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Por Iván Fanlo

“Cuando el río suena, agua lleva”. Y es que todo pintaba regulero desde que el pasado junio supimos que se rodarían nuevas escenas para el esperado spin off de Star Wars. No sólo eso, sino que la rumorología elevaba a un 40% el metraje que debería rodarse de nuevo. ¿Algún ejemplo actual que haya sufrido los mismos inconvenientes? Por supuesto: Escuadrón suicida, uno de los muchos plufffs veraniegos de este 2016.

Aún así quisimos creer, rezar al santo Joda, poner velas a la princesa Leia y confiar en el poder de la fuerza. Nuestras plegarias parecían ser escuchadas porque los siguientes trailers hasta el estreno ponían los pelos de punta a cualquier fan.

Y así, unos meses después, por fin hemos llegado al estreno de Rogue One. Sabiendo que se trataba de una peli más adulta, con un reparto de quitar el hipo y la incertidumbre de como iba a casar todo con el vasto universo de la saga. El resultado, al menos por mi parte, me hace tener muchos sentimientos encontrados y una leve sensación de aburrimiento al salir del cine.

Lo peor es creer que las cosas se podían haber hecho mejor. Bastante mejor. Sobre todo cuando ves todo el magnífico trabajo de recreación de esa atmósfera visual que rezumaban las dos primeras películas. Realmente parece que esta nueva película tiene lugar en ese momento.

También hay aciertos en el guión. Sobre todo en lo que se refiere a intengrar lo que va sucediendo en la saga. Las piezas entre el Episodio III, el IV o sus series animadas encajan sin problemas con lo que vemos en Rogue One.

Incluso la historia, aunque no sea la más novedosa del mundo, es una historia de guerra bastante madura, algo muy reclamado por los fans de la primera trilogía.

El siempre criticado recurso de “apelar a la nostalgia” es precisamente lo que más salva el film, sin contar algún que otro cameo forzado o digitalizado. Y quien esté ya harto de tanta nostalgia, que no lo diga muy alto y espere a ver los últimos minutos finales. Antológicos.

El problema principal reside en los personajes. La película se empeña en ser coral y no deja mucho espacio para el desarrollo de sus protagonistas, haciendo forzadas sus decisiones o cambios en su personalidad. Sin personajes realmente buenos, no empatizas y por lo tanto queda una película sin alma. Que el androide K-2SO o Donnie Yen tengan más carsima que los supuestos protagonistas es un error muy grave.

La falta de emoción también es un lastre en el camino de Rogue One. La épica no puede nacer sólo de los fx y de meter bombas y naves en pantalla. La épica nace de acompañar a nuestros héroes a través de un viaje, crecer y emocionarse con ellos; y aquí llega a pasar contadas veces y tan sólo con alguno de los secundarios.

Antes he hablado de film serio y adulto, pero ¿es realmente un film tan oscuro como nos vendían? No. La supuesta oscuridad de El imperio contraataca funciona porque hay una película anterior y ya sabemos mucho de sus protagonistas. Cómo son, sus motivaciones, sus cualidades, sus  debilidades,… gracias a esa background podemos ponerlos en otras tesituras y hacerles avanzar. Sin esos conocimientos intentar darle una supuesta complejidad a una trama y a sus protagonistas, no funciona (Ese el el gran poder que no debe desaprovechar de el episodio VII, seguir con el recorrido de Rey, para mi uno de los grandes personajes de todo Star Wars).

Las prisa de disney por querer agrandar este universo (y su billetera) tan rápido puede que esté matando el sueño de hacer algo realmente bueno. Tanto  Rogue One como  El despertar de la fuerza tienen muchos aciertos pero ninguna de ellas ha llegado a ser redonda ni de contentar a todos los fans.

Que la fuerza nos acompañé durante estos próximos cuatro años.

Nota: 5’5