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Por Álvaro Tejero

¿Calculado operación comercial de nostalgia o final digno para una serie que nunca tuvo el adecuado? Ambas cosas y ninguna, ya que Netflix parece tener decidido realizar nuevos episodios de Lorelai y Rory Gilmore tras los buenos resultados cosechados.

Las Chicas Gilmore tuvo la buena o mala suerte de nacer demasiado pronto, con la llegada de esta edad de oro televisiva que coincidió con el cambio de milenio. Se convirtió en una serie de culto, sí, pero sin tener la suerte de contar con una de las marcas de calidad detrás. No contaba con HBO ni pudo valerse del tirón de las redes sociales actuales. Por ejemplo, verla en nuestro país en aquellos momentos era una odisea con los cambios de emisión que sufrió por parte de La2. Problemas de la creadora con la productora resultaron en una última temporada sin su presencia. De ahí la expectación que siempre ha existido entre los fans de la serie por un regreso de las Gilmore en el formato que fuese.

Ha sido una muerte, junto a la resucitadora oficial Netflix, la que finalmente a facilitado la vuelta a la vida de Las Chicas Gilmore. El fallecimiento en la vida real del actor que interpretaba al inolvidable abuelo Richard Gilmore (Edward Herrmann) sirve como excusa-homenaje para revivir la vida del ficticio pueblo de Stars Hollow. Aunque siga siendo una presencia constante las mujeres Gilmore ahora están solas, han perdido su ancla. Emily Gilmore, en su viudedad, sufre su ausencia de manera más evidente y deja varios de los mejores momentos de este regreso; pero quien de verdad se encuentra absolutamente perdida en la vida es Rory, que terminará encontrando su camino acercándose a lo que siempre ha querido mantener alejado. Y es Lorelai la que ahora debe tomar definitivamente el liderazgo de la familia, la única que cuenta con un soporte masculino real (el hombre de la gorra, Luke), hacer de madre, hija y abuela en un círculo que se repite.

Este regreso en formato de cuatro capítulos de una hora y media cada uno que se asemejan con cada una de las estaciones del año permiten a su creadora disponer del tiempo necesario para construir su historia, sin prisas, con un mayor nivel de producción. Pero Las Chicas Gilmore sigue siendo una serie de Amy Sherman-Palladino con todo lo que ello conlleva. Con su universo propio, reconocible e inimitable. Lo tomas o lo dejas, no hay término medio. Como las series de Aaron Sorkin o el Bryan Fuller de Pushing Daisies. No se les puede reprochar falta de realismo o quejarse de la desbordante inteligencia cada vez que sus personajes abren la boca. Solo ellos son capaces de tal velocidad e ingenio en cada diálogo. En Las Chicas Gilmore sabemos que cada escena va a culminar en una interminable conversación que te deja sin aliento, que un saludo es el pistoletazo de salida para un continuo juego de replica y contrarréplica a cada cual más brillante, que es capaz de combinar chistes sobre Uber con referencias sobre Dickens, que tendremos números musicales (aparición estelar de Sutton Foster, protagonista de la anterior serie de Sherman-Palladino, la maravillosa Bunheads y para el que escribe su favorita de la creadora) y se bordeará o incluso caerá en el ridículo antes de cada momento deslumbrante. Y sabemos que al final nos ganará con su arrollador encanto arropándonos con sus entrañables personajes.

Las 4 Estaciones de las Chicas Gilmore
funciona tanto para fans acérrimos como para espectadores más casuales. Al principio podemos pensar que se está forzando un poco las apariciones de los personajes que esperamos para al final volvernos locos con la breve llegada de Melissa “Sookie” McCarthy. Y al llegar el final querremos que empiece un nuevo día en la vida de las Gilmore. Como si fuéramos los Bill Murray de Stars Hollow.

Nota: 9