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Por Isaac Moreira

Nacho Vigalondo es uno de esos cineastas que se atreve con la ciencia ficción y con una comedia extravagante e inteligente. Que se arriesga a contar otro tipo de historias e, incluso, experimentar con la forma narrativa. Tan solo por eso ya se ha ganado un lugar en mi corazón. También es cierto que sus largometrajes, aunque parten de una idea o concepto más que interesante y suelen ser, entretenidos como mínimo, no terminan de ser redondos. Puede ser que Vigalondo, a la hora de tener que estirar la premisa inicial durante 90 minutos, se vea obligado a meter “relleno”, perdiendo parte de frescura o impacto en el espectador.  Una vez escuché a un cineasta (no recuerdo quién, disculpen mi nefasta memoria) que: “en un largometraje se gana al público por puntos, mientras que en un corto se los gana por K.O.” Vigalondo sería un ejemplo muy claro de esta cita. Sus largos tienden a ser irregulares pero sus cortometrajes son como un directo en toda la cara que te deja tambaleando del golpe. En ellos le gusta jugar con los conceptos del espacio-tiempo y el multiverso. Juega con la relatividad según los puntos  de vista y, a parte, goza de de un irreverente e inteligente sentido del humor.

A continuación hecemos un breve recorrido a la faceta como cortometrajista de Nacho Vigalondo

 

UNA LECCIÓN DE CINE (Nacho Vigalondo, España, 1999)

Su primer corto no podía ser más simple: una vaca, una terrorífica batbola (seguramente comprada en el chino de la esquina) y él mismo leyendo las instrucciones de uso de la batbola. Con algo tan estúpido y gracias a su cinefagia extrema,  su capacidad de análisis y unas buenas dotes de comunicador (sus charlas, entrevistas o ponencias suelen ser divertidas y esclarecedoras) Vigalondo nos da una lección de cine que ya estaría bien que se la aplicaran muchos  directores de cortos o de largometrajes.


CÓDIGO 7 (Nacho Vigalondo, España, 2002)

Un pequeño experimento en el que Vigalondo usa una misma escena en bucle de una persona haciéndose el desayuno pero con una voz en off que narra una historia de batallas intergalácticas y realidades virtuales dando continuidad a la repetición  de la escena.

Es una obra menor poco más que pasable como corto en si, pero en el que ya se muestran cuales son las inquietudes de Vigalondo.


7:35 DE LA MAÑANA (Nacho Vigalondo, España, 2003)

Una chica llega a su cafetería habitual para desayunar antes de irse al trabajo. Se percata de que hay algo raro en el ambiente: la gente nerviosa y callada, todos los teléfonos arrinconados en el suelo y dos personas con una guitarra y un tecladito. De repente un tipo se pone a cantar… ¿qué diablos está pasando aquí? Pues la declaración de amor más enajenada y absurda de la historia, en donde todo el bar se ve forzado a colaborar.  Vigalondo escribe, dirige, canta y baila en esta visión inquietante y ridícula de lo que sería un musical llevado a la vida real por un maníaco.

Inexplicablemente este corto fue nominado al Oscar. Según el propio Vigalondo porque estaba rodado en blanco y negro y el jurado no se molestó en ver de qué trataba en realidad. No estoy de acuerdo. 7:35 esconde mucho más que una simple comedieta. El humor es hilarante, la canción pegadiza, la falta de talento al cantar y bailar de los clientes del bar la hace más desternillante y aporta un punto entrañable al corto. A la vez tiene un ritmo perfecto. Y el final, si se sabe mirar más allá de lo absurdo, es muy emotivo y triste, llegando a compartir esa extraña mezcla entre comedia y drama de genios como Billy Wilder.


CHOQUE (Nacho Vigalondo, España, 2005)

Segundo corto en celuloide de Vigalondo. Comedia pura y dura en el que un tío, interpretado por el propio Vigalondo, intenta defender el honor de su novia ante una panda de chavales adolescentes en los autos de choque. Por supuesto le vemos caer en el más estrepitoso ridículo durante su hazaña.

Choque sería como extrapolar un desafío automovilístico de un film de los 50, estilo Rebelde sin causa, al absurdo de los autos de choque


DOMINGO (Nacho Vigalondo, España, 2005)

Una pareja está de picnic en el campo cuando se encuentran un ovni parado en el cielo. Por supuesto, tal acontecimiento debe ser grabado en video. El problema surge cuando ella pregunta qué cintas de video son las que se están usando. Un simple plano fijo desde la videocámara grabando al ovni y las voces de la pareja discutiendo fuera de plano es todo lo que necesita Vigalondo para un corto divertidísimo. Otro ejemplo perfecto de que con un buen planteamiento y un buen guión se pueden hacer grandes cortos con muy poco.


CHÁCHARA (Nacho Vigalondo, España, 2007)

Cuando la virtud de la persistencia se convierte en la pesadilla de otra persona mostrado a través de un señor que vuelve cada cinco años a reencontrarse con una chica con la que coincidió de niño en un verano. Frustrado tras tantos años de volver para nada decide forzar un poco el encuentro. Así es como Vigalondo convierte un acto supuestamente romántico en algo parecido a un acoso bizarro por un ser entrañable.


CAMBIAR EL MUNDO (Nacho Vigalondo, España, 2007)

Pequeño corto protagonizado por Carlos Areces en el que Vigalondo juega con la teoría de que por cada acción que tomamos, nace otra línea de tiempo en la que optamos por otra acción diferente. Areces se da cuenta de que puede hablar con sus otros yos de esas otras continuidades. El problema es que por cada cosa que hace sus yos se multiplican. ¿Cómo poner fin a esta creación constante de universos paralelos? Y es más ¿Cómo aprovecharse de una habilidad tan extraordinaria? Recordemos siempre que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

MARISA (Nacho Vigalondo, España, 2009)

Marisa es un corto donde brilla, por encima de todo, el la idea inicial y la forma sin olvidar el lado humano. Un hombre nos narra el extraño problema de su mujer: ella cambia física y mentalmente según su posición en el espacio. También cuenta sus intentos por volver a encontrar a su Marisa original mientras, con el tiempo, se agrava el problema. Este corto de apenas 4 minutos es como un collage de alrededor de 120 actrices en diferentes medios (video, foto…) y localizaciones que tienen como hilo conductor la narración de una historia triste y nostálgica.

TRES RELATOS DE CIENCIA FICCIÓN (Nacho Vigalondo, España, 2010)

En estos tres relatos de  un minuto cada uno Vigalondo nos da una lección de creatividad desbordante. Tres inquietantes historias de  universos paralelos, la fragilidad y maleabilidad de la realidad y la relatividad del tiempo. Tres historias tan solo apoyadas por unas vistas de google earth, unas pocas fotos de internet y un paseo por diferentes cuentas de facebook o twitter en la pantalla de un ordenador.  En mi opinión nadie ha realizado, hasta la fecha, un corto tan imaginativo con tan pocos medios.

THE 3:07 AM PROJECT (Nacho Vigalondo, USA, 2013)

Invitaron a Vigalondo, junto a otros tres directores,  a participar en un evento promocional de Expediente Warren:  the Conjuring. La cuestión era realizar un corto en el que las 3:07 de la mañana fuera el elemento común de todas las historias. El conjunto es una mera curiosidad y el corto de Vigalondo destaca un poquito por encima sobre los de sus compañeros aunque tampoco es que sea notable en su filmografía.

CARLOTA (Nacho Vigalondo, España, 2013)

Con Carlota se cierra lo que podríamos llamar La triología del stalker (acosador o persona que ronda acechante, figura muy común también en sus largometrajes) de Vigalondo en la que englobaríamos 7:35 de la mañana y Cháchara.

En Carlota vemos a un hombre que ha encontrado a esa chica especial, esa persona de la que te podrías enamorar totalmente, y ha preparado algo muy especial para celebrarlo juntos cuando eso suceda. Algo que puede asustar a cualquiera que se encuentre con tal declaración y parafernalia. Sin llegar a ser tan bueno como 7:35 de la mañana, Carlota comparte esa contraposición de una gran carga de tristeza interior envuelta en una buena dosis de comedia absurda.