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Por Isaac Moreira

Para quien no lo conozca, el planteamiento es el siguiente: la comida del supermercado está viva y piensa que los humanos son dioses que, cuando la compran, la lleva a un lugar mejor donde la mimará y cuidará. Por su puesto cunde el terror al descubrir la verdad. En un principio, por el trailer, la película parece un cruce entre Toy Story y American pie algo macarra. Sin embargo va mucho, mucho más allá.
La película se encuentra tan saturada de tacos y chistes sexuales/escatológicos, de forma tan gratuita, que puede cansar (… y mucho, según el espectador). Por otro lado tiene un par de momentos bastante divertidos (las escenas de muerte y destrucción que sufren los alimentos) y crea una buena representación del mundo a través de los alimentos, salsas o platos típicos de cada país. Un ejemplo es la tirante relación entre un bagel judío y un pan de pita palestino por verse obligados a compartir estantería en el supermercado.
Otro punto interesante es que tiene un claro mensaje de lo ridículas que son las represiones y las disputas por culpa de creencias religiosas y acaba con una reflexión sobre dejar atrás diferencias y los tabúes y disfrutar de la vida. No obstante, para que cale bien hondo este mensaje en el espectador la película culmina en una escena catártica épica que, por lo menos para mi pobre y frágil mente, resulta de lo más perturbadora, bizarra y perversa de la cual no hablaré. Ni si quiera daré una pista. Tan solo espero que no haya ningún padre despistado que lleve a sus hijos pequeños a ver La fiesta de las salchichas porque el shock puede ser traumático. Muuuuuuy traumático.
Seguramente será una película con la que te reirás mucho si conectas con el tono humorístico de la peli o que la detestarás a mitad de metraje.

Nota: WTF?!?!?!? (lo siento, todavía no he asimilado ese final)