viernes, 13 de mayo de 2016

Radio Flamingo presenta: La Carrera Espacial de Brian Wilson

Por Juanjo Baquedano



Al repasar los libros de historia, se suele citar el discurso de 1961 de John Fitzgerald Kennedy en la Universidad Rice de Texas, en el que pronunció aquello de que antes del final de esa década pondrían a un norteamericano en la luna y le traerían de vuelta sano y salvo, como el pistoletazo más o menos oficial a la entrada de los americanos en la carrera espacial. Una rivalidad entre americanos y soviéticos que, en esos escasos años que separaron 1957 de 1969, nos haría evolucionar a todos como especie a las mayores cotas de ciencia que jamás habríamos soñado y nos hizo salir de nuestro pequeño caparazón azul.

A otra carrera espacial entre genios protagonizada por un norteamericano quiero dedicar unas líneas en esta ocasión. A la que Brian Wilson protagonizó (aunque a la postre la perdiera) al frente de sus Beach Boys para intentar vencer a aquellos cuatro tipos de Liverpool a los que tanto admiraba, The Beatles, y que desmembocó en Pet Sounds, el más hermoso disco de Pop fabricado hasta esa fecha. Un disco que vería la luz un 16 de mayo de 1966, justo ahora hace 50 años. Un viaje espacial casi sin retorno en busca de la perfección, de obsesión por el sonido en el que un joven e inadaptado Brian Wilson estuvo a punto de perderse para siempre, algo que de hecho le ocurriría más adelante. Una historia que debe tener su inicio en los primeros 60, cuando nadie podía intuir que unos imberbes Beach Boys, capitaneados por Brian Wilson, habrían de ensanchar en apenas un lustro los confines del universo del pop.


MARILYN Y SU OBSESIÓN POR PHIL SPECTOR

En el verano de 1963 unos californianos que apenas sobrepasaban la veintena, los hermanos Brian, Carl y Dennis Wilson, su primo Mike Love y su vecino Al Jardine, gozaban de una más que importante fama entre los jóvenes de su país. Dos discos habían bastado para hacer de ellos el grupo indispesable en cualquier fiesta adolescente. Ellos abanderaban el incipiente sonido del Surf, una de las derivaciones más hedonistas del rock and roll en esos primeros 60.


Lo tenían todo: Fama, dinero, acceso a fiestas y chicas, más de las que quisieran soñar. Pero Brian, bajista, pianista y principal compositor de la banda, no se encontraba cómodo con todo ello. En verdad no necesitaba ni ansiaba nada de aquello y cada vez le costaba más afrontarlo. A él solo le interesaba la música, pensar en nuevas canciones y quizás ser reconocido por ello. Cuando el grupo dejaba de grabar o girar, Brian se refugiaba en casa de los Rovell, familia judía de clase media con la que había congeniado. Allí, con los Rovell, se sentía seguro, refugiado de esa vida de artista que sentía que no estaba hecha para él. Esa familia se estaba convirtiendo en la familia que nunca tuvo, más desde que su tiránico padre asumiera el rol de ser su manager y productor. Los Rovell tenían tres hijas adolescentes: Diane, Marilyn y Barbara con las que Brian solía compartir el tiempo. Al principio Brian puso su ojo en la mayor, Diane, pero el tiempo hizo que se fuera acercando a Marilyn, con la que más comenzaba a congeniar.


Con Marilyn, apenas 16, hablaba de música y de sus sueños de artista: de tal o cual artista que estaba irrumpiendo en el mapa, de los sonidos nuevos que traía la Motown, etc. Y de entre todos los músicos, siempre le hablaba y hablaba de aquel productor que le obsesionaba: Phil Spector, el hombre que con su muro de sonido estaba revolucionando la música. Brian Wilson escuchaba, devoraba, estudiaba cada single que este ponía en el mercado y le estaba convirtiendo en el espejo en el que mirarse, el listón que debía y quería saltar. Supo que no quería conformarse con ser otro exitoso músico que fabricaba canciones pop, quería ser mejor y ahí estaba la alargada sombra del neoyorquino con la que torturarse: ¿Cómo lo haría Phil? ¿Qué pensaría Phil? Phil, Phil, Phil. Como muestra de esta obsesión, se cuenta que en  una tarde en la que Brian conducía su nuevo deportivo con Marilyn sonó en la radio la nueva canción de las Ronettes, "Be my baby", producida por Spector, y que esa canción causó tal impresión en Brian que no pudo sino frenar en seco el auto, salir al arcén y escuchar con detenimiento. "Dios mio", exclamó. "Es la mejor canción que he escuchado nunca. Yo no puedo hacer eso, Mare. No puedo hacerlo así". Pocos días después, y como fruto de esta anécdota, nació la canción "Don't worry, Baby", una especie de continuación de dicha canción, que Brian pensaba entregar a Phil Spector para que este la grabara, hasta que su amigo y letrista Roger Christian, le quitó  la idea de la cabeza diciéndole que él podría hacerlo tan bien como Phil Spector.


Su fijación por el huraño productor no tenía fin por aquel entonces, y debido a que ambos ejercían su labor en California, no tardarían en encontrarse. La primera vez fue en la oficina de Lou Adler, mientras Brian esperaba al duo de moda Jan and Dean. Estando allí, pasó Spector como una centella, escurridizo y enjuto y se plantó ante ellos. Brian apenas pudo balbucear unas palabras del tipo "Hola, pienso que eres un absoluto genio", elogio al que este ni repondió. Cuentan que ninguno de ellos se miró a los ojos durante ese breve encuentro.

El segundo encuentro tuvo lugar en los estudios Gold Star durante la grabación de "Be True To Your School" en la que Brian estaba experimentando con los ecos. A mitad de la grabación se abrió la puerta pero Brian no pudo alcanzar a ver a nadie. Al poco vio una cabeza emergiendo: Pelo negro, gafas tintadas, una cara huesuda y mirada seria: sin duda era Phil. Tras unos minutos, esa sombra se volvió a levantar y dijo, mirándole esta vez "Lo oigo todo" justo antes de abandonar el estudio. Esa frase repicó en la cabeza de Brian durante días, sentía como si le estuviera marcando el terreno. Tras este enigmático encuentro sobrevinieron algunos otros en los que pudo comprobar el esquivo y problemático caracter de su idolatrado Spector, como ese en el que, de nuevo como empequeñecido ante su ídolo, Brian solo le llegó a musitar que "Be my baby" era la mejor canción que había escuchado, a lo que un aparentemente altivo Spector le espetó que "Then he kissed me" era aún mejor. O aquel otro de un día de otoño de 1963 en que se acercó como invitado a la grabación del ya mítico disco navideño de Phil Spector de cada año. Ronnie Spector estaba cantando "Santa Claus is coming to town" hasta que un malhumorado Spector ordenó parar y tocar otra canción. Tras un par de tomas que no parecieron satisfacerle, impuso silencio a la banda y le dijo con malos modos a Leon Russell que desalojara el piano. Se acercó a Brian, que estaba de espectador en un rincón y le dijo, clavándole la mirada con esos ojos pequeños pero incisivos, "Brian, ¿Por qué no vas al piano?". "No, gracias,  estoy solo mirando", contestó Wilson. La tensión se mascó en el ambiente al escuchar  esa respuesta. Nadie osaba desobedecer al pequeño ogro. "Como te he dicho, ¿por qué no vas al piano?". Esta vez no pudo sino hacerle caso. Tras cuatro tomas infructuosas que se le hicieron interminables, le dejó marchar.

A los ojos de Marilyn, y a pesar de las malas formas, el trato que Phil Spector inflingía a Brian no respondía a que quisiera humillarle, sino que le reconocía como un igual, le tenía en consideración y valía. Palabras que parecieron disuadir a Brian, pues hicieron en otra ocasión, ya en mayo de 1964, Brian se atreviera a entregarle la maqueta  de "Don't hurt my little sister" para su consideración. Una vez llegado a su casa, y tras recibir lo que se podría considerar un elogio del último single de los chicos playeros, "I Get Around" (Es suficientemente tonta, funcionará bien), Phil le hizo sentarse a tocar la demo para él, pero con unos pequeños cambios que este le sugirió. Phil Spector le tuvo quince minutos tocando el mismo riff de piano de su propia canción hasta que se levantó y le soltó "Haré un arreglo para esa canción. Nos vemos en el estudio" justo antes de desaparecer y dejarle solo en su propia casa. Todo un carácter, Spector.


LOS MIEDOS Y LA AMENAZA BRITÁNICA

En 1964 Brian seguía sintiéndose incapaz de llevar el tren de vida social que llevaban los otros chicos y fue encerrándose más en sí mismo y refugiándose en el estudio, lejos de la mirada del mundo. Sus continuos cambios de humor, su inestabilidad al mantener relaciones llegaron hasta el punto que que el resto de la banda acuñó una expresión para excusar su cada vez más complicado carácter: "Bah, es solo Brian haciendo de Brian".

Con "I Get Around" habían conseguido su primer nº 1 en las listas y se disponían a realizar su primera gira fuera de los EE.UU., por tierras australianas, algo que preocupaba a Brian, pues no se sentía con excesivas ganas de andar mucho tiempo fuera de casa. Si bien los chicos disfrutaban de cada momento que andaban de gira, para él suponía un suplicio cada segundo en el que no actuaba o componía, pasando practicamente el resto del tiempo en la habitación de su hotel, hecho que comenzó a preocupar al resto. Maldecía las giras, le apartaban de la posibilidad de componer con tranquilidad.

Fue en la segunda escala de esa gira austral, en Nueva Zelanda, donde tuvo lugar un episodio crucial para el grupo: La entrada en escena de los Beatles. En Auckland no se hablaba de otra cosa en esos días durante la gira de los Beach Boys. Un boca a boca que acabó llegando a nuestros chicos. "¿Habéis escuchado el single de esos ingleses, The Beatles? Han vendido 500.000 copias en poco más de una semana". Brian y el resto tenían que oir de qué se trataba. Sintonizaron la radio y no tardó mucho en aparecer el éxito de los Beatles "I Want To Hold Your Hand". Mike y Dennis mostraron cierto desdén ante lo que escuchaban, Al Jardine respondió diciendo que no debían "preocuparse por ellos", sonaban a grupito de moda, su música sonaba muy ligera. "Sí, la canción es realmente simple. Pero es muy pegadiza, tiene algo", respondió un pensativo Brian.


Esa inquietud que había dejado en el grupo descubrir la existencia de los Beatles, por mucho que alguno quisiera minimizar la amenaza, se vio amplificada unas semanas después, cuando habiendo vuelto a EE.UU., y ya trabajando en su próximo disco, vivieron como todo su país sucumbía ante la primera visita de los británicos a tierras americanas. Y el día D, el día del desembarco ante la nación, habría de ser el 9 de febrero de 1964, en el Show de Ed Sullivan. Dicha actuación pilló a Brian de cena en casa de los Rovell. Cuando los Beatles aparecieron en escena y el plató entero se vino abajo con esas muestras de histeria durante toda la interpretación, Brian no podía dar crédito. Apenas podía escuchar una nota, pero pudo intuir todo el potencial que irradiaban. Le pasó con los Beatles como le sucedía con Phil Spector, conseguían que se sintiera pequeño. Un artista menor. Verles plantados con esos trajes negros agitando sus melenas, le hicieron sentir como parte de un grupito infantil, con sus camisetas de rayas y sus pantalones remangados, como simples caddies de golf.

Al día siguiente, reunido con Mike Love, comentaron la jugada. Ambos reconocían que los Beatles habrían de ser sus grandes rivales, pero, cuando discutían sobre como debían responder a dicha competencia, quedó claro que Brian ya había dado un paso adelante en la evolución de su grupo y que quizás ninguno de sus compañeros estaba en disposición de seguirle: La "fórmula Beach Boys" ya no era suficiente, tenían que crecer, aseveró.


En este tiempo Brian tomó algunas decisiones que no recibieron la total aprobación del resto, pero dado que había asumido definitivamente el rol de líder, ya no tenían marcha atrás. La primera concernía a su padre Murry Wilson, que había ejercido de manager desde el principio y de productor hasta el anterior disco, en que Brian tomó los mandos. Los Beach Boys eran en origen  creación del padre y este no iba renunciar a la gallina de los huevos de oro y a imponer sus dictados. Por ello, cada vez que Brian insinuaba que el grupo tenía que mirar más allá de conseguir un nuevo hit de temporada el padre mostraba su desaprobación. Si quería hacer crecer a los Beach Boys no quedaba otra opción que despedirle. Más doloroso fue cuando decidió comunicar a Mike Love que no le necesitaba más para acompañarle a la hora de componer las letras, con la lógica desaprobación y frustración de su primo. Le prometió que no era personal y que en el futuro volverían a trabajar juntos, pero a pesar de esas buenas palabras algo se estaba resquebrejando entre ellos, al menos por un largo tiempo.

Fue en esos meses donde comenzó a desarrollar verdadero pánico a volar, pues volar significaba salir de gira y abandonar el único entorno donde se sentía cómodo: Marilyn y el estudio de grabación. Se lamentaba  por estar dos o tres semanas sin poder pensar en nuevo material. En su gira por Europa de aquel verano, de la que intentó escabullirse, mientras Mike, Al, Carl y Dennis andaban de fiesta en fiesta, él las pasaba encerrado en su habitación o colgado al teléfono hablando con Marilyn lamentándose por todo, maldiciendo a su padre. Comenzó a beber de modo impulsivo. Apenas habían vuelto de esa gira europea cuando se embarcaron en su segunda gira por Oceanía, en noviembre de 1964. Tras ella, habiendo tenido sus más y sus menos con Marilyn, le pidió matrimonio, casándose poco después en Las Vegas.

Pero el momento en que el cerebro de Brian hizo click al respecto de las giras y los vuelos llegó en la navidad del 64, cuando se disponían a iniciar una gira por EE.UU. Tras unos días en que se sentía sobrepasado por las insidias y amenazas de querella de su padre a colación del sello del grupo del que este aún era copropietario, discusiones por culpa de los celos (infundados) hacia su esposa, entró en pánico nada más despegar. El vuelo hasta Houston fue horroroso, llegando incluso a ser maniatado, y cuando se acercaban a la urbe tejana, Brian pretendió hacerles volver, entre sollozos, a Los Angeles a casa de su madre, cual niño aterrorizado. Nada mas aterrizar, fue internado en un hospital, donde estuvo varios días, hasta que su madre apareció para llevárselo de regreso, en coche esta vez, a California. Una vez todo volvió a una cierta calma, Brian decidió que ya no saldría más de gira con el resto, pero aún no había acumulado la fuerza suficiente para decírselo cara a cara.


Continúa aquí.

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