martes, 9 de mayo de 2017

Critiquilla: Lady Macbeth


Por Isaac Moreira

Lady Macbeth se desmarca del cine al uso. Primero por su protagonista, una mujer de mediados del siglo XIX que se niega a ser un mero mueble decorativo para uso y disfrute de un marido impuesto. Ante todo Katherine tiene un imponente instinto de supervivencia mental y emocional que reacciona en contra de su situación. El segundo mérito del film es la estética y el ritmo. William Oldroyd maneja con maestría los silencios para mostrar la tediosa rutina. Pone especial cuidado en la estética, la composición de los planos, la fotografía…  sin llegar a caer en un ejercicio de estilo desenfrenado y vacuo. Toda imagen está al servicio de la narración. El tercer mérito es la visión objetiva de la historia. Oldroyd no recurre a la música como catalizador de emociones. No ensalza la valentía o coraje de Katherine. Tampoco su desesperación por una salida a su situación o la dureza, incluso crueldad, de sus actos para ello. Simplemente nos cuenta una historia sin tomar partido y deja libertada para que cada cual vea en Katherine a una heroína o una psicópata.
Lady Macbeth  se mueve en espacios compartidos por Cumbres Borrascosas, Jane Eyre, Las diabólicas o Stoker. Recomendable verla en pantalla grande y en versión original.

Nota: 7,75


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