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Como cada año por estas fechas os traemos nuestro especial Halloween. Pero esta vez no será un especial sobre cine, os deleitaremos una selección de tebeos que os lo hará pasar realmente mal -o muy bien- en la noche de las brujas. Tebeos para leer en la cama bien tapaditos.

Además esta vez tenemos invitados de lujo. Dos de nuestros ilustradores de cabecera se disfrazan de colaboradoreszombie para ayudarnos con nuestra selección: Álvaro Ortiz y Jordi Pascual.

The Haunt of Fear/The Vault of Horror/Tales from the Crypt (VVAA, 1950-1955)
Por Jordi Pascual

Algo muy podrido crecía en los Estados Unidos en la década de los 50. Afortunadamente una pequeña editorial se dedicó a hacer unos tebeos cargados de historias escabrosas, asesinatos macabros, criaturas repugnantes y una larga lista de cosas que hacían que los calzoncillos de los niños cambiaran de color. La fórmula era muy sencilla: tres maestros de ceremonias (el Guardián de la Cripta, la Vieja Bruja y el Guardián de la Cámara) contaban una historia de terror con un final sorpresa y por lo general bastante moralista pero con un humor negro y una mala leche que hacía que los calzoncillos de los moralistas padres de esos niños también cambiara de color. Puede que la formula fuera repetitiva, si, y que los relatos poblados de infidelidades enfermizas, hachazos por sorpresa y otra serie de profanaciones se hiciera algo dura para según quien, de acuerdo. Pero si estos relatos los narran gente como Bill Gaines, Joe Orlando, Al Feldstein, Wally Wood o el mismo Ray Bradbury entre otros grandes… no quiero salir de la cripta!


Kitaro (Shigeru Mizuki, 1959)

Por Álvaro OrtizAunque todo el mundo coincide en que la gran obra de Mizuki es NonNonBa, este señor japonés que perdió una mano en la guerra y aprendió a dibujar de nuevo con la otra se hizo popular gracias a su personaje Kitaro (GeGeGe no Kitaro en japonés, algo así como Kitaro del cementerio) que apareció en los 60 en las páginas de la revista Garo para pasar rápidamente a las del Shonen Magazine ya que en realidad Kitaro era una serie infantil/juvenil, de humor terrorífico y grotesco muy entrañable (digo “en realidad” porque Garo se caracterizaba por un cómic bastante más adulto, lo que se conoció por Gekiga).
Kitaro es un Yokai que ayuda a la gente en movidas relacionadas con los Yokai, y como Yokai es el término genérico para las criaturas sobrenaturales del folklore japonés, por sus páginas lo mismo pasan vampiros y hombres lobo, que fantasmas varios, Kappas o Kaijus gigantes rollo Godzilla.
Y aunque Kitaro es tuerto su padre tiene forma de ojo con piernas y brazos y vive en su cuenca vacía. Pues eso, que muy bien todo.


Tomb of Dracula (Marv Wolfman y Gene Colan, 1972)

Por Jordi PascualImaginaros que estamos en 1972. Imaginaros que sois un joven hippie que se alimenta de discos de Jefferson Airplane, sustancias ilegales y pizza. Imaginaros que trabajáis para la editorial  que hacía los mejores tebeos de vuestra infancia y que os encargan crear una línea de tebeos de terror ya que la censura afortunadamente ya es más permisiva. Imaginaros que al salir del trabajo cada viernes vais al cine a ver los estrenos repletos de pelis policíacas, de kung-fu, blackxploitation o la última producción de la Hammer. Pues añadid a todo esto una pizca de tebeo de superheroes (sazonado con el apestoso “método Marvel”), olvidaros de encender el túrmix y tendréis La Tumba de Drácula. Un tebeo endiabladamente divertido, bastante hijo de su época y digno de leer si a uno le gustan este tipo de batidos algo caóticos y exóticos que por alguna extraña razón uno no puede dejar de consumir.


LA COSA DEL PANTANO (Alan Moore, VV.AA., 1984)

Por Isaac MoreiraAunque La Cosa del Pantano apareció por primera vez en 1971, no alcanzó todo su potencial hasta que la tomó Alan Moore en 1983. Moore hizo un trabajo fabuloso desarrollando al personaje. Le dio un trasfondo y una evolución psicológica y física poco común en los tebeos por aquellos tiempos. Dentro del género de terror pero no limitado únicamente a él, Moore abordó con gran talento y valentía temas como la ecología, el pánico nuclear, asesinos en serie, racismo, drogas, libertad sexual… Y a la vez los combinó con los grandes clásicos del género: vampiros, demonios, posesiones, hombres lobo, casas encantadas, sectas diabólicas… Todo ello perfectamente encajado dentro del Universo DC.
La Cosa del Pantano de Moore supuso un antes y un después en DC Comics. Abrió el camino a nombres como Gaiman, Morrison, Milligan… y en sus páginas se encuentran algunas semillas que posteriormente germinarían en The Sandman o la  primera aparición de John Constantine.
En el apartado grafico, aunque contó con varios dibujantes, fueron Stephen Bissette y John Totleben los que definieron el estilo. Recrearon unos paisajes y atmósferas a veces psicodélicas, a veces malsanas y siempre inquietantes. Aunque originalmente fue publicado en color, es en blanco y negro donde mejor se puede apreciar su trabajo y el que mejor sienta a la serie.


La mujer de la habitación oscura (Minetaro Mochizuki, 1993)

Por Ivanckaroo BanzaiMochizuki impactó a los seguidores del seinen con su manga Dragon Head gracias a su dibujo realista y una trama interesante a la par que misteriosa que, por desgracia, iba perdiendo fuelle con el paso de los tomos.
Una de sus obras menores es este La mujer en la habitación oscura; buena y corta lectura para los amantes del terror japonés más al estilo Ringu o Ju-on. Todo el mundo sabe ya los elementos comunes: espectro con melena negra lacia pegada a la cara que se dedica a vengarse de gente que no la ha hecho absolutamente nada.


El Bruto (Eic Powell, 1999)

Por Iván Fanlo“¡Zombis! ¡Vampiros! ¡Hombres-lobo! ¡Chimpancés gigantes! ¡Pueblerinos mutados! Todos temen la furia de… El Bruto” Esta frase en la contraportada del primer tomo español (Norma Editorial, 2005) de El bruto, resume perfectamente el espíritu pulp y socarrón de la serie de Eric Powell. Y es que el autor no se corta a la hora de tomar referencias que pasan por Will Eisner, el cine de género, la literatura clásica o la cultura pop norteamericana; todo ello metido en la batidora con un mucho humor negro y unos dibujos y un colorido increible que hará que llenes sus páginas de babas. Si con todo esto -y los varios premios que Powell ha ganado con su obra- no te animas a leerlo, mereces que El Bruto y Franky te den una buena paliza.
Aunque desde 2008 los rumores de una peli de El Bruto, con David Fincher en la producción, fueron creciendo hasta materializarse en un exitoso kickstarter, poco se sabe todavía de este esperado film de animación.


Uzumaki (Junji Ito, 1988)
Por Iván Fanlo
Debía correr 2005, mas o menos, cuando, por primera vez, leyendo un cómic sentí tanto miedo como cuando de pequeño ves una peli de terror a escondidas. Los culpables: Junji Ito y su manga Uzumaki. La premisa, aunque de primeras suene algo extraña, es muy sencilla: el pueblo de Kurouzu y sus habitantes son invadidos por “espirales”  (Si, has leído bien, espirales). La gente empieza a obsesionarse con estas formas llegando a transformarse tanto física como psicológicamente hasta límites enfermizos. Y aquí es donde el autor, a través de la espiral como mcguffin, da rienda suelta a su fantasía y mal rollo creando situaciones donde el lector llega a meterse tanto en la historía hasta caer dentro de ese remolino de muerte y locura.
Todo un viaje al abismo que peca de ser algo repetitivo, pero que creo que no dejará a nadie indiferente.

La sonrisa del vampiro 1 y 2 (Suehiro Maruo, 1998)

Por Ivanckaroo BanzaiSi hay un experto en recrear pesadillas, ese es Suehiro Maruo. Ataviado con el habitual trauma japonés tras el bombardeo atómico y la derrota en la II Guerra Mundial, este atípico mangaka tiene el don de impactar con lo grimoso de sus historias y lo enfermizo de sus dibujos. Cuerpos pudriéndose, deformaciones, orejas cortadas que toman el aspecto de fetos, lametones en los globos oculares, polillas y orquídeas de fondo entre cuerpos decapitados… una imaginería aterradora y abstracta que bebe mucho del cine de terror mudo en su estilo narrativo, y del arte abstracto (especialmente Dalí y Buñuel) en lo visual.
La sonrisa del vampiro es quizás la obra más digerible de Maruo; cuenta la historia de un estudiante de posguerra trasformado en vampiro por una vieja jorobada. A partir de ahí, comienza a descubrir sus poderes, manejarlos, compartirlos y entrar en una espiral de venganzas hasta descubrir que ser un chupasangres no es todo ventajas…


El Marqués de Anaon (Fabien Velhmann y Matthieu Bonhomme, 2002)

Por Álvaro TejeroJean-Baptiste Poulain, un enigmático joven desheredado, recorre la Francia rural del siglo XVIII encontrándose a su paso acontecimientos terribles a los que se atribuye un origen fantástico. Siguiendo la estela marcada en el cine por El Pacto de los Lobos (2001), y basándose en leyendas conocidas, los autores crean una especie de caza-demonios desmitificador y que se teme condenado en una época en la que razón intentaba imponerse al oscurantismo y la aristocracia se negaba a ver la Revolución que terminaría cambiando el mundo a finales de siglo. Una serie de relatos autoconclusivos e independientes que mezclan terror con el género negro y que alcanzan una gran atmosfera por el dibujo de gran expresividad de Bonhomme y el potente uso del color por parte de Delf, y si bien los guiones son sólidos, necesitarían un páginas más en cada aventura. Una de las series de mayor éxito de la BD franco-belga de este siglo y que llevo a sus autores a encargarse de series míticas como Lucky Luke y Spirou. Mejor tomo: 3.- La providencia.


Locke & Key (Joe Hill, Gabriel Rodríguez, 2008)

Por Álvaro OrtizJoe Hill era un novelista así medio reputado al que un día la editorial IDW le propuso adaptar uno de sus relatos a cómic (de ahí salió La Capa, adaptado junto al guionista Jason Ciamarella y dibujado por Zach Howard), y le debió gustar tanto el resultado que lo siguiente fue lanzarse a escribir una serie de cómics directamente, que editaría la misma editorial.
Locke & Key empieza como serie de terror y asesinatos, con una familia que por un feo asunto deben refugiarse en el hogar familiar conocido como La casa de llaves, en un típico pueblecillo americano en plan Dawson Crece, pero llamado nada menos que Lovecraft. Y luego ya durante 6 arcos argumentales llenos de dramas del pasado y dramas del presente la cosa se desata en un prodigio de imaginación desbordada e ideas originales (una casa llena de llaves que te permiten cosas como cambiar de sexo o de tamaño o yo que sé, morirte, mismamente) que van más allá del simple terror aunque lo mantenga hasta el final.
Si no me equivoco los autores han retomado la serie o están haciendo algo derivado y supongo que no tardarán (si no se está haciendo ya) en preparar una adaptación a teleserie porque le va el formato que ni pintado.


Desde el más allá y otras historias (Eric Kriek , 2012)

Por Isaac MoreiraKriek adapta algunos de los relatos más emblemáticos de H. P. Lovecraft: El intruso, El color que cayo del espacio, Dagon, Desde el más allá y La sombra sobre Innsmouth. En algún caso la adaptación puede ser un poco resumida (algo comprensible por la diferencia de códigos entre la escritura y el cómic) pero se nota el cariño, la devoción y el respeto por el genio de Providence (algo que ya nos gustaría ver en sus adaptaciones al cine). Kriek, a pesar de que tiene un estilo muy personal, ha sabido recrear muy hábilmente las atmósferas de Lovecraft con un dibujo en blanco y negro y unas luces y sombras de tono expresionista. En resumen, muy recomendable para los seguidores de Lovecraft y una buena presentación para los no iniciados.


Harrow County 1. Innumerables Series (Cullen Bunn y Tyler Crook, 2015)

Por Álvaro TejeroRecientemente publicada en España, este volumen recoge los cuatro primeros números publicados por Dark Horse en Estados Unidos, Harrow County es una serie actual de bastante fama que lleva detrás nominaciones a los Eisner y alabanzas de tótems como Mike Mignola. El guionista Bunn (bregado en numerosas series de Marvel) intenta ofrecer un cuento gótico situado en algún lugar de la América profunda en lo que parece las primeras décadas del siglo XX con una joven a punto de entrar en la mayoría de edad y que ha vivido prácticamente aislada toda su vida en la granja de su padre. Un prometedor y perturbador arranque se ve lastrado por la tendencia superheroica de tanto cómic norteamericano y la necesidad de esperar a los siguientes números. Pero si por alguna razón merece recomendarse esta serie es por el impresionante trabajo con las acuarelas de Tyler Crook. Harrow County entra por los ojos, con esa estética capaz de mezclar en una sola viñeta la inocencia y crueldad propia de un cuento de terror. Crook merece guiones a su altura, demostrando una personalidad propia de un veterano.