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Por Junajo Baquedano

Aquí podéis leer la primera parte.

LA EXPERIMENTACIÓN CON LAS DROGAS Y (por fin) TIEMPO PARA EL ESTUDIO

A mediados de 1964 Brian había conocido a Loren Schwartz en la agencia de William Morris, haciéndose íntimos desde entoces. Loren era un jóven de aire moderno con el que Brian se sentía cómodo, conocía un montón de gente del mundillo y a Brian le divertía escuchar todas esas historietas. Así, quizás el se ahorraba vivirlas. Estando una noche en el apartamento de Loren, decorado con elementos orientales y tenues luces psicodélicas, es donde Brian probó la marihuana por primera vez. Al principio se sintió aterrado por la sustancia, había recibido una educación un tanto consevadora al respecto, pero Loren pronunció una frase con la que le convenció: “Te sentirás más sensitivo, abierto. La música sonará mejor, más densa en tu cabeza y ayudará a relajarte”. La pócima que necesitaba, debió pensar. Huelga decir que la probó de inmediato y se convirtió en un consumidor frecuente. Marilyn no aprobaba ese consumo y, unido a aquellos percances del pasado reciente en los vuelos, intentó, sin éxito, que Brian visitara a un psiquiatra y se alejara de la compañía de Schwartz.

En febrero de 1965 Brian se sentía en ebullición. Capitol Records presionaba para que los chicos sacaran nuevo material y eso no era un problema para él. Bien al revés, se sentía fluir más que nunca con aquella receta maravillosa de su amigo Loren y había producido casi en su totalidad el que sería el noveno disco del grupo, The Beach Boys Today. De entre esas sesiones destacaban “Do You Wanna Dance?” y “Help Me, Rhonda”, que pronto se convertiría en su segundo número 1.

Pero una nueva e inoportuna gira se interponía entre ellos y su fertil estado de creatividad. Y ahí sacó Brian su caracter quizás dictatorial, pero crucial para el devenir del grupo, les comunicó que en lo sucesivo él no giraría y se ocuparía únicamente de crear. Su voluntad era la de mantener, por tanto, dos calendarios diferentes. Del silencio de la mayoría se pasó a los reproches, especialmente de Mike Love, que se estaba convirtiendo en su némesis dentro del grupo. Para suplirle en la gira, se optó por el cantante y guitarrista Glen Campbell, asiduo en las grabaciones de Phil Spector.
The Beach Boys Today fue un éxito casi inmediato, conviertiéndose en el disco más vendido durante algunas semanas y Brian se sentía especialmente orgulloso, más cuando pensaba que en este trabajo percibía ese cambio respecto al pasado que tanto buscaba. Y ese cambio se lo atribuía al uso de la marihuana, de la que decía que le hacía un mejor músico, menos visceral, más sensitivo.
Pero ese consumo más que regular, ahora que disponía de todo el tiempo del mundo, alarmó a Marilyn, que reclamó la ayuda de su suegro, para arrinconar a Brian y apartarle del foco de todos sus males: Su “camello” Loren Schwartz. Pero Brian no estaba dispuesto a renunciar a su amistad, es más, últimamente se estaba dejando seducir por la idea de probar el LSD, esa droga nueva de la que Loren tanto le hablaba, y que, según sus propias palabras, le haría escuchar la música de una manera que no la había escuchado nunca.

A pesar del ultimatum de Marilyn el día en que probó el LSD llegó. Fue de nuevo en el apartamento de Loren. Unos minutos después de haberlo consumido, Brian se sintió fatal, una gran tensión muscular recorría todo su cuerpo y un zumbido colapsaba su cabeza, haciéndole palpitar y sudar. Siguiendo los consejos de Loren, intentó relajarse y poco a poco fue sintiendo aquello que este le decía, sentía como si la música que estaban escuchando tuviera nuevas capas, pero no podía quitarse de encima una increible sensación de angustia. Era incapaz de tocar el piano que Loren tenía en su apartamento, era como alguien que de repente ha perdido el habla. Varias horas después amaneció dormido en el sofá de su amigo bañado en sudor y con una sensación aterradora. Su mujer, suponiendo que acababa de suceder lo que ella tanto temía, le preguntó, un tanto resignada pero visiblemente enojada, qué tal estaba, a lo que él respondió que era la sensación más profunda que había tenido nunca, a pesar de lo perturdora que había sido. “He visto a Dios, Mare. Le sentí, fui consciente de su existencia”. Marilyn rompió a llorar.

Esa noche, tras esta experiencia que no podemos calificar del todo grata, Brian se sentó delante de su piano a intentar componer, como era su costumbre. Una vez que comenzó a calentar se sintió diferente a como se había sentido hasta entonces, si bien la hierba que consumía hace casi un año le había dado, a su entender, un extra de creatividad, sintió que el LSD le había ampliado la paleta de colores con que hacerlo. Fantaseando con una melodía comenzó a cantar sobre la belleza de las chicas de California comparándolas con las del resto del país. Estaba naciendo entre sus dedos el que sería otro de sus éxitos más celebrados, “California Girls”.
Para su grabación en los estudios Gold Star, contó con la colaboración de músicos de la camarilla de Phil Spector como Leon Russell o Hal Blaine, así como Glen Campbell. Es también un hecho remarcable que fuera la primera grabación en la que participó Bruce Johnston, que no hacía mucho se había incorporado a las giras del grupo. Como podemos ver, Brian estaba comenzando a dejar al resto de los chicos fuera del proceso de grabación, algo que no sería, lógicamente, bien asumido.

Iniciado el verano del 65 salía al mercado su décimo álbum, Summer Days (and Summer Nights) llegando pronto a la parte alta de las listas, tan solo superado por los Beatles y su Beatles VI (disco  para el mercado americano precedente a Help!).
En Summer Days… encontramos clásicos como la mencionada “California Girls”, “Help me, Rhonda”, la burtbachariana “Let Him Run Wild”, o la claramente beatle “Girl Don’t Tell Me”, cuya primer intención era regalar al cuarteto britano, pero que finalmente decidieron mantener para ellos.

Las continuas broncas con su esposa a costa de su consumo cada vez menos puntual del LSD, iban in crescendo, hasta el punto de que Marilyn decidió separarse, al menos temporalmente, mudándose a un apartamento. Brian siguió haciendo su vida junto a su inseparable Loren sin darse cuenta que su matrimonio estaba realmente en peligro. Esto llegó a oidos de sus hermanos, que, alertados, intentarían mediar. El papel de Carl fue vital para evitar que Marilyn le reclamara el divorcio.
Sin vigilancia ni consejo al que hacer caso, fue consumiendo más y más, hasta que un día tuvo un viaje algo más fuerte de lo que estaba acostumbrado. En él, Brian se vio a sí mismo hacerse cada vez más y más pequeño: adolescente, infante y bebé hasta que se sintió desaparecer. Las secuelas  que le dejaron ese viaje le duraron varios días. Una vez se recuperó fue a casa de Marilyn a implorar perdón pidiéndole que volviera con él.

En octubre llegó la publicación de un nuevo trabajo en directo, The Beach Boys’ Party!, imposición de Capitol Records para compensar el poco aire a los Beach Boys playeros y joviales (que tanto contentaban a su sello) que había tenido Summer Days. Una vez solventado el encargo de la compañía, y preparándose el resto del grupo para una extensa gira por Asia, sintió que tenía por fin las condiciones y la tranquilidad para pensar en su nuevo álbum. Un trabajo en el que poner todo su empeño. Más allá de las listas de éxitos, un trabajo que redifiniera el mapa de la música.

¿QUIÉN COJONES VA A QUERER ESCUCHAR ESTA MIERDA?

En diciembre de 1965, Brian Wilson ya estaba pensando en qué paso debía dar en lo musical. Tenía una vaga idea de lo que quería que fuera el próximo disco del grupo, más espiritual, más rico sonoramente, pero poco tenía más allá de algunos retazos de canciones en forma embrionaria, algo que él, en plena fase mística, llamaba sensaciones. Y tuvo que ser de nuevo una amenaza exógena la que le obligase a dar un nuevo empujón, a crecer. Los Beatles habían vuelto a golpear.

Hacía unos días que los Beatles habían publicado Rubber Soul y tan sólo conocía alguna canción de la radio. Estaba reunido con Loren y unos amigos cuando pudo escucharlo en su integridad. Fumaban unos cigarrillos de marihuana mientras lo hacían, en silencio a la espera de que Brian diera su veredicto al respecto. Un buen rato después de haber finalizado la escucha, un absorto Brian Wilson comenzó a hablar: “Estoy flipado, no puedo creerlo. Estos tipos solo ponen buen material en sus discos y eso se nota. Eso es lo que quiero yo”. Esa misma noche le dijo a Marilyn que iba a hacer el mejor disco de rock jamás grabado.

Aprovechando el tiempo durante una parada en la gira invernal, llamó a los chicos al estudio para grabar una canción que Al Jardine había propuesto hace algunos meses. Se trataba del clásico folk “Sloop John B”, que Brian había arreglado y readaptado con el tempo aumentado. Entusiasmados con los cambios, se pusieron a grabarla. Tras probar a sus cuatro compañeros en la voz principal sin sentir que estos daban con la tecla, desistió. Una vez que estos habían vuelto a la carretera, él la grabó, sin su consideración. Sin saberlo, Brian estaba poniendo los cimientos de Pet Sounds, dando muestras de que estaba conminado a hacerlo solo si era necesario. No admitiría críticas a su decisión ni a su liderazgo.

Llegó enero del 66 con un montón de ideas y retazos de música sin orden fluyendo en la cabeza de Brian. Esas “sensaciones” debían ser ordenadas y para ello necesitaría a alguien que le ayudara a hacerlo, más cuando había renunciado a la antigua ayuda de Mike Love, alguien que, en palabras de Brian, ya no estaba capacitado para interpretar lo que tenía en mente. Y pensó en un amigo de Loren Schwartz, como no. En los tiempos de la grabación del disco Summer Days, Loren le había presentado a Tony Asher, un joven músico y escritor que por aquel entonces se dedicaba a la publicidad. Brian se puso en contacto con él y le ofreció que le ayudara a escribir unas canciones en las que llevaba un tiempo trabajando. Tony al principio se sintió sobrepasado, pues era admirador de su música y temía interferir al ocupar el puesto de Mike, pero finalmente aceptó. Brian estaba tan entusiasmado con la decisión que le solicitó se incorporara inmediatamente al proyecto. Las directrices que Brian le explicó a Tony eran tan confusas como grandilocuentes: Quería que cada canción fuera grande en sí misma, pero que tuviera un hilo común, que funcionara como un todo. Algo que jamás había conseguido con el grupo y que sentía que debía lograr si quería responder a los Beatles. Sus nuevas canciones debían ser como sinfonías o grandes obras pictóricas. Llenas de color y viveza, como tocadas por Dios.
 

En esas primeras sesiones de trabajo con Asher fueron apareciendo en escena canciones que serían descartadas por Brian por ser “demasiado ligeras” para lo que buscaba como “You Are So Good To Me” y otras que sí encontrarían alojamiento, como “Caroline, No”. A pesar de nombrar a una tal Caroline (un viejo amor del instituto) en realidad se trataba de Marilyn y él y el paso del tiempo y la inocencia perdida.  Presionado por Capitol para sacar un nuevo single, pensó en esta “Caroline, No” y se puso de inmediato a grabarla, algo que le llevó diecisiete exhaustivas tomas y un río de lágrimas, pero al fin sentía que había rozado la perfección que tanto buscaba. 

En esas jornadas maratonianas y productivas, fantaseó incluso con la idea de que este trabajo fuera un álbum en solitario, sin el resto de los muchachos. Al fin y al cabo lo que en él estaba plasmando eran las interioridades de su alma torturada y sus miedos, staba plasmando en ella su alma, eran fruto de su crecimiento como persona y como músico. Muestra de ello estaban piezas como “I Wasn’t Made For These Times” en la que se lamentaba por tener que dejar muchas cosas y gentes atrás. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que Tony Asher ejerció de psicólogo (o psiquiatra) de Brian durante estas sesiones casi tanto como de letrista pues era el encargado de desentrañar todas las obsesiones que le rondaban por la cabeza y convertirlas en canción, como la conversación que dio forma a la letra de “Wouldn’t It Be Nice”, que no era más que la eterna fantasía secreta de Brian por Diane, la hermana mayor de su esposa Marilyn, algo que sorprendió a Tony. Brian intentó explicarse diciéndole que estaba enamorado de la idea de estar enamorado. Que se podía enamorar de una chica tan solo por el reflejo del sol en su pelo, su sonrisa. Todo lo que necesitaba era una sensación y era algo que le sucedía muy a menudo con Diane. Sabía que no era fácil de entender ni de explicar, ¿pero no sería bonito?

Las semanas corrían y el trabajo era de lo más productivo, a pesar de alguna recaída en el ánimo de Brian. Habían dado forma y grabado casi en su totalidad todas las canciones que compondrían el álbum, incluidos los esbozos de lo que acabaría siendo más adelante “Good Vibrations”, mientras el grupo seguía de gira. El momento álgido de esas sesiones llegó con “God Only Knows”, congregando hasta 33 músicos en el estudio todos tocando a la vez, necesitándose una gran labor de producción para grabar y remezclar capas. Trabajar con la tecnología de entonces no debió ser fácil, y menos con un proyecto de la dimensión que estaba adquiriendo este, con esa amalgama de sonidos y arreglos de cuerda y vientos, theremines y harpas, más allá de  los parámetros pop que manejaban hasta entonces. Tampoco eran fáciles las circunstancias en las que Brian lo estaba realizando, con comunicaciones telefónicas en las que apenas podía mostrarles a los demás ráfagas musicales, retazos de lo que él y solo él estaba haciendo mientras ellos seguían de gira. En definitiva, era la primera vez en la que el resto de los muchachos no iba a hacer otra cosa que no fuera cantar.

En marzo del 66 llegó el momento en el que Dennis, Mike, Al, Carl y Bruce se incorporaron a la grabación, una vez que la totalidad de la música estaba creada, las letras compuestas y las directrices para las voces más que prefijadas por Brian. Ahora ellos solo deberían cantar. Verse desplazados de todo el proceso y ahora puestos a grabar una colección de canciones que profundizaban exclusivamente en la psique conflictiva de Brian no cayó demasiado bien en todos los chicos, como por otro lado no era de extrañar. Dennis siempre había sido bastante comprensivo y confiaba en Brian, Bruce estaba realmente encantado con el sonido, pero si hubo uno que lo encajó especialmente mal fue Mike, otra vez. Para él todo eran problemas: Las referencias espirituales a Dios, el sonido demasiado avanzado y apartado de los estándares de sol, chicas y playas que tan buenos resultados les habían cosechado en el pasado. Llegó a calificarlo de música para su ego (el de Brian). Curiosamente, un exabrupto que Mike le soltó acabaría dando el titulo a esta colección de canciones. “¿Quién cojones va a querer escuchar esta mierda, los oidos de un perro?” De esta manera acababa de nacer el que sería su nombre definitivo: Pet Sounds.

Pero Pet Sounds no fue recibido con entusiasmo por los ejecutivos de Capitol Records, y por mucho que Brian lo defendió, no pudo hacerles cambar de opinión. Estaban decepcionados, esto era una ruptura total de los esquemas de la banda, no lo entendían, no le veían salida comercial. Llegó a barajarse incluso dejar los masters en un cajón y olvidarlos. Eso hizo a Brian sentirse despreciado, incomprendido, decepcionado. Y una vez que salió al mercado, las ventas tampoco acompañaron. Tras cinco semanas solo pudo llegar a un discreto décimo puesto. Tamaña odisea no fue recibida ni entendida por el común de los mortales, quizás Brian no exageraba cuando decía aquello de que no estaba hecho para estos tiempos. La puntilla de la discográfica llegó cuando, ocho semanas después de la publicación de Pet Sounds, Capitol lanzó un recopilatorio con lo mejor de los Beach Boys. Una auténtica puñalada trapera para la moral de Brian.

Pero la semilla de este trabajo glorioso calaría poco a poco en mucha gente, a pesar de la inicial miopía de su sello y la frialdad de las listas. Pronto todo el mundo reconocería Pet Sounds, y sigue haciendo hoy, como uno de los más grandes discos jamás soñados y el esfuerzo quimérico de Brian Wilson como una de las mayores gestas musicales, quizás la mayor, de aquellos años 60.

Pd:  Quiero dedicarle este post a Iván, cazador de samplers como yo, esté donde esté.