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Por Paco Latorre

Supongo que por no ver tanto cine (y menos de género) en los últimos años mi capacidad de sorpresa y hasta cierta fe militante no es la misma que hace un tiempo donde uno era más hambriento y entusiasta. Así se explicaría que la mejor película de terror de serie b que haya visto últimamente sea un videojuego: Until Dawn. Y es que Until Dawn en realidad es más película que videojuego en cuanto deja al jugador un papel mucho menos dinámico e inmersivo que en los videojuegos más convencionales:  el jugador se limita a elegir entre dos opciones para hacer avanzar la historia desde una óptica u otra, jugando con el efecto mariposa (cada elección cambia la narración) y dejando poco pábulo a la acción machacabotones de toda la vida.

No es Until dawn tampoco una aventura gráfica al estilo de la llorada Lucasarts . El videojuego sabe cuál es su naturaleza y de hecho el haber elegido actores profesionales (reconocibles Hayden Panettiere y Peter Stormare) le sitúa cerca de -los para mí aburridísimos- Beyond: two souls y Heavy Rain. ¿La diferencia? En que Until Dawn acaba siendo mucho más dinámico  y divertido y sabe muy bien a quien va dirigido porque tenemos a alguien como Larry Fessenden tras la historia.

Fessenden ,que es perro viejo, regala al fan fatal del slasher ochentero una maravilla para que juegue, se divierta y viva la película. Pero las sorpresas no tardan en llegar más conociendo su trabajo anterior como director en giros de guión tan efectistas como entrañables, maná para todos los que hemos crecido con una forma de hacer cine de género a cara perro y sin vergüenza. Un producto hecho por y para los amigos del club, imposible de no disfrutar y que pese a la esterilidad de esa polémica de si de videojuego tiene poco o mucho desde luego como artefacto de género terrorífico es un homenaje colectivo. Juéguenlo, leñe.