lunes, 20 de marzo de 2017

Crítica: Paterson

Por Paco Latorre


Hay entre mis amigos y contactos de Facebook -que no son lo mismo en ocasiones- una retranca con el hecho de que todas las mañanas anuncie que estoy en un bar. La razón es que al no tener internet en casa necesito usar su wifi para trabajar y es condición necesaria registrar la visita para ello (aparte de que el sitio me encante y me traten como a un buen gallo). De ahí me voy a seguir trabajando esta vez con contacto humano, vuelvo a casa, como, hago una pequeña siesta, me voy a trabajar de nuevo y luego dejo la parte de improvisación y sorpresa a la rutina estructural -que no emocional- de tomarme con quien pueda unas cervezas. Luego llega la noche y ahí sopla el viento en las copas de los árboles.

No es secreto para mis allegados -o sí, porque pocas veces me preguntan por estas cosas- que Jim Jarmusch es uno de mis héroes. Sólo hay dos películas suyas que no me han gustado -Flores rotas, Coffee and cigarettes- y le perdono los ramalazos hipsters -de nuevo Coffe and cigarettes, Sólo los amantes sobreviven- y hasta que salgan Óscar Jaenada y Gael García Bernal en una de sus películas.

Creo que poca gente tiene un gusto tan grande para elegir actores, escenarios, historias y desintoxicar del retruécano que muchas veces el cine conlleva. No voy a llamar a Jarmusch humanista, porque eso me recuerda a Ken Loach y a yo las pelis de ese señor ni con un palo que para algo soy trabajador social y cuando  voy al cine quiero cine y no realidad. Me he pasado media vida soñando y fantaseando gracias a las películas y a Jarmusch le debo unos cuantos paseos, aunque su cine sea tan material apriorístico poco dado a la ensoñación por su sencillez. Pero jamás concederé que sus películas no son alimento para ello. He querido ser pelis de Jim Jarmusch y vivir en ellas, y va y resulta que con Paterson hace una película para ser yo. Porque me da la gana,  vaya por delante.


Paterson son siete días en la rutina de Paterson, un conductor de autobús que hace más o menos todos los días lo mismo en maravillosos rituales cotidianos. Mientras escribe poemas inspirado en las cosas más mundanas. Paterson son siete días en la ciudad de Paterson que también se llama Paterson. Un dualismo quizás no sutil pero sí encantador que contradice a los que dicen que el cine de Jarmusch no se sueña. Parece que no pase nada, pero sí que pasa, porque Paterson quiere que pase. Lo mismo que quiero yo y tantos otros a los que no les gusta viajar, que reducen el mundo a llevarse bien con su inalterable realidad pero sin renunciar a interpretarlo y embellecerlo. Es una película hecha para los que no necesitamos irnos a la otra parte del mundo para buscar váyase usted a saber qué en nombre de sacarle jugo a la vida porque hay demasiadas cosas que observar en el doble filo del aburrimiento cotidiano. Para fans del dualismo que saben conjurarlo para que sea una sola cosa.  La mejor película de 2016 de lejos.

Nota: 9

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