Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

Por Fernando “Retrocabeza” Gil

Todo lo que tengo en mi salón cabría en un disco duro del tamaño de mi mano. Todos los discos, las películas, los videojuegos. Podemos conseguir el catálogo completo de una consola o la discografía de tal grupo en cuestión de minutos, y sin embargo seguimos atesorando los formatos físicos. Este no va a ser el típico artículo en defensa del vinilo o del cartucho. Entiendo la conveniencia de lo digital y del streaming. Acumular objetos es caro, polvoriento, y además un coñazo en las mudanzas. Lo importante es que una obra te llegue, sea en el formato que sea, físico o digital. La obra será la misma, pero la forma en que la experimentes puede cambiar mucho tu percepción. Y de eso os quiero hablar hoy, de experiencias.

Ya que esta es una web de cine, empecemos por ahí. Los amantes de los clásicos nos tenemos que adaptar a los formatos disponibles. Piensa en tu película favorita. A lo mejor la viste por primera vez en televisión, o la alquilaste en el videoclub. La compraste cuando salió en DVD, y quizás te guste tanto que la tengas en LaserDisc aunque no puedas reproducirlo. La puedes ver en el ordenador o en la tablet, tirada en el sofá, si está en Netflix, y si no ya sabes tú dónde buscar, ya… Pero todas esas experiencias no son sino simulaciones de la experiencia que es ir al cine, que es para lo que están hechas las películas. Con suerte podremos ver nuestra peli favorita en la gran pantalla en algún festival, o en una de esas reposiciones que hacen de vez en cuando algunas salas.  En la mayoría de los casos nos tendremos que conformar con nuestra emulación favorita.

Por suerte, en la música o los videojuegos esa experiencia original está al alcance de todos. Es mucho más asequible tener un tocadiscos o una videoconsola en casa que una sala de cine y, como decía antes, hay formatos para todos los gustos. Casi todos los discos que tengo en vinilo los he escuchado antes en mp3. Los compro en vinilo porque me ofrecen una experiencia diferente, aunque la música sea la misma, porque hay algo mágico en una estantería bien ordenada con su colorido, sus diseños, sus tesoros escondidos. En el ordenador todas las carpetas son iguales, y enseguida nos cansamos y cambiamos de disco. No prestamos atención. Nos saturamos.

He descubierto cientos de videojuegos retro gracias a los emuladores, pero nada es comparable a la experiencia de jugar en el hardware original, en una tele de tubo, una Game Boy de verdad. Si estás leyendo esto sabes que la experiencia importa. Te gusta soplar cartuchos, oler los libros, limpiar el polvo de los discos y sentarte en una sala de cine dispuesto para el asombro. Sabemos que en internet no está todo. Por eso guardamos viejos fanzines y cintas de vídeo, porque todas las obras merecen ser preservadas, porque forman parte de nosotros mismos y apreciamos el amor con el que están hechas.  Y además es divertido.

@RetroCabeza
youtube.com/c/Retrocabeza