones tanto de Rickman como de la otra protagonista, una genial Sigourney Weaver metida en el papel de una madre autista. Por la pantalla también tenemos alguna otra cara conocida como la de nuestra querida Carrie-Anne Moss, trinity para los amigos.
Snow Cake es la película perfecta para ver a un Rickman-protagonista en estado puro, dando muchos matices a su papel y convirtiendo esta sencilla historia en un gran film. Para ver en VOSE y disfrutar de su voz.

EL PERFUME (Perfume: The story of a murderer, Tom Tykwer, Alemania-Francia-España, 2006)
Por Ivanckaroo Banzai

Aceptable adaptación de la novela homónima del extravagante Patrick Süskind. Imbuída por el realismo mágico de la novela, la película narra la obsesión demencial por los olores de un hombre nacido con una sensibilidad olfativa superhumana. El mozo, en su búsqueda de crear el perfume perfecto, se dedica a matar a una serie de chicas vírgenes para captar su esencia. La última de esas víctimas es la hija (en la ficción) de Allan Rickman cuyo personaje, muy consciente de la belleza de la chica y de que el misterioso asesino intentará acabar con ella, ejerce de padre sobreprotector. Rickman, como de costumbre, lo clava. Llena el personaje de aristócrata del siglo XVIII con serenidad, autoridad y cierta dosis de miedo contenido. Sólo al final, hipnotizado por el perfume definitivo del asesino, se derrumba de rodillas en el llanto. Y pese a todo, es el único que resiste brevemente los efectos del celestial aroma. ¡Bien por Alan!

SWEENEY TODD: EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET (Sweeney Todd: the demon barber of flee street, Tim Burton, USA, 2007)
Por Iván Fanlo

Este cuento macabro, sanguinolento y, por supuesto, gótico (que ya había sido llevado a la pantalla anteriormente, había sido obra de teatro y había sido un famoso musical de Broadway con Angela Lansbury a la cabeza; ¡todo basado en un supuesto caso real!), fue (casi) la última buena película de Tim Burton, después aún nos regalaría su decente versión animada y alargada de Frankenweenie. Además del gore salpicando un precioso diseño de producción y de unas geniales canciones de Stephen Sondheim, podemos disfrutar de la maravillosa voz de Rickman que, cual hombre del renacimiento, no sólo actúa, escribe y dirige bien, sino que también canta bien.

HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE: PARTE II (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part II, David Yates, Reino Unido, 2011)
Por Daniel Calavera

Tras 7 films barriendo taquillas y agrandando un fenómeno literario mundial, Harry Potter llegaba a su fin. La última película de Potter comenzó de la única y mejor forma que debía empezar: con el rostro de Alan Rickman y su inolvidable Severus Snape. Ese rostro, esos ojos y esa ligera mueca que nos acompañó durante años supieron transmitirnos en un sólo segundo la redención del personaje, su destino en el universo de J.K. Rowling. “Nadie pone las caras que pone Alan Rickman” aseguraba John Mctiernan. Y tenía razón. NADIE más podía darle, en un sólo plano, la magnitud y resumen necesarios a este personaje más que él. “Tienes los ojos de tu madre” era la última frase de Snape a Potter… y de repente, las aventuras del joven mago se convertían en el mejor de los escenarios ingleses. De repente, Rickman volvía a recordarnos el motivo por el que era el más elegante, digno y auténtico de los grandes villanos y actores.