martes, 11 de octubre de 2016

Crítica: Elle

Por Álvaro Tejero


Tan atrevida como incómoda, tan divertida como brutal, tan placentera como indigesta. Si con el último fundido a negro la conmoción es la única expresión que refleja tu rostro no hay lugar a dudas: acabas de ver una película de Paul Verhoeven.

Si bien el genio holandés vuelve alejado de sus propuestas de género que más fama le han dado es puro Verhoeven. Sexo, muerte, deseo, violencia con una protagonista femenina fuerte que utiliza el sexo para su supervivencia, éxito o dominio de la situación; o por simple placer. En un giro a su carrera parecido al realizado por David Cronenberg (el canadiense es el único director que también podría haberse atrevido con semejante historia) con Una Historia de Violencia y Promesas del Este, Verhoeven ha conseguido posiblemente su obra más despiadada, valiente y amoral siendo menos explícito que nunca. Tanto carnalmente como visualmente. Y Elle se prestaba a ello,  supurando sexualidad en cada escena.

Esa contención formal no impide que demuestre que sigue siendo un maestro: domina el suspense y sabe lo que es el ritmo, capaz de llevar hasta el límite cada situación y salir airoso, de esconder sus verdaderas intenciones debajo de dos horas de placer para el espectador, de filmar mejor que nadie el sexo y la muerte, casi siempre unidos. Lejos de acomodarse se ha adaptado a la historia que tenía entre manos y a su nueva musa Isabelle Huppert. Esa actriz de 63 años capaz de poner a sus pies a cualquier hombre o mujer de cualquier edad. Elle es Huppert, presente en cada escena y dominando a cada personaje y espectador con un leve gesto o una simple mirada; desde caminar a ponerse unas gafas de sol o masturbarse.


Elle comienza con una violación y ella es la víctima, pero pocos protagonistas menos empáticos que Michèle. Isabelle Huppert da vida a una ejecutiva divorciada de éxito capaz de todo con tal de lograr sus objetivos. Es fría, calculadora, amoral, cruel, y dañina; con un hijo vacilante, un ex-marido dependiente, un amante al que no desea, una empresa llena de hombres que trabajan para ella, un padre monstruoso y una madre con gigoló. Un personaje que a los 10 minutos de película informa a sus amigos tranquilamente en una cena de que ha sufrido una violación y no hay que darle mayor importancia.

Desde entonces y hasta el final Elle tiene tantas capas como su protagonista. Es la culminación de una venganza planeada, los movimientos de una reina que controla todo el tablero hasta lograr sus objetivos, una historia de amor que al final se hace posible tras 30 años de freno. En el camino, Verhoeven ha vuelto a destrozar todas las convenciones sociales, a reírse de la hipocresía siempre latente, a situar al espectador ante un espejo incómodo dándole como placebo un entretenimiento lleno de placer perverso.

Nota: 10

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