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Por Paco Latorre

Sea un por un nivel de acracia alto en sangre o por una injustificable incomodidad a la contemporaneidad; no me encuentro cómodo con la cultura de los tiempos que me tocan vivir en presente. Pocas películas veo que me gusten, pocos libros leo y disfruto, y poca música consumo. Soy de los reaccionarios del tiempo pasado siempre fue mejor – a este nivel, no crean que no me alegro de no vivir en guerra o no sufrir la peste, pese a que aún quedan carlistas, dicen- y Wolfcop es un claro ejemplo: un vano y chapucero intento de recuperar un espíritu (el del videoclub ocehentero y la serie z sinvergüenza) que tuvo su momento y ahora tiene su altar, que como casi todos los altares viene de la idolatría acrítica. Aburrida y sin nada más baza que jugar a ser colega guay y darle pábulo a la nostalgia (por lo menos Stranger things estaba muy bien hecha y contada), Wolfcop consiguió que dos personas que viven muy cómodas en esa zona de referentes se aburriesen como dos ostras incluso bastante intoxicados. Lo mejor es que dura poco -y hace pasables a infamias como Zombeavers o Kung Fury– y la cosa funciona cinco minutos, lo peor es que constata la validez de mi impresión de que en nombre de reivindicar algo que no volverá se han pensado que al aficionado al género nos pueden colar de todo como si fuésemos tarugos.

 Nota:3