martes, 6 de diciembre de 2016

Dossier Mel Gibson

Por Álvaro Tejero

Hacksaw Ridge es la vuelta a la dirección de Mel Gibson. Han tenido que pasar diez años para que le volvieran a dejar dirigir tras la asombrosa Apocalypto. Para celebrar el, esperamos, feliz acontecimiento nada mejor que repasar su corta pero intensa, valiente y variada carrera como realizador.

Con cuarenta años de carrera a sus espaldas Gibson lo ha sido todo. Ha estado en lo más alto y más bajo de la industria. Le ha dado tiempo a ser protagonista del despertar del nuevo cine australiano, de ser una estrella mundial durante dos décadas, de arrasar en los Oscar y de ser vilipendiado hasta el destierro por su vida personal. Otra víctima más de no saber diferenciar al hombre del artista.

En los 90 del pasado siglo Mel Gibson se lanzó a la dirección para poder mostrar sus inquietudes, en un camino similar al desarrollado por otras estrellas como Kevin Costner o Sean Penn. Como ellos, el australiano demostró desde el principio su capacidad pero no hemos podido disfrutarla todo lo deseable. Veámoslo:


EL HOMBRE SIN ROSTRO (The Man Without a Face, Mel Gibson, USA,  1993)

El actor famoso por su Mad Max o el detective Martin Riggs sorprendió a crítica y público con una película pequeña, delicada y de una hiriente sensibilidad. Cuenta la profunda relación que se establece entre un profesor de pasado traumático y rostro desfigurado y un joven inteligente pero con problemas criado entre mujeres. Una amistad beneficiosa para ambos llena de humor, inteligencia, momentos duros y sinceridad en una cinta que habla sobre la verdad, la justicia, los prejuicios y la importancia de pensar por uno mismo y ser capaz de crearte tu propia opinión confrontando los hechos en un discurso a contracorriente en la actualidad.

Pero Gibson no se queda en la simple película profesor-alumno; es capaz de articular un discurso contra los juicios públicos y la educación o de tratar los abusos sexuales sin caer en el sensacionalismo en ningún momento. Todo ello a través de una puesta en escena sencilla y efectiva, aportando una de sus interpretaciones más contenidas.

Pareciera que Mel intuyera su futuro, contando la historia de un hombre que vive algo parecido a lo que tendría que sufrir él posteriormente y dejando un uso de El Mercader de Venecia que desconcierta a todos los que le acusan de antisemitismo.


BRAVEHEART (Mel Gibson, USA, 1995)

Dos años después llegaría su segunda película y el gran triunfo de su carrera, rompiendo taquillas y acumulando premios con la historia de sus escoceses heroicos. Curiosamente, es su peor película, que no una mala película. Braveheart es el prototipo de película triunfadora, como Gladiator, pero al igual que ésta tiene problemas. Una primera mitad mejor que la segunda, problemas con el ritmo en una duración desequilibrada, con un guión que va acumulando agujeros y simplificando personajes, una puesta en escena con descuidos por parte de Gibson que tampoco parece la mejor opción para el papel.

Esto no evita grandes momentos dramáticos y cierto aliento épico pero es posible que el cambio de película pequeña a gran superproducción en tan poco tiempo superará un poco al australiano, sobre todo en las escenas de masas.

Lo peor de Braveheart posiblemente sea ver que otras películas rondaban por los Oscar ese año: Babe, el cerdito valiente, Sentido y Sensibilidad, Los Puentes de Madison o Pena de Muerte.


LA PASIÓN DE CRISTO (The Passion of the Christ, Mel Gibson, USA, 2004)

La vuelta de Gibson a la dirección tras el éxito anterior se hizo esperar, y lo hizo apostando a lo grande: una película sobre la Pasión de Cristo centrándose en los aspectos más corporales y rodada en arameo y latín.

La película estuvo y está condicionada por toda la polémica creada a su alrededor y las opiniones polarizadas que genera por el tema que trata. No nos engañemos, si las flagelaciones  y toda la sangre derramada no fueran las de Jesucristo la película no significaría lo mismo. Sea o no uno creyente ver el sufrimiento extremo que sufrió con tal lujo de detalles impacta; y esa es una de sus grandes virtudes, la capacidad para trasmitir espiritualidad y la sensación de estar viendo algo más a cualquier tipo de espectador.

Como película, La Pasión de Cristo está extraordinariamente dirigida, con un cuidado por los detalles extremo por parte de Gibson. No es otra película religiosa, cada escena es única y no se acude en ningún momento  al plano estético sin valor narrativo o simbólico. Se siente la sangre, el sudor, cada herida y grano de arena y en todo ello tiene mucho que ver la labor de ese impresionante director de fotografía que es Caleb Deschanel.


APOCALYPTO ( Mel Gibson, USA, 2006)

Mel Gibson está en su mejor momento y dobla su apuesta con su historia sobre el principio de la decadencia del imperio Maya rodada en el lenguaje de la época y con actores en su mayoría no profesionales. Realismo llevado hasta el extremo pero sin olvidar que está contando una historia, logrando una película única, visceral, visualmente impactante y que recupera el sabor de la verdaderas aventuras. Su mejor obra hasta la fecha.

Una historia de supervivencia en la que el director australiano consigue combinar su personal sensibilidad por la sangre y la familia, en la que vuelve a enfrentar a su protagonista contra el mundo que le rodea y enseñarnos cómo narrar a través de la cámara en un in crescendo constante que desemboca en una lucha a muerte en la selva que entra en la historia del cine con un tratamiento de la acción tan bestial como hermoso, y que culmina con un último plano profético con la llegada de los navíos españoles.

Como casi todo su cine, el discurso vuelve a traerle problemas a Gibson. Mostrar las violentas costumbres de los mayas y demostrar que siempre hay oprimidos y opresores no casa con la falsa historia que se quiere imponer sobre el descubrimiento y conquista de América que llevaron a cabo los españoles.


No hay comentarios:

Publicar un comentario