martes, 31 de enero de 2017

Crítica: La La Land

Por Juanjo Baquedano


Realizar la reseña alguna semana después de su estreno de una de las películas más esperadas de la temporada -de las que más se lleva escribiendo en las últimas semanas- no es tarea fácil, ya que cualquier cosa interesante o relevante que se intente decir sobre el segundo trabajo largo de Damien Chazelle habrá sido dicha ya. Aún sabiendo cuán baldía puede resultar esta labor, procedo a juntar aquí unas cuantas frases con mis impresiones sobre “La ciudad de las estrellas - LA LA LAND”.

La bola de nieve comenzó el pasado verano al ser una de las comidillas del Festival de Venecia. Los epítetos se acumulaban (y aumentaban) conforme se acercaba su estreno mundial el pasado diciembre y eso era algo que he de reconocer que me hizo ponerme doblemente en guardia: Por aquello que sucede tantas veces de las altas expectativas generadas por la prensa y porque no compartí los elogios que de manera casi generalizada recibió su debut en largo, la muy técnica pero algo simplona Whiplash, cuyo responsable musical, Justin Hurwitz, también se encarga de la músia de esta. Pero aún con todas las precauciones, y porque siempre le he tenido cariño al género, me podía la curiosidad de ver como sería esta tan cacareada enésima renovación (o será mejor decir reivindicación) del musical clásico hollywoodense.


LA LA LAND, UNA HISTORIA DE AMOR (POR EL CINE CLÁSICO)

Para ser francos, y aún habiendo disfrutado muchísimo de la película, hay que reconocer que la historia de Mia y Seb es más bien simple y del todo arquetípica: Una historia más de chica-conoce-chico en el contexto de la ciudad de Los Angeles, meca de Hollywood, donde una joven actriz busca su sueño de trabajar en el cine y un músico underground de jazz sigue aferrándose a la ilusión de hacer renacer los viejos clubs de jazz de la ciudad que él ha idealizado. Sobre estas premisas, Damien Chazelle arma un filme portentoso a nivel visual, pretendidadmente nostálgico que bebe del musical clásico del Stanley Donen o Vincent Minnelli además de referenciar un buen puñado de films clásicos de la época de los grandes estudios. Y lo hace con maestría, precisión, pulso y clasicismo con un montaje en el que prima la sencillez en la coreografía antes que el abuso en la edición en la sala de montaje.

Ya en el arranque del film nos compone una escena musical multitudinaria con un plano-secuencia prodigioso para acabar presentándonos a nuestros protagonistas adentrándose en la ciudad en busca de sus sueños por una de esas arterias que conforman la kilométrica red de autopistas de la ciudad de Los Angeles. Los personajes encarnados por Ryan Gosling y Emma Stone no van a tener un flechazo a primera vista, pero el azar se empeñará en unirles hasta que reparen el uno con la otra para conocerse y enamorarse (y ayudarse a cumplir sus sueños). Dos seres rechazados por el sistema que, con el discurrir de un año, van a vivir todas las etapas por las que pasa una relación. Casi una vida.

Si maravillosa es la escena inicial, no menos lo son los números de "Someone in the crowd" (esos juegos con los pliegues de las faldas tan "West Side Story" de Mia); la escena del tercer encuentro fortuito de Mia y Sebastian buscando sus coches aparcados ante un Los Angeles crepuscular. Una concatenación de números musicales y escenas que culminará bajo de las estrellas en el planetario con un primer tercio del filme sublime, delicioso, rozando la perfección al combinar musical y comedia romántica (qué ganas de volver a ver el arranque del "Tú y yo" de Leo McCarey me están entrando) para vivir como Sebastian y Mia acaban enamorados.


Si hemos de ponerle algún pero a La La Land vendrá por la parte central donde se desarrolla el nudo argumental de la historia, que es donde curiosamente quedan de lado las escenas musicales. Aquí es donde la trama hace aguas y se muestra más frágil (recordando peligrosamente a Whiplash, donde salvo J.K. Simmons, todos los personajes eran de lo más plano), mostrando a unos personajes principales dibujados con poca profundidad que puede hacernos desconectar de la película. No obstante, la cámara de Chazelle llega a donde no llega su pluma y hace que la película no solo remonte en su parte final tras ese bajón, sino que alcance sus mejores cotas del metraje. El desenlace de la cinta viene de la mano de ese preciso pulso suyo con el número de la audición de Mia -muy Bob Fosse esa escena- y el maravilloso epílogo con guiños a los decorados de "Cantando bajo la lluvia" o "Un americano en París", que es puro cine y es desde ya historia del cine moderno al condensar en 6 minutos toda una vida. ¿A nadie más vino a la cabeza el arranque de "Up" al verlo?

Podemos decir sin equivocarnos que La La Land es desde ya un clásico del cine, ya que sabe pulsar las suficientes teclas que la han de hacer atemporal: Los recursos de ese niño prodigio que es Damien Chazelle en la dirección, los guiños a esa industria y ese cine clásico que está extinguido pero que sigue siendo la fuente de todos los sueños, un puñado de buenos números musicales (a pesar de la falta de swinger y gancho de las dos canciones principales que vertebran el film: "City of Stars" y "Mia & Sebastian's Theme") y la esplendorosa actuación de una Emma Stone que va a hacer de Mia un hito en su ya reconocida carrera artística. Sus ojos, su mirada son los que sujetan la película cuando esta flaquea y los que la elevan a las mayores cotas que el género ha alcanzado en las últimas décadas.

Nota: 8'5

2 comentarios:

  1. Todavía no la he visto pero en los tiempos gloriosos de los estudios, cuando precisamente brillaba el musical, ¿No se consideraban a los directores más artesanos que artistas? ¿Quiza Chazelle sea un artesano?

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    1. Sin duda es un autor, con lo bueno y con lo malo, y lo de artesano suena bien. Quizá si lo sea,

      Gracias por comentar.

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